Crónica Donosti 2016: "Playground" niños malos

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Donosti 2016: "Playground" niños malos

¿Que es un festival sin la película del festival? Todo certamen cinematográfico debe tener una obra protagonista. No tiene porque ser la mejor, ni mucho menos, la peor. Su función es, para bien o para mal, la de desestabilizar, incomodar o sorprender al espectador, dividir y enfrentar a la crítica, provocar espantadas múltiples en la sala y crear varios y diversos focos de discusión tras su pase. Fue el caso en su día de "Funny Games", también de "Irreversible". Pues bien, este año es turno de "Playground". A jugar (o visto lo visto, mejor no).

¿De qué va?

Una pequeña ciudad en Polonia. Un día aparentemente normal en la vida de tres estudiantes de la escuela primaria que sin embargo, termina en impactantes y terroríficos acontecimientos.

¿Quién está detrás?

Tras realizar estudios de cine en París y Los Ángeles, el polaco Bartosz M. Kowalski (Gdynia, 1984) regresó a su país natal, donde comenzó a colaborar con HBO, dirigiendo dos documentales, "A Dream in the Making" y "Unstoppables", los cuales le han traído el reconocimiento de la crítica y festivales, tanto por su magistral narración como por su sensibilidad sobre las cuestiones sociales. "Playground" es su primer largometraje de ficción y nos revela un director novel que empieza pisando fuerte y se postula como alumno aventajado de Ruben Östlund y Michael Haneke.

¿Quién sale?

Los jóvenes y no profesionales Michalina Swistun, Nicolas Przygoda, Przemek Balinski. Niños de armas tomar en todos sus frentes.


¿Qué es?

El Michael Haneke de "Funny Games" + el Ruben Östlund de "Play" con ecos del Nuevo Cine Griego. También podríamos definirla como el antes que nunca llegamos a ver de "The Here After" que, a pesar de utilizar un estilo totalmente opuesto, su reflexión final directamente nos lleva al "Nocturama" de Bertrand Bonello. Y es que más allá de plantear una pregunta obvia -¿qué se esconde tras los crímenes cometidos por niños?- "Playground" cuestiona si somos realmente capaces de encontrar una respuesta. Y ahí lo deja.

¿Qué ofrece?

Una película sobre el horror de lo cotidiano, que debido a su realismo, a su insistencia en sacarnos de nuestra zona de confort, de enseñarnos y mostrarnos la brutalidad de la violencia entre niños y adolescentes por la que actualmente se rige la vida escolar en la Europa de hoy, está destinada a ser aborrecida por unos, tanto como reivindicada por otros, que es nuestro caso. Y lo hacemos porque el director debutante Bartosz M. Kowalski ha tomado el loable riesgo e incontestable valor de utilizar el cine como herramienta, como arma de toma de conciencia hacia un público con el que no presenta ninguna concesión. Tampoco debería, ya que seria caer en la incongruencia más absoluta respecto a la frontalidad del crudo tratamiento que plantea, de los hechos reales que recupera y que desde un enfoque tan incomodo y directo como transparente, honesto y definitivamente necesario, nos muestra. Dicho de otra forma, "Playground" es una película que atenta directamente contra el espectador, que hiere su sensibilidad porque es lo que toca. Por más que nos incomode y no nos guste, quizás debemos verlo para que de una vez por todas busquemos respuesta y reflexionemos sobre cuestiones tan básicas como preocupantes que nos azotan a día de hoy y a las que sin embargo, evitamos enfrentarnos: ¿cómo un niño puede no tener empatía? ¿cómo alguien tan vulnerable puede ser simplemente malvado? Preguntas abiertas que "Playground" plantea sin inducir en ningún momento a su posible respuesta, dejando de lado el contexto y rigiéndose únicamente por sus actos. Y es que estamos ante una ópera prima meramente expositiva. Queda en nuestra mano buscar el origen de las atroces actitudes infantiles que Kowalski acertadamente escenifica, dejando el espacio necesario a la reflexión y marcando asimismo una obligada distancia desde un calculado empleo de la cámara.

Tras padecer "Playground", y lo digo en el mejor de los sentidos, uno comprueba que el aburrimiento y hastío que da paso a la deshumanización en los niños cuando no hay un estimulo diario con el que motivarse, hiela la sangre. También que el sin sentido, el rumbo arrebatado a una juventud que no tiene suficiente con desahogar su futuro frustrado en los videojuegos es, entre otros factores, lo que les puede llevar al inconsciente empleo de la más descarnada violencia. O que las redes sociales son en estos momentos el enemigo público número uno de estos niños, así como que el desentendimiento y pasividad con el que los adultos responden a este conflicto es uno de los principales culpables. Y es aquí cuando "Playground" directamente señala al espectador. Nos guste, o no. Las espantadas masivas acontecidas hoy en el pase público del Kursaal nos dan la razón. Si no hubiera sido así, es porque algo fallaría. No es el caso. Hablamos de niños malos, sí, pero retratados desde el realismo más devastador y agresivo. Aquí no tenemos un tratamiento de género fantástico en el que escudarnos. Tampoco hay lugar a un posible aplauso con el que desinhibirnos. Lo que "Playground" ofrece es más bien un puñetazo directamente al estómago. Y es que ya se sabe, no todos estamos preparados para soportarlo cuando sabemos que es real como la vida misma, que son los peligros auténticos que el alienado mundo infantil muestra hoy día. Difícilmente le veremos luciendo galones en el palmarés final, aunque merecido lo tendría. Aun y así, es una gran noticia que un festival como el de San Sebastián le otorgue el merecido trato y protagonismo que una propuesta de este calibre merece y necesita. Chapó.




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