Crónica Cannes 2019: "It Must be Heaven" el perfecto desconocido

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Cannes 2019: "It Must be Heaven" el perfecto desconocido

"Si en mis películas anteriores Palestina podía asemejarse a un microcosmos del mundo, mi nueva película, It Must Be Heaven, pretende mostrar el mundo como un microcosmos de Palestina". Así nos presenta el maestro palestino Elia Suleiman su última y deliciosa creación. Una comedia política, minimalista y burlesca, en el que se explora la identidad, la nacionalidad y la pertenencia. 

¿De qué va?

Elia Suleiman huye de Palestina en busca de un nuevo hogar sin darse cuenta de que su país de origen le persigue siempre como su propia sombra. La promesa de una nueva vida se convierte pronto en la comedia de lo absurdo. Por muy lejos que vaya, de París a Nueva York, siempre hay algo que le recuerda a su patria. 

¿Quién está detrás?

Elia Suleiman en busca de quién le acoja. El realizador Palestino compite por la Palma de Oro con su nuevo film tras hacerlo 7 años atrás con su anterior "The Time That Remains", una película con ecos autobiográficos en la que mezclaba sus recuerdos con los de sus padres. Si entonces Suleiman ilustraba la cotidianidad de los palestinos que han permanecido en su lugar de origen, en esta ocasión se interesa por la noción de ex-patriación, centrándose en este caso en aquellos individuos que deciden huir de Palestina en busca de una vida mejor. 

¿Quién sale?

Elia Suleiman sin articular prácticamente palabra. Su mirada extrañada es quien protagoniza esta comedia absurda que nos regala además dos impagables secuencias protagonizadas por el jefe de Wild Bunch, Vincent Maraval, o incluso Gael García Bernal.

¿Qué es?

La cuestión palestina de Edward W. Said llevada al cine por un cruce entre Buster Keaton y Roy Andersson.

¿Qué ofrece?

Uno de los conflictos culturales que se remontan más tiempo en la historia; la guerra de los israelís, judíos sionistas, contra los palestinos, árabes y judíos orientales, por la ocupación de un territorio que por legado pertenece a los segundos es una cuestión que llega hasta nuestros días todavía sin resolver. La historia del conflicto ha sido utilizada en multitud de obras artísticas y lo seguirá siendo hasta que éste no llegue a su fin (si algún día lo hace). La discusión sobre el asunto de constante tensión es larga, y ha dado pie a una gran cantidad de obras, también en el cine además de la literatura. Fue el caso de la extraordinaria novela La cuestión palestina de Edward W. Said, entre cuyos estamento afirma que la pugna entre una afirmación y una negación, y es esta pugna previa, que se remonta a más de cien años atrás, la que anima y da sentido al actual impasse entre los estados árabes e Israel. Dicha pugna ha sido casi cómicamente desigual desde el principio.

Una afirmación que, precisamente, hace hincapié en el elemento cómico, en un registro que rara vez se ha utilizado para retratar uno de los conflictos armados mas dilatados, injustos y dolorosos, el cual Elia Suleiman lo lleva a su personalísimo terreno para brindarnos un cuento burlesco en el que se explora la identidad, la nacionalidad y la pertenencia. Una obra tan cínica como deliciosa que esta articulada a base de inspiradísimos y delirantes set-pieces, de una suerte de tableaux-vivants conducidos todos ellos por la extrañada mirada de Suleiman quien, desde le tratamiento minimalista, desde el vaciado en la puesta de escena y partiendo del gag que en todo momento provoca esa suerte de risa helada a la que lleva el humor esquinado, tan incómodo como inspirado, colisiona Oriente con Occidente, las contradicciones que rigen a un hemisferio tanto como al otro. Una comedia de denuncia social y política que ante su aparente ligereza guarda en su interior un corazón del todo humano del que laten las tensiones geopolíticas que actualmente parecen tener a la totalidad del mundo condenado. Ya sea en Palestina, Paris o Nueva York. El festival no podía acabar mejor. 


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