Crónica “DocsBarcelona” 2020: “Overseas” clasismo impúdico y feroz

Autor: Manel Domínguez Fuente: Filmin

Crónica “DocsBarcelona” 2020: “Overseas” clasismo impúdico y feroz

No cabe duda alguna que uno de los sectores más invisibilzados durante la crisis del coronavirus ha sido el de las limpiadoras. Quizás unas palabras de soslayo en el congreso de los diputados no basten para solventar la precarización sistematizada que sufren a diario. Desde la comodidad de nuestro hogar, el DocsBarcelona nos hace viajar a Filipinas, punto de partida de "Overseas", el film de Sung-A Yoon que retrata uno de los centros de enseñanza de limpiadoras autóctonas. Un sensacional documento que cautivó en Punto de Vista y Locarno.

¿Qué ocurre?

Sigue la etapa de formación de un grupo de mujeres que se preparan para hacer frente a una nueva vida lejos de casa. La mayoría de los contratos laborales las obligan a pasar años sin poder ver ni a los hijos ni a la familia. Durante las sesiones de formación en la escuela, las alumnas practican tanto el papel de empleada como el de amo, dando pie a situaciones tan surrealistas como cautivadoras. Pronto serán exportadas al extranjero como si fueran mercancías y quedarán solas ante la explotación laboral y agresiones de todo tipo. Una historia conmovedora que muestra la determinación de unas mujeres valientes, que se hermanan sin perder el sentido del humor, y que comparten estrategias para afrontar el futuro con firmeza.

¿Dónde?

En el hogar de las limpiadoras filipinas, aquel que tan poca ocasión tienen de transitar, aquel lugar del que huyen con la falsa promesa de una vida mejor. Aun dejando claras sus raíces, durante todo el metraje se hace referencia a los muchos países en los que las TFE han trabajado y deberán trabajar, trazando un pesimista manifiesto sobre la relación puramente de servilismo intercontinental.

¿Cuándo?

Vivimos una temporada cinéfila cuya vertiente social está extremadamente volcada en la denuncia activa y militante de las distintas formas que tiene el sistema capitalista de instaurar la esclavitud contemporánea. Si Guédiguian y Loach reflexionaban sobre el drama de los falsos autónomos en “Gloria Mundi” y “Sorry We Missed You”, Sung-A Yoon nos habla del costado más abusivo y obsceno del clasismo que subyace en el tipo de relaciones humanas que propone el neoliberalismo salvaje -es decir, pura zalamería y avasallamiento-.

¿Quién?

Una impactante efigie taxativa de las mujeres filipinas que se ven obligadas a ir al extranjero para ganarse la vida trabajando como niñeras y trabajadores del hogar. La mirada de la directora Sung-A Yoon, mezcla de humor negro y denuncia social, pone en evidencia una forma encubierta de esclavitud moderna.

¿Cómo?

Si como decíamos antes, para Yoon, el sistema neoliberal hegemónico contrapone cualquier atisbo de consideración humana en las formas de relacionarnos para fomentar el clasismo y el machismo -y todo lo que ello conlleva-, también manifiesta una verdad como un templo: la esclavitud moderna es una herencia directa del colonialismo.  Esta consigna está marcada a fuego en la lucha de clases actual. Tan arraigada en el córtex que estremece la autenticidad de los sentimientos a flor de piel que erosionan de las “interpretaciones” de las limpiadoras cada vez que deben poner en escena situaciones de atropello en las que se han visto inmersas en su pasado laboral. Representaciones teatrales que en la práctica tienen dos funciones; la didáctica, por supuesto, pero también la expiación de esos malos tragos en el extranjero. Yoon se acoge en este microcosmos del reenactment -la magia encantada del simulacro- para destapar abusos sexuales, comportamientos indecentes, humillaciones, vejaciones y distintas formas de maltrato hacia estas mujeres precarizadas y sometidas hasta decir basta.

Con el objetivo de anteponer el respeto hacia sus personajes por encima de todo, la joven cineasta parte del prisma temporal para trazar puentes comunicativos con unas personas a las que se les ha arrebatado toda identidad posible. La autora logra esta meta partiendo desde un dispositivo esencialmente observacional, a la Wiseman, a sabiendas de la importancia de que el plomizo peso del tiempo puede llegar a erigirse como una experiencia cautivadora e insustituible para el diálogo humano. En otras palabras, para escucharnos hemos de mirarnos. Lo que la compone son extenuantes planos -el metraje del film se organiza prácticamente en planos secuencia- que se toman desde la distancia para permitir a a esas mujeres respirar airadas, ya que este no es un espacio de enfrentamiento, sino que esta pequeña islita inundada que parecía ser un centro de enseñanza, el cine la ha transformado en un espacio de resistencia política. Un recurso formal de un decoro y sensibilidad verdaderamente desarmantes. “Overseas” es una apertura en canal, un testimonio desgarrador que no cesa de arrojar luz a unos personajes sumidos en las más tenebrosas cloacas de la marginalidad.


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