Crónica Donosti 2015: "Taxi Teherán" Panahi Driver

Autor: Joan Sala

Crónica Donosti 2015: "Taxi Teherán" Panahi Driver

A la nueva 'gamberrada' de Jafar Panahi, flamante Oso de Oro en el pasado Festival de Berlín, desde luego gracia cinéfila no le falta. De "Érase una vez en Anatolia" a "The Walking Dead" pasando por "Midnight in Paris", Kim Ki Duk, Kurosawa o incluso Mel Gibson y "Big Bang Theory". Jocosas y estimulantes referencias que transitan un "Taxi Teherán" cuyo destino sigue siendo el personalísimo canto a la libertad que clama su conductor y director.

¿De qué va?

Un taxi amarillo transita las vibrantes y coloridas calles de Teherán. Pasajeros diversos entran en el taxi, expresando cada uno de ellos su personal punto de vista sobre su país de forma cándida, intransigente o incluso cómica, metafórica (o dramática) según el pasajero que al que lleva. El caso es que, quien les entrevista no es otro que el propio conductor, que es también el director de la película, Jafar Panahi. Su cámara, ubicada en su personal estudio móvil, captura el espíritu de la sociedad iraní a través de este trayecto peculiar y personalmente tragicómico.

¿Quién está detrás?

Uno de los grandes nombres del cine iraní, autor de "Offside" (Gran Premio del Jurado - Festival de Berlín) o "El círculo" (León de Oro - Festival de Venecia). Jafar Panahi, un hombre herido, oprimido y maniatado por los ambages de la retrógrada e intolerante sociedad que habita, mantiene en pie sus ansias de libertad filmando, incluso vacilando y divirtiendo, para clamar por su arte e idnependencia. Bienvenido sea.

¿Quién sale?

Desde el propio Panahi haciendo de un entrañable "Taxi Driver" a su mismísima sobrina en al vida real, pasando por el peculiar dueño de su clandestino videoclub (allá donde la piratería SÍ tiene su razón de ser), un vecino de su antiguo barrio, un hombre herido en accidente de tráfico, dos mujeres cuya única y principal meta es poner en libertad a dos pececitos que llevan en una pecera, o una abogada a la que no más se le permite practicar el derecho. La gran familia iraní, vamos.

¿Qué es?

El reverso (tragi)cómico de "Ten"

¿Qué ofrece?

A mal tiempo, buena cara. Es el encomiable principio sobre el que bascula la nueva fuga socioartística (esto tampoco es una película o mejor dicho, también) de Jafar Panhi. Un simpático e ingenioso artefacto de múltiples capas, que no enigmático, ya que pone las cartas encima de la mesa desde su inspirado primer acto. Lo que podría atisbar un juego en el que no está claro si sus personajes son reales o actores, Panahi lo deja claro a través de ese honesto y genuino metadiscurso que, en tiempos de injusticia y represión, su estimable obra lleva como principal abanderado. Estamos ante actores que lejos de interpretar, plasman una exasperante realidad, y lo hacen desde un sorprendente y agradecido tono irónico (o incluso absurdo) que irradia vacileo y buen humor. Sobre todo, en su cómico primer acto, en el que tienen cabida toda clase de referencias cinéfilas que van desde "Érase una vez en Anatolia" a "The Walking Dead" pasando por "Midnight in Paris", Kim Ki Duk, Kurosawa o incluso Mel Gibson y "The Big Bang Theory". Y todo ello en boca de un estrafalario personaje que es digno de una peli de Roy Andersson, y que como tal, lo hace sin dejar de lado en ningún momento el carácter crítico y dramático que late en el corazón de"su sórdida realidad". Nunca mejor dicho, nunca mejor hecho, aunque en su trascendental tercer acto se desinfle un tanto. Y es que en Irán, aunque a quien robes no sea un ladrón, deberías tener 100 años de perdón. Bien lo sabe el propio Panahi. Es lo que hay.



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