Crónica Donosti 2016: "Que Dios nos perdone" a la caza

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Donosti 2016: "Que Dios nos perdone" a la caza

Solo por ser la nueva película del director debutante de la demoledora y sorprendente "Stockholm" merecía nuestra más profunda atención, por más que en este caso Rodrigo Sorogoyen cambie por completo de registro y abandone la íntimidad por la que se regía su elocuente ópera prima para atreverse con un thriller criminal de palabras mayores protagonizada por dos actores de excepción: Antonio de la Torre y Roberto Álamo. Su segunda película supone la confirmación definitiva de que estamos ante un año memorable en lo que al cine de género español se refiere."Tarde para la ira", "El hombre de las mil caras" y ahora, "Que Dios nos perdone". Celebrémoslo.

¿De qué va?

"Que Dios nos perdone" nos devolverá al verano de 2011, cuando la crisis económica, el movimiento 15-M y millón y medio de peregrinos que esperan la llegada del Papa conviven en un Madrid más caluroso, violento y caótico que nunca. En este contexto, dos inspectores de policía deberán encontrar a lo que parece ser un asesino en serie que se dedica a violar y matar salvajemente indefensas ancianas.

¿Quién está detrás?

El director de "Stockholm" se adentra en el cine de género y una gran producción firmada por Tornasol Films

¿Quién sale?

Un tartamudo y retraído Antonio de la Torre y un visceral, embrutecido y desbocado Roberto Álamo. Dos policías con personalidades (no tan) opuestas que directamente nos evocan algunos de los tándems policiacos más memorables del séptimo arte en los últimos años. Desde "Training Day" a "Seven".



¿Qué es?

Un vástago español de "Seven" y "Memories of Murder".

¿Qué ofrece?

La confirmación definitiva de que estamos ante un año memorable en lo que al cine de género español se refiere."Tarde para la ira", "El hombre de las mil caras" y ahora, "Que Dios nos perdone", certifican la buena salud del thriller nacional a día de hoy. Todas ellas siguen con firmeza y personalidad propia el camino marcado por "La Isla Mínima" dos años atrás. Ha sido el caso del debut directorial de Raúl Arévalo, también de la segunda película de Rodrigo Sorogoyen. Una propuesta ambiciosa a todos los niveles que más allá de jugar la liga de los "Memories of Murder" o incluso "Seven", su enfoque no se ciñe únicamente a su despiadada y retorcida trama criminal, sino que también dedica su tiempo y espacio para penetrar en la vida íntima de cada uno de sus personajes. Dos policías aparentemente dispares unidos por la incapacidad que ambos tienen para socializar, para amar y en definitiva ser amados. Cada uno con sus traumas y obsesiones, Sorogoyen los envuelve de un Madrid más caluroso, violento y caótico que nunca, azotado por el 15-M, así como por la visita del Papá. Es decir, una olla presión que como bien se presume, acaba por estallar en todos sus frentes, que son múltiples. Un contexto tan sugestivo como inclemente que el director de "Stockholm" abraza desde ese empleo crudo y naturalista del digital con el que ya plasmó su reveladora ópera prima. Decisión tan arriesgada como coherente respecto a la descarnada acción que su elaborado guión construye, brindándonos así mismo recursos insólitos en lo que a movimientos de cámara se refiere. Virtudes constantes y omnipresentes, tanto desde su gestación argumental como del humanismo que desprenden sus personajes que hacen de "Que Dios nos perdone" una película tan intensa como chocante. Una obra excepcional que crece constantemente hasta encumbrar su catártico final. Alta tensión en todos los frentes. Prepárense.





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