Crónica Cannes 2018: "Leto" aquello que amamos

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Cannes 2018: "Leto" aquello que amamos

Dos son los directores que este año no han podido asistir a presentar sus películas en el Festival de Cannes por encontrarse condenados en sus respectivos países por sendos arrestos domiciliarios. Al ya conocido caso de Jafar Panahi, que este año competirá por la Palma de Oro con "3 Faces", se suma ahora el del ruso Kirill Serebrennikov, arrestado desde julio de 2017 por un supuesto desfalco de 1.000.000 de euros en su gestión del Teatro Gogol. Ni tan siquiera el hecho de que el propio Thierry Fremaux se haya puesto en contacto directo con Putin ha permitido que pueda venir a presentar su nueva película, "Leto". La respuesta del mandamás ruso se ha remitido a la imposibilidad de que pueda mediar por la independencia en la que se enmarca el poder judicial en el estado ruso...en fin, hoy más que nunca, el Festival de Cannes funciona como espejo del mundo. Nosotros a lo nuestro, a "Leto".

¿De qué va?

Leningrado, un verano a principios de la década de 1980: la escena del rock está en pleno apogeo. Viktor Tsoï, un joven músico que creció escuchando, como muchos otros, a Led Zeppelin y David Bowie, intenta hacerse un nombre. El encuentro con su ídolo Mike y su esposa, la bella Natacha, cambiará su destino. Juntos construirán la leyenda de Viktor, que lo llevará a la eternidad.

¿Quién está detrás?

Su trayectoria reciente habla por si sola. De presentar "Betrayal" (2012) en la Sección Oficial del Festival de Venecia y hacer lo propio con "The Student" (2016) en Un Certain Regard, a competir este 2018 en Sección Oficial de todo un Festival de Cannes. Tanto con la primera como con la segunda se metió al bolsillo a la crítica internacional y, como no hay dos sin tres, mismo caso debería ser el de "Leto"

¿Quién sale?

De su elenco principal destacamos dos nombres, el de sus dos protagonistas principales, ambos líderes y vocales de los dos grupos musicales que capitalizan "Leto". Por un lado el músico profesional y asimismo actor debutante, Roman Bilyik. Por el otro, el coreano Teo Yoo, que se ha echado a la piscina sin saber hablar una pizca de ruso. Lo suyo ha sido limitarse a aprenderse el guión, una decisión aparentemente temeraria pero finalmente acertada, ya que la sensación de outsider que en todo momento emana su figura le va como anillo al dedo.

¿Qué es?

El "24 hour party people" que a cuatro manos rodarían John Carney y Philippe Garrel.

¿Qué ofrece?

La primera candidata en presentar todas las credenciales necesarias para brillar con luz propia en el palmarés final. Denlo por seguro, Kirill Serebrennikov estará en la carrera final para el premio a Mejor Director. "Leto" se presenta como la crónica real de la génesis de la escena rock underground soviética de los años 80 a través de dos de sus grupos más míticos e icónicos, y lo hace centrándose en el verano en el que precisamente se empezaron a dar lo primeros pasos hacia los inicios de la Perestroika. Tiempos de esperanza, aunque no de gloria, que sobrevuelan una película que ante todo se centra en el proceso creativo. En lo que entonces significaba componer música; cuando se estaba totalmente sometido a un régimen que, más allá de demonizar lo que ellos denominaban occidentalización, prohibía directamente la libertad de expresión. ¿Qué componer? ¿Qué contar? ¿Qué letra gestar que no deba salir de su pensamiento o su corazón? ¿Somos rock o somos punk? Y en definitiva, ¿cuál es nuestra identidad?

Es el principal conflicto sobre el que constantemente levita "Leto", dejando en un segundo plano el triángulo amoroso en el que se embarcan sus protagonistas. Es por ello que las menciones a grupos como T-Rex, Blondie o Led Zeppelin son constantes, como aquellos grupos a los que les es imposible asemejarse por más que lo deseen y sueñen con ello. Básicamente, porque nunca tendrán la libertad para componer que tuvieron ellos. Pese a todo, otra de las grandes virtudes que posee "Leto" es que en ningún momento los personajes se quejan de esta opresión de forma directa. Les envuelve y les afecta, la transmiten, pero explícitamente no la lamentan. 

Bajo esta atractiva premisa, lo que el responsable de "The Student" articula es, ante todo, un sublime ejercicio de estilo en el que, más allá del recio empleo del blanco y negro o de un tratamiento de imagen admirablemente matizado, brillan con luz propia sus fugas musicales y transgresiones formales. La irrupción del color o la sobreimpresión de textos y de elementos de animación son los principales elementos sobre los que pivota la personalísima y memorable interpretación de temas como Psycho Killer de Talking Heads,  Passenger de Iggy Pop o A Perfect Day de Lou Reed. En otras palabras, todo aquello que amamos. Eso es "Leto".

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