Crónica Donosti 2015: "El Club" la iglesia de retiro

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Donosti 2015: "El Club" la iglesia de retiro

Según afirma Pablo Larrain, su nuevo film "tiene que ver con la idea de que la Iglesia difícilmente cree que sus miembros van a encontrar la justicia en un tribunal civil. Es una película sobre la redención, sobre la purga y sobre las víctimas”. Es decir, "El Club"representa mucho más que "una casa de retiro para curitas que no pueden seguir ejerciendo". Resumiendo, los "De Dioses y Hombres" que imaginaría Pasolini, y a lo griego. Avisados estáis.

¿De qué va?

Por razones múltiples y sumamente complejas, cuatro sacerdotes y su inseparable 'carcelera' permanecen confinados en una casa playera de un remoto pueblo costero. Los hay que cometieron abusos o robaron bebes recién nacidos y fueron relegados por las autoridades eclesiásticas. Los hay enfermos, que tienen padecimientos mentales, problemas existenciales, o sólo están viejos o cansados. Cualquiera, sea la causa de su llegada, se trata de gente aislada de la sociedad. Gente cuyo retiro, y la supuesta calma que respiran, está a punto de tocar a su fin con la llegada de un nuevo cura y una visita inesperada.

¿Quién está detrás?

Se suponía que lo que tocaba era un biopic sobre Pablo Neruda pero la cosa no ha quedado en eso. De forma imprevista, prácticamente impulsiva, y bajo el más impenetrable secreto, el director de "No", Pablo Larrain se ha echado al ruedo para pegar su particular, insobornable y definitivamente incendiario "toque" de atención, no solo a la Iglesia, también a un país, incluso al mundo entero. Rodada de forma expresa en poco más de dos semanas, la película está filmada en digital, con los mismo lentes anamórficos rusos de los años 60 con los que rodaba el maestro Tarkovski. Por algo será.

¿Quién sale?

Los padres Vidal (su actor fetiche Alfredo Castro), Silva (Jaime Vadell), Ortega (Alejandro Goic) y Ramírez (Alejandro Sieveking), la Madre Mónica (Antonia Zegers), el sacerdote interventor (Marcelo Alonso) y un devastado mártir llamado Sandokan (Roberto Farías). Ninguno se salva de la quema.

¿Qué es?

Los "De Dioses y Hombres" que imaginaría Pasolini, y a lo griego.

¿Qué ofrece?

Ni “50 sombras de Grey”, ni James Franco haciendo de cura gay, la película que más dio que hablar, más ampollas levantó y ante todo, más debería dar que pensar de esta pasada edición de la Berlinale, es el demoledor nuevo film de Pablo Larrain. “La iglesia no cree en la justicia civil” dijo en sala de prensa el director chileno, una incendiaria afirmación que con agresiva frontalidad e insobornable descaro, Larrain ha puesto en práctica teniendo no solo la iglesia católica, sino la política de un país entero en el punto de mira. Una política que acostumbra a esconder la mugre que lo marca y sacude, y no sin hacer uso de su habitual humor esquinado ni ese sórdido y áspero tratamiento que caracteriza su hermética mirada. El director de “Tony Manero” no se ha cortado un pelo, y con lengua viperina y retorcida mala baba, no ha dejado títere con cabeza a través de una crepuscular y depravada alegoría bíblica que no admite expiación católica alguna. Todo aquello que estamos acostumbrados a que nos sea sugerido en el cine, aquello que insinúa el lado tenebroso de la iglesia (véase “La Duda” o “Las Hermanas de la Magdalena”), es aquí frontalmente denunciado, proyectado en boca y cuerpo de unos decrépitos personajes fustigados por un pasado ¿y presente? deleznable (en el caso de los 'santos padres'), pero ante todo desolador, traumático e irreversiblemente deprimente (en el caso de las víctimas, los verdaderos mártires de la cruz). En “El Club” todo lo truculento, malsano y obsceno que sacude la sotana y el celibato, se da de bruces con el mordaz y sinuoso ingenio de alguien que por fin, ha tenido la procaz insolencia de reflejarlo sin morderse la lengua, sin cubrirse por ningún tipo de ambigüedad tonal que le refugie de pagar un más que posible peaje de vuelta.

Formalmente sólida y adusta, visualmente brumosa y oscura, la excepcional cuarta película de Larrain acaba por resultar un puñetazo directo en el estómago a lo Seidl y a lo griego, impulsado por un final in crescendo con el que logra todo aquello en lo que ha fracasado la iglesia: que de una vez por todas tomemos conciencia. Y es que, si no es por las buenas, ya se sabe, se consigue por las malas, algo que “El Club” parece tenerlo demoledoramente claro. El Gran Premio del Jurado obtenido en la última Berlinale bien que reza por ello.


Avatar por defecto de un usuario no logueado
Los comentarios despectivos y los spoilers serán moderados. Si tienes cualquier problema escríbenos a contacto@filmin.es