Crónica Cannes 2019: "Bacurau" solos ante el peligro

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Cannes 2019: "Bacurau" solos ante el peligro

Se dice que muchas veces, de forma no premeditada, los festivales de cine resultan ser un fiel reflejo de la actual situación socio-política que atraviesan los diferentes países del mundo que on representados por sus películas. Pues bien, el comienzo de la presente edición de Cannes se antoja la indiscutible prueba de ello. De los zombies de Jim Jarmusch que nos radiografían la América de Trump al explosivo thriller policial de Ladj Ly que buena cuenta nos da el caos social en el que esta sumido Francia, pasando ahora por "Bacurau", el neowestern de Kleber Mendonça Filho que funciona como fiel, pero también desprejuiciado retrato de los efectos que tiene en la identidad de Brasil la política ultraderechista de Jair Bolsonaro. 

¿De qué va?

En un futuro cercano...el pueblo de Bacurau llora la muerte de su matriarca Carmelita, que falleció a los 94 años. Algunos días más tarde, los habitantes se dan cuenta de que el pueblo ha desaparecido del mapa.

¿Quién está detrás?

"Sonidos de Barrio" (presentada a concurso en el Atlàntida 2013) significaba la primera (y asombrosa) incursión en la ficción del brasileño Kleber Mendonça Filho. Si esta no fuese película sino relato, podría haberlo firmado el hijo imposible de John Cheever y Patricio Pron. Pero como es el caso, y hablamos de cine, sería algo así como si cruzáramos las favelas de "Ciudad de Dios" con la burguesía perturbada de "Caché" o como si Claire Denis rodara un remake de "La Zona" de Rodrigo Plá. Un debut mayor que, sin embargo, no alcanzó el merecido impacto que sí tuvo su posterior "Doña Clara (Aquarius)". Como si de la Gloria Desmond de "El Crepúsculo de los Dioses" se tratara, como si a la "Gloria" de Sebastian Leilo nos llevara, Sonia Braga se metía en la piel de Doña Clara, una diva rebosante de carisma que se echaba todo el peso de la película a sus espaldas. Un personaje decidídamente único, asombrosamente auténtico, al servicio de un discurso social tan crítico como expansivo.

¿Quién sale?

Lo nombres de Sonia Braga y Udo Kier destacan sobre un reparto coral que está mayoritariamente formado por actores no profesionales.

¿Qué es?

Una mezcla de ciencia ficción y neo-western que nos habla del Brasil hoy.

¿Qué ofrece?

Es inevitable obviar las palabras y la alarmante denuncia que los realizadores Kleber Mendonça Filho y Juliano Dornelles han vertido respecto a la política de Bolsonaro antes del estreno mundial de "Bacurau" que ha tenido hoy lugar en el marco de la 72 edición del Festival de Cannes. Tal y como nos informaba la agencia EFE hace apenas una semana, ambos han acusado al actual presidente de Brasil de pretender acabar y destruir a su mejor embajador: la cultura. De hecho, Bolsonaro, en el poder desde el pasado 1 de enero, anunció su intención de limitar las subvenciones públicas a los artistas y revisar los importantes patrocinios que da la petrolera estatal Petrobras a determinados proyectos culturales, entre los cuales encontramos, por ejemplo, su previa "Aquarius". Una situación que se antoja del todo crítica y ante la que parece que han decidido contraatacar con una desprejuiciada parábola política que hibrida los géneros del western, la ciencia ficción y la sátira. Una sugerente mezcla de géneros que comienza con un prólogo verdaderamente potente, excelentemente filmado y fotografiado, que tristemente, decae a partir de su segundo acto a pesar de las muy loables virtudes que atesora. Pero mejor, empecemos por partes.

Primero y ante todo, cabe destacar que el nombre "Bacurau", que da pie al título y también al poblado que capitaliza el relato, es uno que evoca el misterio de algo que está ahí, vivo, en la oscuridad, pero que nadie puede ver. Y, curiosamente, lo que le ocurre a este pueblo es que desaparece del mapa tras el corte de suminsitros tan básicos como la luz y el agua o la educación y la sanidad. Hablamos de un poblado que vive en armonía y en autarquía fuera de toda posible influencia política. Una forma de vida donde no hay desigualdad, sí mucho desenfado y libertad, que les permite evitar estar subyugados a un determinado poder, el del capitalismo y neoliberalismo más cruel y deshumanizado que bien ejemplifica la política de Bolsonaro. Pero claro, en el momento que el pueblo desaparece del mapa una forma de vida que se disipa, su identidad se volatiliza. Lo ancestral choca con el hipermodernismo, y lo hace merced de una conspiración política ideada por el propio gobernador brasileño y ejecutada por un séquito de estúpidos norteamericanos comandados por, como no, Udo Kier. Y es precisamente en el momento en el que el hombre blanco hace acto de presencia que la película se viene abajo, entrando en una espiral de obviedad, de escenas innecesariamente alargadas, que le llevan abrazar el carácter naif en su sentido más esperpéntico y vacuo. La denuncia social resulta del todo evidente y excesivamente subrayada, algo que, desde luego, no era de esperar ateniéndonos a la complejidad y a las múltiples capas por las que se distinguen los dos anteriores y magníficos proyectos del realizador brasileño. Aún y así, su virtuoso tratamiento, su estilizado dispositivo formal  en el que reinan los colores vivos y saturados, así como un trabajo de fotografía que se percibe minuciosamente cuidado, hacen de "Bacurau" una propuesta tan loable en su discurso como majestuosa en su forma que, además, nos arroja a unos disfrutables estallidos de violencia que podría haber firmado el mismísimo Tarantino.




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