Crónica D'A 2020: "Abou Leila" caza al terrorista

Autor: Filmin

Crónica D'A 2020: "Abou Leila" caza al terrorista

Una caza al terrorista empapada de violencia salvaje y alucinada. Lo que vendría a ser la Guerra de Argelia a golpe de Ayahuasca. Si te gustan las emociones fuertes, esta es tu película. “Abou Leila”es un viaje sin retorno a lo más oscuro de nuestra mente, una odisea alucinante que explora el conflicto armado en la Argelia de los 90 a través de los ojos de dos amigos cuyas vidas están a punto de cambiar para siempre. Sorprendió en Cannes, también en Sevilla, donde se alzó con el Premio a Mejor Película en Las Nuevas Ola y se ha ido convertiendo por méritos propios una de las óperas primas más contundentes e incontestables que nos regalará la presente edición de este D’A Film Festival.

¿De qué va?

En la Argelia de 1994, acribillada por los atentados terroristas, dos hombres parten hacia un viaje por el desierto en busca del autor de uno de esos ataques. Se llama Abou Leila, y el atribulado S. está seguro de poder encontrarle. Su amigo de la infancia Lofti le secunda, aliviado también con la idea de sacar a S. de la ciudad. Pero todo se va volviendo cada vez más extraño en su viaje, la realidad va cediendo poco a poco.

¿Quién está detrás?

Una jovencísima nueva promesa del cine argelino y francés, Amin Sidi-Boumédine, que tras ir abriendo boca en el circuito festivalero con sus cortometrajes previos, algunos de ellos seleccionados en certámenes Clermont-Ferrand, se presenta ante el mundo con "Abou Leila", una de las más gratas sorpresa que nos dejó la Semana de la Crítica de la pasada edición de Cannes y la edición del Festival de Sevilla. Ahora, el futuro es suyo.

¿Quién sale?

El también debutante Slimane Benouari es el encargado de dar vida al atribulado protagonista mientras comienza un descenso a los infiernos que le llevará al más desolado desierto de Argelia, Le acompañan otros nombres de más experiencia como Lyès Salem, que también es director de cine y consiguó una nominación al César con su película "Mascarades" y que Argelia la eligiera como su representante a los Oscar.

¿Qué es?

La Guerra de Argelia a golpe de Ayahuasca.

¿Qué ofrece?

En la cultura árabe, el djinn, lo que nosotros consideramos muy simplemente como "el genio de la lámpara", es en realidad un espíritu ambiguo que puede, o bien conceder deseos a aquellos que acuden en su ayuda o también poseerlos de una forma muy similar a cómo se entienden en occidente algunos poderes del demonio. Habitualmente, este tipo de supersticiones en el presente se relacionan con enfermedades mentales como la psicosis o la esquizofrenia, y han dado pie a un buen número de películas de género que juegan precisamente con el poder sugestivo de nuestra mente y, por tanto, de la imagen. El cine se convierte pues en una especie de filtro por el que ver a través de los ojos del protagonista, allá donde realidad y alucinación pueden cohabitar como un solo ente que poseído por la propia imagen. A este delirante juego de perspectivas y realidades es al que nos arroja el primerizo Amin Sidi-Boumédine, que a través de códigos prestados del cine de terror más psicológico y desquiciante, arma una propuesta visualmente impactante, formalmente poderosa, a través de la cual incurre en una sugerente dimensión política, una que nos lleva por la cruenta historia de Argelia, en las que se suceden demoledoras guerras civiles y atentados terroristas de diferentes grupos radicales donde fueron los civiles los que cargaron con sus más funestas consecuencias. Este es el caso de los protagonistas, dos hombres ávidos de venganza que parten para enfrentarse a uno de estos villanos sin saber que, en este mismo viaje, descubrirán que no hay mayor enemigo para si mismos que ellos mismos. Ellos son los catalizadores de esa misma violencia extrema por la que han sido azotados por enfrentamiento entre las fuerzas del estado y los rebeldes. Y es bajo este prisma, bajo esta alucinada perspectiva, que la cámara de Amin Sidi-Boumédine nos regala algunos de los paisajes más espectaculares del país africano, teñidos por el naranja crepuscular de un sol que cae para dar paso a una noche plagada de demonios y pesadillas. Los protagonistas a merced de sus mayores temores, unos acentuados por un montaje desatado que difumina aún más las barreras entre lo real, lo onírico y lo psicótico. Un debut imponente, tanto en forma como contenido, que funciona como inmejorable carta de presentación de cara al futuro de su director. Y es que su cine no entiende de barreras, lo suyo es romperlas. Demostrado queda.


Publica un comentario

Sin comentarios