Crónica Cannes 2018: "Mandy" cuando Nicolas Winding-Refn encontró a Rob Zombie

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Cannes 2018: "Mandy" cuando Nicolas Winding-Refn encontró a Rob Zombie

"Mandy" engloba lo que debería ser un hype con todas las de la ley. La nueva película de Panos Cosmatos es un portentoso ejercicio de estilo, un ochentero thriller de venganza que mezcla los inconfundibles universos de Rob Zombie y Nicolas Winding-Refn y que viene protagonizado, ojo, por Nicolas Cage, quien da vida a un hombre devastado y perseguido después de que el amor de su vida haya sido asesinada a manos de una secta religiosa enloquecida. A la caza.

¿De qué va?

Red Miller ha encontrado el amor de la mano de Mandy, una fascinante mujer. Cuando el líder de una secta irrumpa con sus monstruosos secuaces en la vida idílica de Red, a este no le quedará más remedio que jurar venganza. 

¿Quién está detrás?

"Beyond the Black Rainbow" es su predecesora y principal valedora. Fue allá por 2011 que un debutante Panos Cosmatos (hijo del director de "Cobra" y "Rambo”) irrumpió en la escena del género con una película hipnótica y cercana a la abstracción, que hacía de la nostalgia por estéticas demodé la clave de un discurso visionario. Una oda a la ciencia ficción de los años 80 que trazaba una narrativa a medio camino entre el cine experimental y el surrealismo que sorprendió a todo aquel que tuvo la suerte de encontrársela en el Festival de Sitges, donde tuvo lugar su estreno nacional. En el caso de “Mandy”, destacar también que supone uno de los últimos trabajos del recientemente fallecido Johan Johansson. La ochentera composición musical que nos brinda ya forma parte de su eterno legado.

¿Quién sale?

Como bien se nos indica desde el festival, lo cual no podemos hacer más que corroborar, "Mandy" supone también la muestra definitiva de que estamos ante un actor, Nicolas Cage, en la cúspide de su expresión artística. Denlo por seguro, si ha venido a Sitges es porque estamos ante su papel más relevante desde "Teniente Corrupto" (2009). Junto a él encontramos a Andrea Riseborough en una caracterización rebosante de fragilidad aunque también de latente brutalidad. En el otro lado nos encontramos a una familia de villanos que directamente nos lleva a Rob Zombie y sus “Renegados del Diablo”. De hecho, además de la perturbadora presencia de Olsen Fouler, (a quien el pasado año pudimos ver en "The Survivalist" ) entre ellos encontramos también, seguro no por casualidad, a Richard Brake, con quien Zombie ya trabajó en “31”. 

¿Qué es?

Rob Zombie + Nicolas Winding Refn

¿Qué ofrece?

Dos días atrás comentábamos en nuestra crónica dedicada a la nueva película de Gaspar Noé que su “Clímax” representa lo que verdaderamente es vivir el cine como experiencia. Pues bien, desde un espectro y un tratamiento bien diferente, lo mismo podríamos decir de la segunda película de Panos Cosmatos. Más allá de brindarnos (con permiso de "Mom and Dad") el celebrado resurgir de Nicolas Cage, “Mandy” es un thriller de venganza que tiene el descaro de incurrir la serie Z desde un marcado carácter arty. Es decir, emplea uno de los subgéneros más directamente relacionados con el cine trash para elaborar un visceral ejercicio de estilo, cuidadosamente elaborado a todos los niveles, tanto desde su texturizado y granulado tratamiento de la imagen como su fascinante trabajo de iluminación y sonido. Y es que cada una de sus secuencias y de sus extraordinarios planos funcionan como un cuadro en movimiento muy influenciado por el expresionismo alemán y el universo metalero, por ese cine de género que mezcla la acción más violenta y descerebrada con una marcada atmósfera de terror en la que hay lugar incluso para inspirados retazos de humor autoconsciente e inspiradamente absurdo. En este sentido, Nicolas Cage sigue siendo Nicolas Cage. Su exacerbada gestualidad y desmedido histrionismo empleados en este caso como un estimulante recurso metacinematográfico. Todo encaja. Y es que tal y como sucede en el cine de Nicolas Winding Refn, “Mandy” es una impactante pieza de género que más allá de su atronador aparato formal, su radicalidad yace principalmente en lo suspendido de su trama y acción. Es algo así como un efecto tántrico de abrumador poderío sensorial que puede provocar en el espectador una orgiástica sensación de delirante psicodelia. En definidas cuentas, una obra de culto instantáneo que pide a gritos ser una y otra vez revisionada. La experiencia está asegurada.


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