Crónica D'A 2020: "Un blanco, blanco día" el amor es un plato que también se sirve frío

Autor: Joan Sala

Crónica D'A 2020: "Un blanco, blanco día" el amor es un plato que también se sirve frío

Western y melodrama en la impresionante Islandia. Así se nos presenta este sobrecogedor thriller de venganza, una suerte de historia de fantasmas que reflexiona sobre el duelo, el sacrificio y el amor incondicional. "Un blanco, blanco día" está protagonizada por un sheriff, un padre viudo y soltero de una remota ciudad que ha estado dos años fuera de servicio desde la desaparición de su esposa y que se obceca en encontrar a quién él cree principal sospechoso. Presentada en el último Festival de Cannes, la segunda película de Hlynur Palmason es una de las sensaciones del cine islandés reciente.

¿De qué va?

En una remota ciudad islandesa, un jefe de policía retirado comienza a sospechar que un hombre tuvo un romance con su esposa, quien recientemente murió en un accidente automovilístico. Poco a poco, su obsesión por descubrir la verdad se acumula inevitablemente mientras comienza a ponerse en peligro a sí mismo y a sus seres queridos.

¿Quién está detrás?

Después de haber rodado tres cortos, el artista y cineasta visual islandés afincado en Copenhague, Hlynur Pálmason, contó con el trabajo de varios compañeros de la Escuela Danesa de Cine para su primer largo, un coproducción entre Dinamarca y su originaria Islandia que le valió cuatro premios premios mayores obtenidos en el Festival de Locarno 2017 (entre ellos el de Mejor Actor y el Europa Label Cinemas). "Winter Brothers" se erigía así en un imponente tour de force directorial principalmente rodado en unos 16 mm que son empleados a la forma de los 35 mm, que más allá de su tratamiento aversivo, es asimismo un regalo para todos los sentidos. Cine de fricción y colisión que transita la historia de dos hermanos, sus rutinas, sus hábitos y la violenta enemistad que estalla entre ellos bajo el marco de un entorno obrero hostil e inhóspito durante un helado invierno. 

¿Quién sale?

Protagonizada por Ingvar Eggert Sigurðsson ("Sparrows", "De Caballos y Hombres"), quien también ha colaborado en el guion. Hablamos del principal abanderado y estandarte del cine islandés contemporáneo, uno de esos actores de gran presencia y carisma que de por si mismos llenan el plano. Y es que no en vano, suyo fue el Premio a la Mejor Interpretación en la pasada Semana de la Crítica del Festival de Cannes, suya es también la nominación a Mejor Actor en los próximos Premios del Cine Europeo. Quien interpreta a su hija por su parte, no es otra que la propia hija del cineasta, Mekkin Hlynsdóttir. Todo queda en casa.

¿Qué es?

El arte de escenificar los sentimientos del amor, la pérdida y el duelo.

¿Qué ofrece?

“Cuando todo es tan blanco que ya no puedes distinguir entre el cielo y la tierra, la muerte habla con los vivos”. Es al frase que antecede a una de las secuencias introductorias más memorables que un servidor ha contemplado en los últimos tiempos. En ella asistimos a la construcción de una casa a su vez que se sobreponen el paso de las diferentes estaciones. Una escena inicial que se tardó dos años en rodar, ya que había que captar las diferentes estaciones, y que asimismo condensa gran parte de la esencia de esta poderosa película. Y no es tanto capturar el paso del tiempo, que también, cómo abrirnos la puerta a penetrar en el mundo interior del personaje principal dejando constancia que es otro universo que gira a su alrededor. Un universo al que pertenecía hasta que la tragedia sacudió su vida.

"Un blanco, blanco día" recrea un thriller que bien podría presentarse como una suerte de historia de fantasmas que reflexiona sobre el duelo, el sacrificio y el amor incondicional en el que un padre responsable, viudo y sheriff de una pequeña ciudad que ha estado dos años fuera de servicio desde la desaparición de su esposa, se obceca en encontrar a quien el cree principal sospechoso. 

En este sentido, para su segunda película Pálmason sigue misma senda, mismo camino, que su impactante ópera prima. Tanto a nivel formal (empleo de celuloide) como conceptual (el retrato del profeso de un amor, o la falta de él, en su estado más lacerante y crudo). Y es que, en efecto, el amor es un plato que también se sirve frío, algo de lo que en Islandia parecen saber mucho. En efecto, hablamos de un estudio áspero y taciturno del amor que en el caso de

"Un blanco, blanco día" no lo limita únicamente a la familia tal y como fuera el caso de "Winter Brothers", sino que también su profeso en el prisma sentimental, tanto a nivel conyugal como entre amantes. Una dimensión mayor la que alcanza esta obra formalmente portentosa y precisa que más allá de su hermosa escena introductoria, nos deja otra secuencia para el recuerdo: el relato de un cuento de cama que bien podría haber sido concebida y relatada por todo un Chicho Ibáñez Serrador. Una historia para no dormir en el que la ternura, que la hay, no se encuentra en su habitat habitual. Toca escarbar y sobre todo, descongelar.


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