Crónica Cannes 2019: "Mektoub, My Love: Intermezzo" mira quién baila

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Cannes 2019: "Mektoub, My Love: Intermezzo" mira quién baila

Hace tan solo dos días atrás, este cronista daba por sentado que no encontraríamos una propuesta tan extrema y radical en todo el festival como la que nos ofreció Albert Serra con su blasfema y perversa "Liberté". Pues bien, poco ha tardado el controvertido realizador francés Abdellatif Kechiche en dejarme en evidencia. Y lo ha hecho con "Mektoub, My Love: Intermezzo", otro radical ejercicio de provocadora y extrema libertad creativa que, a lo largo de mas de tres horas, se suspende en una noche de fiesta en una discoteca para retratar las pulsiones del deseo, sobre todo de la fantasía masculina heterosexual, pero también la femenina. Un tour de force a todos los niveles única y exclusivamente propulsado por instinto del deseo corpóreo.

¿De qué va?

El grupo de amigos que ya protagonizaran la primera entrega de "Mektoub My Love" se encuentran con una joven francesa en la playa y se la llevan con ellos a una discoteca. Empieza la fiesta.

¿Quién está detrás?

El responsable de "La vida de Adele" ha vuelto. Tras vender su Palma de Oro, tenernos en vilo durante año y parte del otro, al final su "Mektoub, my love" hizo acto de presencia en el Festival de Venecia 2017 con su primera parte. Acostumbrado a rodajes tan largos como intensos, que aprovechan lo mejor del cine digital, es más que posible que el director francés viera en la sala de montaje que su canto de amor se quedaba pequeño para una sola película y, tal y como aquel año adelantó Alberto Barbera en la presentación de la Mostra, podríamos estar ante una díptico o una trilogía.

¿Quién sale?

Kechiche es un maestro en la dirección de actores, y aquellos que debutan su particular diamante en bruto a explotar. No es de extrañar pues la gran calidad que desprenden todos ellos, empezando por Shaïn Boumedine, una caracterización que parece construida por Rohmer o Truffaut y que consigue transmitírnoslo todo sin apenas mediar palabra, Alexia Chardard, en una interpretación que directamente nos evoca a Adele Exarchopoulos en "La vida de Adele", tanto a nivel físico como gestual, o la sensual Ophélie Bau, que parece haber adoptado el espíritu de Valeria Marini en "Bambola" o Penélope Cruz en "Jamón, Jamón". El único que repite es Salim Kechiouche, a quien ya pudimos ver en "La vida de Adele" como su primer novio y de quien podéis disfrutar en un papel similar en "Foreign Body".

¿Qué es?

"Clímax" bajo la mirada del hedonismo juvenil y la male gaze

¿Qué ofrece?

Seis años después de obtener la Palma de Oro por "La vida de Adèle", Abdellatif Kechiche regresa a Sección Oficial de Cannes con la segunda entrega de una trilogía sobre la juventud de los años 90 iniciada hace dos años con la luminosa, carnal y lánguida "Mektoub, My Love: Canto Uno". Una primera entrega que empezaba como una película de Bigas Luna y acababa como una de Eric Rohmer da paso ahora a un extremo y radical tour de force que, denlo por hecho, muchos condenarán por la cosificación de la mujer, por la intrínseco male gaze sobre la que bascula una mirada del todo agotadora y dilatada, pero también fascinante y magnética la cual, para quien se quede en la superficie, la verá única y exclusivamente al servicio del exhibicionismo femenino, del regodeo hacia los culos y nalgas, hacia el constante contorneo de cuerpos femeninos tratados como meros objetos de deseo de la fantasía hetero masculina. Pero mas allá de ello, que así es, lo que "Mektoub, My Love: Intermezzo" ante todo emana es un ejercicio de radicalidad y libertad creativa sin miedo alguno a posibles prejuicios que directamente podríamos emparentarla a la "Liberté" de Albert Serra. Una obra explosiva y provocativa, permanentemente embadurnada en bailes de música disco, en cubatas de vasos de tubo y plástico, en sudores y fluidos, en twerkings, frotes y magreos, cuya cámara se guía única y exclusivamente por el instinto del deseo, no solo masculino, también femenino. Y lo hace desde un carácter hedonista que se adentra en su dimensión mas orgiásticamente lasciva.

Y es que tanto "Liberté" como "Mektoub My Love: Intermezzo" son dos obras que no se someten a límites, que no juzgan los actos de sus personajes, que no entienden de posible toma de conciencia ni racionalidad, sí de llevarse por ese mero instinto que encuentra placer en la obscenidad siendo controlado única y exclusivamente por las pulsiones del deseo en su dimensión más visceral. Ambas funcionan como lúdicas celebraciones de la dimensión seductora del lenguaje del cine y, sobre todo, de su arte. La que nos ocupa desde el naturalismo más aparentemente artificioso, pero realmente sincero y honesto, la otra desde un dimensión artística profundamente pictórica. Una desde el constante movimiento, la otra desde la cámara estática. 

Tampoco podemos obviar el papel clave que en "Mektoub My Love: Intermezzo" juega su protagonista Amin, quien sigue diferenciándose del resto de personajes en su mirada distanciada y sensibilidad artística. Lo que bien vendría a ser, su forma opuesta de experimentar el deseo. De hecho, hay una secuencia clave en el que una de las chicas le espeta "deja ya de mirar y ponte a bailar. Vive la vida". El caso es que quizás ya la esté viviendo y su forma de hacerlo no sea otra que asistir a la forma en que tienen ellos de celebrarla desde la mirada fascinada sí, pero también antropológica. Resulta también del todo significativo que en la única escena de sexo explícito que, por cierto, está maravillosamente rodada, el hombre está en todo momento al servicio de la mujer. Claramente ella por encima de él. Con todo ello, lo que "Mektoub My Love: Intermezzo" nos deja claro es que Kechiche la ha filmado desde sus entrañas sin detenerse a pensar en ningún momento lo que ello puede provocar. El cine como celebración de la carnalidad del deseo, la cámara como conductor de ello. Y este servidor que por nada del mundo se perderá su tercera entrega, el cierre de fiesta. Visto lo experimentado, la resaca por descontado que merecerá la pena.

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