Crónica Donosti 2015: "Un día perfecto para volar" cuéntame un cuento

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Donosti 2015: "Un día perfecto para volar" cuéntame un cuento

Una cometa, un niño, su padre, la montaña y un cuento sobre un gigante por contar. Con esta premisa aparentemente tan básica, lo nuevo e inesperado de Marc Recha, uno de nuestros predilectos autores españoles, poco apreciado por el box-office de nuestro país, muy admirado más allá de nuestras fronteras, no solo se revela como la mejor película española que hemos disfrutado en San Sebastián, sino que "Un día perfecto para volar" directamente se cuela de cabeza entre las favoritas a llevarse la Concha de Oro.

¿De qué va?

En un paraje solitario cerca de la costa, un niño hace volar la cometa que le ha construido su padre. Sopla el viento y la cometa se enreda entre la vegetación. El niño necesita la ayuda del adulto para seguir haciendo volar la cometa. Juntos, perdidos en medio de la naturaleza, empezarán la narración de un cuento de miles de episodios. Una historia protagonizada por un gigante que siempre tiene hambre, al que pondrá voz el padre, y con el que el pequeño entablará una larga conversación.

¿Quién está detrás?

Marc Recha ha dado pie a una de las obras más auténticas, personales y definitivamente insobornables del cine de autor nacional contemporáneo. Si con "Pau y su hermano" encandiló en la Sección Oficial del Festival de Cannes, con "Las manos vacías" resultó profeta en su tierra, sus "Días de Agosto" lucieron en el Festival de Locarno, "El árbol de las cerezas" le llevó al Premio FIPRESCI (también en Locarno) y finalmente, con "Petit Indi" logró conjugar el tan ansiado éxito de público y crítica, "Un día perfecto para volar" se cuela directamente entre las favoritas a la Concha de Oro. 

¿Quién sale?

Sergi López en el mejor papel que un servidor le recuerda en los últimos años, perfectamente retratado en primeros planos por la cámara de Marc Recha. Sin embargo, la palma se la lleva el propio hijo del director, Roc Recha. Uno no sabe si simplemente es él o actúa, porque la naturalidad y veracidad que transmite en su caracterización abruma. Que nadie se extrañe si se lleva el premio al Mejor Actor. Y para acabar, su padre y autor Marc Recha, quien en este caso también aparece ante cámara. Y es que, en "Un día para volar" todo surge desde adentro.

¿Qué es?

Nuestra favorita para la Concha de Oro.

¿Qué ofrece?

Además de ser la mejor película española que hemos disfrutado en San Sebastián, "Un día perfecto para volar" se cuela de cabeza entre nuestras favoritas a llevarse la Concha de Oro. Con su enigmática y emocionante nueva película, lo que Marc Recha nos ofrece a través de una mirada que rebosa frescura, espontaneidad y ante todo, el más sensorial naturalismo y la más arrebatadora naturalidad, es una insólita inmersión en el proceso de aprendizaje de un niño, de como éste afronta la ausencia de un ser querido o de quien simplemente, le ha podido llegar a rodear y por quien se ha sentido acompañado. Y todo ello visto desde la mirada de alguien en constante proceso de descubrimiento, de un alma que ve y siente magia tanto como fantasía, de todo aquel posible pequeño detalle que le ofrece el entorno natural del que se envuelve. Una mirada infantil que sin embargo, acaba por reflejarse en la adulta, enfrentando, o más bien complementando, dos prismas muy distintos desde los que ver y sentir la vida o mejor dicho, la desaparición de ella. Desde un enfoque tremendamente personal, expresado a través de un sutil lirismo y articulado sobre una embriagadora sensibilidad, "Un día perfecto para volar" destaca además por la lección de cine y vida que yace en ella. Una cometa, un niño, su padre, la montaña y un cuento sobre un gigante por contar. Es la simple base (para la que no se necesita un gran equipo y menos aún, ingentes cantidades de dinero), la forma más accesible posible desde la que Marc Recha ha sido capaz de enarbolar la reflexión más conmovedora, sincera, emotiva y humana de cuantas nos ha brindado la presente edición del Festival de San Sebastián, logrando además, plasmarla sobre encuadres que aparte de bellos, se sienten ante todo honestos, tanto sus maravillosos planos generales como sobre todo, cuando la cámara es incrustada en los cuerpos y rostros de los personajes. Nunca mejor dicho, con la emoción a flor de piel, y desde los pequeños gestos. Cuéntame otro cuento, Marc.

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