Crónica Cannes 2019: "Parasite" la familia es lo primero

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Cannes 2019: "Parasite" la familia es lo primero

El realizador coreano Bong joon-ho se ha llevado una de las ovaciones más cerradas y dilatadas de lo que llevamos de festival con la genial "Parasite", una sátira social que, dinamitando todo posible tópico, reflexiona de forma extremadamente audaz sobre la posible (o más bien, la imposible) coexistencia entre la clase privilegiada y la baja, gestando así un sorprendente y muy disfrutable divertimento dirigido de forma absolutamente libre, donde la comedia negra más descabellada choca de bruces con el thriller y suspense más imprevisible.

¿De qué va?

Tanto Gi Taek es el padre de una familia de truhanes en el que nadie tiene sustento ni trabajo. Cuando su hijo mayor, Gi Woo, empieza a recibir clases particulares en casa de Park, las dos familias, que tienen mucho en común pese a pertenecer a dos mundos totalmente distintos, comienzan una interrelación de resultados imprevisibles.

¿Quién está detrás?

Conocido por muchos como el Hitchcock coreano, Bong Joon-ho es el responsable de cuatro de los títulos más importantes que el cine oriental nos ha dado en los últimos 20 años. En todos ellos es capaz de combinar el mejor brío del thriller americano, la tan característica melancolía francesa e incluso un sentido de la astracanada que roza la tragicomedia mediterránea, para brindarnos una mirada emocionante, tierna y comprensiva hacia el incómodo mundo del error humano y de la limitación intelectual. Lo puede hacer mediante un antológico thriller criminal en la senda de "Zodiac" o "El silencio de los corderos" ("Memories of murder"), una hilarante y alegórica monster movie que es lo mejor que le ha sucedido a este subgénero desde los tiempos de "Depredador" y "Alien" ("The Host"), un ambiguo y transgresor drama familiar que también es su película más personal ("Mother"), una distópica ciencia ficción que huele a futuro culto ("Snowpiercer") o una película futurista y ecológica que agudamente equipara el Holocausto a los mecanismos de la industria cárnica a manos de humanos deshumanizados ("Okja"). 

¿Quién sale?

Una familia encabezada por su actor fetiche Song Kang-ho, quien una vez mas nos ofrece una interpretación tan impecable como hilarante. Él es el padre de familia entre cuyos integrantes encontramos a los rostros más reconocibles del cine actual coreano, como es el caso de Lee Sun Gyun ("A Hard Day") o Choi Woo Shik ("Okja")


¿Qué es?

Bien podría ser Hirokazu Kore-eda + Kiyoshi Kurosawa. También algo así como "Un asunto de familia" + "El sirviente"

¿Qué ofrece?

La lucha de clases es un tema recurrente y muy presente en la filmografía de Bong joon-ho. De hecho, lo ha tratado desde registros y contextos muy opuestos y diferentes. Fue el caso de su ópera prima "Barking Dog" (2000), donde la abordó desde la comedia absurda, también en "The Host", en este caso en forma de monster-movie o por supuesto, a través del cine negro con la excepcional "Mother". En el caso de "Parasite" en cambio, lo hace mezclando la comedia picaresca con el thriller, haciendo colindar la esfera doméstica con la social para criticar los devastadores efectos alienantes que la desigualdad social puede provocar en el individuo y, ante todo, la capacidad que tiene para hacer erosionar la familia como núcleo. También se pregunta sobre la imposibilidad de que la clase alta y la baja puedan co-existir en equilibrio y armonía. De hecho, la pregunta que su delirante nueva obra ante todo nos formula es, cual de los dos bandos es el verdadero parásito...si es que lo hay. Porque si existe una virtud realmente novedosa en lo que al cine de lucha de clases respecta es que "Parasite" no juzga en ningún momento a sus personajes, evitando así caer en todo momento en el habitual maniqueísmo que caracteriza el cine que enfrenta las altas esferas con la bajas. Es decir, ni los ricos son demonizados, ni los pobres expiados. De hecho, tanto unos como otros destacan por el amor incondicional que entre ellos se profesan. Es decir, por muy opuestas que sean ambas familias, elevan el concepto de convivir a su máxima exponencia. ¿El problema? Que es precisamente un elemento externo como la desigualdad social, el funcionamiento y mecanismos de un país como el de Corea, quien dinamita su felicidad y armonía. En efecto, aquí no hay héroes ni villanos, todos son víctimas. Es bajo este contexto tan profundamente humano que Bong joon-ho articula una explosiva mezcla de géneros donde el suspense y el humor negro gestan una sátira social que más allá de articular una contundente denuncia, es ante todo un sorprendente divertimento dirigido con incontestable pulso, en el que hay lugar para inesperados giros así como para situaciones donde el surrealismo abraza de lleno el realismo. Denlo por seguro, su reconocimiento tendrá en el palmarés final.




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