Crónica Cannes 2018: "Shoplifters" soy un truhán, soy un amor

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Cannes 2018: "Shoplifters" soy un truhán, soy un amor

No podía faltar a la cita. El prolífico director de "Nadie Sabe", nombre habitual de la Croisette, 'vuelve a casa' tras competir en la pasado Festival de Venecia con "El Tercer Asesinato". Y lo hace con "Shoplifters". En otras palabras, la que probablemente sea la mejor película de Hirokazu Kore-eda desde "Still Walking" (2008). Es decir, su mejor film de la última década. A ella.

¿De qué va?

Al regresar de una nueva expedición de hurto, Osamu y su hijo recogen en la calle a una pequeña que parece haberse quedado sola. Al principio, la esposa de Osamu parece reacia a albergar a la niña por la noche, pero acepta cuidarla cuando comprende que sus padres la han maltratado. A pesar de su pobreza, y sobreviviendo gracias a sus pequeños robos, los miembros de esta familia parecen vivir felices, hasta que un incidente revela brutalmente sus secretos más terribles.

¿Quién está detrás?

“Shoplifters” supone la séptima película en Selección de Cannes y cuarta en Competición para Hirokazu Kore-eda, galardonado con el premio del jurado en 2013 por "De tal padre, tal hijo" (2013).

¿Quién sale?

Actores notables, alguno de los cuales, como Kiki Kilin, van camino de convertirse en fetiche. Icónico personaje de la abuela de "De tal padre, tal hijo" (2013) y "Después de la tormenta" (2016), la actriz es la maravillosa decana de "Shoplifters". Es también el caso de Lilly Franky, a quien también ya le vimos interpretar un papel de similares características en la ya mencionada "De tal padre, tal hijo" (2003). Junto a ellos trabaja por vez primera a las órdenes de Kore-eda Ando Sakura, rostro muy reconocible para todos los fans de Sion Sono y concretamente, de "Love Exposure" (2008).

¿Qué es?

“El pequeño salvaje” que rodaría Ozu. 

¿Qué ofrece?

De buenas a primeras, la que probablemente suponga la mejor película de Hirokazu Kore-eda en la última década. Tras incurrir por vez primera en el thriller criminal como fue el caso de su anterior “El tercer asesinato”, el realizador japonés vuelve al universo familiar que supone el santo y seña de su inconfundible obra, aunque esta vez lo haga desde una vertiente opuesta y novedosa. ”Shoplifters" es un melodrama con retazos de comedia en el que convergen realismo y poesía. Una película que se mueve con firmeza en la fina línea que separa la risa del llanto, en su seguimiento de una pequeña delincuente que es acogida por una familia cuya presencia e integración en la misma revela un imprevisto secreto que pone a prueba los lazos que les unen. Es decir, Kore-eda sigue explorando las relaciones familiares poniendo una vez más el foco en la infancia, y lo hace bajo el techo de esta entrañable familia de truhanes para reafirmarse en que el sentimiento paternal y maternal se debe a los lazos de afecto más que a los lazos de sangre. Reflexión que hilvana centrando su mirada nuevamente en los niños, tanto en el hijo que la familia ya tiene como en el que adopta. Y tal y como ya hiciera en el caso de "De tal padre, tal hijo" o "Nadie Sabe", vuelve a poner el foco en una familia de clase baja, unos buscavidas que pese a mostrar una actitud delincuente ante la vida, se profesan cariño y amor de una forma ejemplar, un sentimiento que rebosa empatía y sensibilidad. En otras palabras, lo que viene a decirnos es que el amor y ante todo la bondad, no está reñido con la criminalidad. Es más, podría llegar incluso a dar ejemplo a aquellos que viven en la (supuesta) legalidad. 

Poco más puedo adelantar sobre su base argumental, básicamente porque nos encontramos ante un guión que sorprende con trascendentes y sorprendentes giros. De hecho, la que "Shoplifters" transita es una historia cuya construcción es absolutamente consecuente con el universo trilero en el que incurre, donde nada es lo que realmente parece. Sugerente premisa que se articula además sobre una de las películas formalmente más complejas del responsable de "Milagro". Gran parte de la misma está rodada en el propio habitáculo de la familia. Un espacio tremendamente reducido y sobrecargado en el que Kore-eda se mueve como pez en el agua, ubicando su cámara como si del mismísimo Ozu se tratara. Conjunción de virtudes que hace de "Shoplifters" una película que nos invita a vivir en un mundo mejor partiendo de los estratos más bajos. Y lo hace sin olvidar su idiosincrasia de drama realista, sin mostrar un ápice de autocomplaciencia. Como para no caer rendido, vamos. 



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