Crónica del Festival de la Habana (Día 6)

Fuente: Ariel Fernández Verba

Crónica del Festival de la Habana (Día 6)

Cuba no es un país fácil en lo que a expresión artística se refiere. A diferencia de lo que puede estar sucediendo en Europa, donde bajo el amparo de una democracia desvirtuada de contenido pero que aún se viste de gala, encontramos que el problema no es lo que se dice sino lo que se escucha, aquí sin embargo, aún se mantiene la rudimentaria censura donde el problema sigue siendo lo que se dice. Es decir, lo que en Europa pueden ser cuestiones que solo se entienden en blanco y negro, aquí siguen siendo lastimosamente contemporáneas.

Escritores e intelectuales son perseguidos, artistas que incomodan son funestamente invitados a irse y profesionales de la medicina y la educación son retenidos con largos procesos burocráticos cuando, por su propia cuenta, desean volar.

No obstante, una vez al año el régi men abre las ventanas para ventilar el cabreo y pone en marcha lo que desde hace unos días venimos llamando el “Festival del nuevo cine latinoamericano”, en donde se permiten ciertas cosas que, una vez pasada la semana festivalera, vuelven a silenciarse.

Este es el caso de la película “Fabula” (2011) del cubano Lester Hamlet.

Desde hace ya días se venía comentando que esta película solo se programaría para el festival y luego se guardaría en el cajón de algún ministerio durante una larga temporada. Cuestión que no hizo más que aumentar las expectativas de un pueblo deseoso de ver lo que ya sabe.

Para entender el atrevimiento de esta película era necesario contextualizarla en un marco de repre sión como el mencionado ya que, para los ojos europeos, apenas se diferencia de lo que podemos estar acostumbrados a ver.

“Fabula” es la historia de una pareja joven, él pintor y ella puta. Ella sabe que él es pintor. Él no sabe que ella es puta. Pasean enamorados por la Habana, se van a vivir juntos y tienen una hija. Ella comienza una relación extramatrimonial con un cliente. El pintor se entera no solo de eso sino de todo y aquí el quiebre, ya que los dos, junto con el tercero en discordia, comienzan una relación a tres bandas donde la prostitución y la homosexualidad y todas las desavenencias con la iglesia y con un ré gimen dirigido por dos viejitos están a la orden del día. Planos como los de Julio Medem en “Lucia y el sexo” y besos como los de Won Kar Wai en Chunking express” no son nada habituales por estas latitudes, de hecho en la sala ya se comienza a hablar del tan esperado porno-socialis mo.

Trabajos tan arriesgados como este no solo articulan una crítica real y efectiva sino que devuelven a la actualidad viejos pensadores que fueron la base de este deseo de libertad como Virgilio Piñeira o Rufo Caballero (quien decía cosas como “La homofobia no es más que el miedo a ser descubierto”).

Película efectiva también, ya que profundiza en un tema y no se desmarca de él, es claro y directo y no deja lugar a dudas, como bien podría suceder con la extrañamente aclamada Habanastation” donde la metáfora, si es que existe, es, como diría un crítico amigo “de brocha gorda”.

Sin intención de poner en entredicho la lucidez del pueblo cubano y las prestaciones de un festival necesario y mucho menos las buenas intenciones del socialis mo, cuyo problema creo que no es el mismo socialis mo sino el que se encuentre atravesado en un mundo concluyentemente capitalista, me quedo aplaudiendo propuestas como esta hasta que la sala se queda vacía y el silencio nos devuelve a la aparente normalidad de la isla.

                                                                                                                                 Ariel Fernández Verba

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