Crónica Donosti 2016: "Toni Erdmann" abrazos rotos

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Donosti 2016: "Toni Erdmann" abrazos rotos

Probablemente suponga el más sincero, conmovedor y revelador estudio sobre las relaciones paterno-filiales que un servidor ha disfrutado desde tiempos de Ozu. Una firme candidata a llevarse a la Palma de Oro, una presencia segura en el palmarés final. "Toni Erdmann" es una obra absolutamente redonda y reveladora en cuyo corazón late un minucioso estudio sobre las relaciones íntimas y familiares que resulta ser de incalculable valor humano. Una hilarante comedia en su superficie, tan inteligente como imprevisible, cuyo trasfondo soterra sin embargo, un drama que se siente tan sensible y enternecedor como profundo y doloroso. Será una de las Perlas que más brille en San Sebastián. No lo duden.

¿De qué va?

"Toni Erdmann" reflexiona sobre el distanciamiento entre los miembros familiares, utilizando para ello un relato sobre un padre y sus peculiares esfuerzos por volver a conectar con su hija, ya adulta.

¿Quién está detrás?

"Entre Nosotros" fue una de las grandes sensaciones del año 2010 entre la crítica siendo seleccionada novena mejor película del año por la revista Film Comment, quinta por The Village Voice y quinta en Indiewire. Una película intima, sensible, pero también tremendamente dura y real sobre el amor y sus problemas. Pues bien, su responsable Maren Ade demuestra atesorar, una vez más, una asombrosa inteligencia emocional a la hora de tratar la incomunicación, penetrando en las relaciones familiares en este caso. Hablamos de una pieza clave del último movimiento alemán, el llamado "Berlín School", quien tiene su propia productora con Janine Jackowski en el que tratan de dar protagonismo a realizadoras en un mundo dominado por hombre, por más que también destaque por ser la directora de Miguel Gomes.

¿Quién sale?

Me quedaría corto si afirmara que tanto Peter Simonischek (desde la bufonería) como Sandra Hüllercom (desde la contención dramática) presentan las necesarias credenciales para hacerse con el premio a las mejores interpretaciones, que desde luego lo hacen, con unas caracterizaciones rebosante de múltiples capas y sutiles matices. Y si digo que me quedo corto es porque sin quitarles mérito alguno, de lo que ante todo se benefician es de la sublime construcción, tremendamente profunda y compleja, con la que les obsequia la directora Meren Ade. El reconocimiento a los Mejores Actores resultaría una decepción, más que nada porque "Toni Erdmann" merece un premio mucho mayor. Su grandeza viene de base.



¿Qué es?

El más sincero, conmovedor y sensible estudio sobre las relaciones familiares que un servidor ha disfrutado desde tiempos de Ozu. También el principal rival a batir por "Julieta" en la carrera por el Oscar.

¿Qué ofrece?

Al igual que ya hiciera desde el enfoque íntimo y de pareja en la cruda y desgarradora "Entre Nosotros", Maren Ade demuestra atesorar, una vez más, una asombrosa inteligencia emocional a la hora de tratar la incomunicación en las relaciones familiares, en este caso. Vínculos resquebrajados que en esta inhumana sociedad globalizada se ven inevitablemente sometidos al perro come perro que actualmente impera en el mundo laboral. El trabajo convertido en familia, la familia convertida en trabajo y el tiempo y su provecho, como ese Santo Gríal con el que nunca llegamos a dar. Un síntoma lamentablemente común ante el cual, la directora alemana nos revela su inesperado antídoto. Y este podría no ser otro que la difuminación de roles, abriendo la puerta a la posibilidad de su regeneración mediante la ruptura de los ambages que condicionan las relaciones paterno-filiales. A mal tiempo, buena cara, es lo que piensa y se aplica el descarado Toni Erdmann a la hora de luchar por recuperar un cariño y amor que parece haber sido evaporado pese a que en realidad siempre ha estado presente, por más que no se haya mostrado. A medida que su narrativa evoluciona de forma precisa, las despedidas rutinarias dan paso a los hilarantes encontronazos, los silencios incómodos a la sonrisa cómplice, la opresión existencial a la deshinibición social. Una puerta abierta a la rehabilitación emocional que nace desde la abrupta confrontación, desde la gestación de situaciones brillantemente imprevisibles y absolutamente memorables que sin embargo, no resultan nada forzadas merced de un preciso trabajo de guión que resulta estar espléndidamente planificado, maravillosamente cohesionado. Lo que nos lleva a una propuesta magistral a todos los niveles. Empezando desde la exploración psicológica y penetrando en lo más profundo del corazón. La irracionalidad definitivamente vence a lo racional. No nos queda otra.




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