Crónica Cannes 2019: "Little Joe" allegro ma non troppo

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Cannes 2019: "Little Joe" allegro ma non troppo

Es, sin duda, una de las voces mas genuinas y particulares del actual cine europeo. Tras haber participado con su anterior y excepcional "Amour Fou" en Un Certain Regard, la realizadora austríaca Jessica Hausner da definitivamente el salto y debuta en Sección Oficial del Festival de Cannes con "Little Joe", una propuesta única en su especie que propone una suerte de vaciado de "La invasión de los ultracuerpos" que, asimismo, supone su novedosa incursión en lengua anglófona y en lo que ahonda es en el misterio de la felicidad, también en su ambigüedad. 

¿De qué va?

Alice es una madre soltera que cría plantas en una empresa que busca desarrollar nuevas especies. Es la responsable del exitoso último diseño de su compañía: una crisálida característica no sólo por su belleza, sino también por su valor terapéutico. Si la planta se encuentra en las condiciones óptima garantiza a quien la consuma sentir algo parecido a la felicidad. Un día, Alice decide ir en contra de las normas de su empresa y lleva una planta a Joe (Ben Whishaw), su hijo. Ambos la bautizan como "Little Joe" (pequeño Joe). A medida que crece, Alice comienza a entender que tal vez su nueva creación no es tan inofensiva como sugiere su nombre.

¿Quién está detrás?

La suya es una de las voces más genuinas y particulares del nuevo cine europeo. En Filmin damos buena cuenta de ello estrenado todos los trabajos previos de Jessica Hausner, responsable no solo de la magnífica y aclamada "Lourdes" (Premio FIPRESCI en Venecia, Giraldillo de Oro en Sevilla) también de las prometedoras "Lovely Rita" "Hotel" o de la definitiva consagración que le supuso su último film, "Amour Fou", una love-story suicida inspirada por la vida y muerte de la fatídica pareja formada por el poeta Heinrich von Kleist y Henriette Vogel, una comedia de época que se sale de los parámetros habituales, obra irresistible encumbrada por sus demoledores contrastes. 

¿Quién sale?

Para su debut en inglés, Jessica Hausner cuenta con Ben Wishaw ("Bright Star"), Emily Beecham ("Ave César") y Lindsay Duncan ("Le Week-end"). Ahí es nada.

¿Qué es?

Un vaciado de "La invasión de los ultracuerpos".

¿Qué ofrece?

Cine fantástico, drama distópico, comedia en fuga y terror social son las semillas que brotan de la extraordinaria "Little Joe". Una parábola social formalmente sublime que pone en tela de juicio la integridad de los sentimientos que sus diferentes personajes sienten y profesan, incidiendo precisamente en el santo grial de ellos: la felicidad. Un misterio que rodea a su búsqueda, a su padecimiento y ambigüedad. El sentimiento de ser feliz genética (y socialmente) modificado, intrínsecamente alienado. La nueva e hipnótica obra de la responsable de "Amour Fou" nos ofrece un juego de abstracción y vaciado en el que la sonrisa y alegría se difuminan de un plumazo y cuando apenas se atisban, se torna en perversión y amenaza. La alienada persecución de una inalcanzable meta, de una plenitud que debería unir lazos entre personas que de forma incondicional se aman y se aprecian acaba por convertirse en un desalmado pathos. El núcleo familiar volatilizado, la empatía difuminada. Un estado de letargo anti terapéutico del que resulta imposible despertar y que, curiosamente, florece desde los supuestos avances genéticos, partiendo una manipulación de la naturaleza que acaba por desnaturalizarnos. Solo queda dejarse maniatar, ¿adiós a la sociedad como tal?

Bajo esta compleja premisa, la que Jessica Hausner nos brinda es una nietzscheana reflexión de carices filosóficos y científicos que, tomando como principal y evidente referencia el universo político e ideológico de "La invasión de los ultracuerpos", se ensambla desde un geométrico y minimalista diseño de producción, pulcro e impecable a todos los niveles, en el que los rígidos movimientos y sosegados barridos de cámara, los juegos de sonidos que capitalizan una amenazante y omnipresente banda sonora o el empleo saturado de la luz y el color desemboca, no solo en una atmósfera destilada, absolutamente vaciada y del todo extrañada, sino también en la abstracción de su forma. Tanto en su cariz artístico como, por descontado, humano. Tanto en su cuerpo como en su alma.


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