Crónica Donosti 2016: "Fuego en el Mar (Fuocoammare)" entre dos aguas

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Donosti 2016: "Fuego en el Mar (Fuocoammare)" entre dos aguas

Tras llevarse el León de Oro con su anterior "Sacro Gra", Gianfranco Rosi se hizo con el Oso de Oro en la pasada Berlinale. Recibida con gran entusiasmo por la mayoría de la crítica desplazada en Berlín, la perla "Fuocoammare" llega a San Sebastián para calar hondo entre el público.

¿De qué va?

La isla de Lampedusa es el punto más meridional de Italia y desde 1990 se ha convertido en un lugar masivo de desembarco de inmigrantes ilegales procedentes de tierras africanas. En poco más de 20 años, más de 20.000 personas se han ahogado durante la travesía para alcanzar lo que para muchos supone una vía de entrada a Europa que les debería permitir escapar de la guerra y el hambre. Y en medio de todo este drama aparece Samuel, un pequeño isleño de 12 años que va a la escuela y le gusta tirar con la honda e ir de caza. También los juegos de tierra, pese a que todo a su alrededor habla del mar y de los hombres, mujeres y niños que intentan cruzarlo para llegar allí.

¿Quién está detrás?

Para realizar "Fuocoammare", Gianfranco Rosi, cuya anterior "Sacro Gra" le llevo directo al León de Oro en Venecia 2014, se trasladó a Lampedusa y pasó más de un año en la isla para "entender qué significa vivir en el confín más simbólico de Europa". El León de Oro da paso al Oso de Oro.

¿Quién sale?


Además de cientos de inmigrantes, el protagonismo de "Fuocoammare" es cosa de Samuele, un niño con una gracia especial, de arrebatadora presencia ante cámara, que junto con sus vecinos es testigo de la gran tragedia humana que asola nuestra Europa. Tanto es así que bien podría suponerle el Premio al Mejor Actor. Por más que hablemos de un documental, el suyo, todo hay que decirlo, es un papelón.



¿Qué es?

Un punto y seguido a la excepcional "Lampedusa in Winter". Estrenada en la semana de la Crítica de Locarno 2014, el documental del austríaco Jakob Brossmann se transforma en un testimonio raro y sincero de una realidad reservada: la de quienes viven en carne propia no sólo la incompetencia de su país, sino de toda Europa. En el caso de "Fuocoammare" sin embargo, no va más allá de la mirada de Samuele.


¿Qué ofrece?

"Fuocoammare" nos traslada a Lampedusa, una remota isla abandonada a su destino, en permanente lucha por la supervivencia, mientras la inmigración ilegal llega de forma incesante a través de las carrettas del mare (así llaman a las 'pateras' en Italia). Hablamos de miles de africanos que se juegan la vida en busca de alcanzar una existencia digna en nuestra idealizada Europa. Un funesto panorama que Gianfranco Rosi opta por enfocar confrontando las vivencias del joven y carismático Samuele con el drama que asola a los miles de inmigrantes que se la juegan a vida o muerte. Mientras unos llegan y otros cientos de miles mueren en el intento, vemos como este simpático y saleroso niño es tratado por el oculista de un ojo vago, también por su médico de un estado de ansiedad que le provoca taquicardia en el corazón. Es decir, se va preparando para afrontar el drama humano que se le vendrá encima en cuanto alcance la consciencia que supone entrar en una edad más adulta. Sugerente metáfora, funcional y reveladora hasta cierto punto, ya que con ella se corre el peligro de simplificar en exceso la devastadora situación que "Fuocoammare" afronta. El hecho de que a la carcajada generalizada del público provocada por una escena con Samuele le siga un demoledor plano repleto de cadáveres, da que pensar. ¿Es lo que toca? En fin, debate ético y moral aparte, cabe reconocer el valor de "Fuocoammare" a nivel cinemático, cuya sólida factura formal y encomiable trabajo de campo queda indiscutiblemente constatado. Razones de peso que probablemente se traduzcan en reconocimiento y premio.






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