Crónica Cannes 2019: "Dolor y Gloria" y el cine le salvó

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Cannes 2019: "Dolor y Gloria" y el cine le salvó

Pedro Almodóvar vuelve por la Palma de Oro con la que probablemente será recordada como una de sus películas más redondas y personales. El director manchego se abre en canal para brindarnos un precioso relato autobiográfico (y metacinematográfico). Y es que "Dolor y Gloria" es una obra prácticamente maestra que supone, además, la mejor interpretación de Antonio Banderas en toda su carrera. Siendo Pedro tenía que ser. A ella.

¿De qué va?

“Dolor y Gloria” narra una serie de reencuentros, algunos físicos y otros recordados después de décadas, de un director de cine en su ocaso. Primeros amores, segundos amores, la madre, la mortalidad, algún actor con el que el director trabajó, los sesenta, los ochenta y la actualidad. Y el vacío, el inconmensurable vacío ante la imposibilidad de seguir rodando. También habla del teatro como elemento que dinamita/dinamiza el pasado y lo arrastra hasta el presente. Habla de la creación, cinematográfica y teatral, y de la imposibilidad de separar la creación de la propia vida.

¿Quién está detrás?

Pedro Almodóvar abierto en canal

¿Quién sale?

Al contrario que “Julieta”, “Dolor y Gloria” es una película con protagonistas masculinos, Antonio Banderas y Asier Etxeandía, donde Almodóvar también recupera a dos actrices que adora: Penélope Cruz y Julieta Serrano, en personajes secundarios esenciales. Todos ellos bordando sus respectivos papeles, mención aparte merece un Banderas estoico, en el que es, sin duda, su mejor papel desde "La piel que habito". ¿El mejor papel de su carrera? más que probable. Mención aparte merece la presencia y voz de Rosalía. Como siempre.

¿Qué es?

Todo sobre Almodóvar

¿Qué ofrece?

"Y no me llores por favor. Los actores os empeñáis en buscar al lágrima en todo momento, no me llores en el escenario que el buen actor de verdad lo que hace es luchar por contener las lágrimas, no por soltarlas". Frase tan sugestiva como lapidaria, tan profunda como decididamente honesta, que define el sello de un artista. De hecho, es el consejo clave que Banderas en la piel de Salvador (es decir, del propio Pedro) da a quién fuera su actor fetiche, Alberto (interpretado por un genial Asier Etxeandia). Y es, también, el principio básico por el que se rige la magistral "Dolor y Gloria". La contención en su dimensión más emocional y a su vez, en su versión más cruda y pura, siendo el que desprende algo así como un efecto tántrico, en el que uno no para de sentir y padecer, de sonreír y suspirar, de deleitarse pero también compungirse con un obra que esta cuidada al mas mínimo detalle, que a pesar de su innegable esteticismo, de ese sello pop-art que tanto y tan bien caracteriza el cine de Almodóvar, lejos de parecer impostada, resulta del todo orgánica y natural. Y es que fluye sola. 

En efecto, la última creación del maestro manchego es un artefacto visualmente sublime, autobiográficamente catártico, que más allá de hablarnos del ocaso de un director, la que nos cuenta es ante todo una historia de reencuentros. Reencuentros ante cámara y tras ella. El reencuentro de Antonio con Pedro, el de Pedro con su infancia, con su madre, con la España de los 80, la de los 60 y, por descontado, el de Pedro con el cine (y su cine). Un cine que como él mismo nos reconoce, "le salvó". Un cine que además de suponer una tabla de salvación para afrontar y vivir en plenitud el ciclo de la vida, en el caso de "Dolor y Gloria" significa asimismo una nueva cumbre para el director manchego, en cuyas cotas tienen cabida los amores y desamores, el coqueteo con las drogas, el trauma del proceso creativo, la nostalgia por un pasado tortuoso pero a su vez idealizado que también ciñe luminosidad sobre un presente en el que parece no haber lugar para la felicidad, sí para el vacío. Contradicciones y contrastes del todo estimulantes que, unidos a su carácter agudamente metacinematográfico, a un cierre que directamente será recordado como uno de los más redondos de su cine, nos lleva a imaginar el Goya tanto como la Palma de Oro. ¿Y el Oscar? Todo a su debido tiempo.





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