Crónica Cannes 2018: "Cold War" amor imposible, Palma de Oro posible

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Cannes 2018: "Cold War" amor imposible, Palma de Oro posible

Su anterior y magistral "Ida" cosechó una plétora de galardones internacionales, entre ellos el Oscar 2015 a Mejor Película de Habla no Inglesa. Un listón que dejó bien alto y que todos esperamos expectantes a saber si Pawel Pawlikoski lo volverá a igualar (es difícil de superar) con su nueva película. Seleccionada para la lucha por la Palma de Oro, hoy ha tenido su estreno mundial la esperada “Cold War”. Es sin duda otro de los platos fuertes que nos tiene deparados esta 71 edición del Festival de Cannes. 

¿De qué va?

Durante la Guerra Fría, entre la Polonia estalinista y el París bohemio de la década de 1950, un músico amante de la libertad y una joven cantante apasionada viven un amor imposible en un momento imposible.

¿Quién está detrás?

El realizador polaco Pawel Pawlikoski vuelve al ruedo cinco años después de hacerse con el Oscar a Mejor Película de Habla no Inglesa con “Ida” (2015), una de las grandes sensaciones del cine europeo de los últimos tiempos, obra maestra atemporal que se quedará para siempre impregnada en nuestra retina. 

¿Quién sale?

Nuevamente las protagonistas de “Ida”: Agata Kulesza (la propia Ida, Mejor Actriz en el FICX 51) y Joanna Kulig, que ya colaboró con Pawel Pawlikowski en “La Mujer del Quinto” (2011). Dos actrices en estado de gracia a quienes en este caso se les suma Tomasz Kot, a quien recientemente pudimos ver en la exitosa "Dioses".

¿Qué es?

Cartier-Bresson + Brasaï

¿Que ofrece?

La historia de un amor imposible que retoma, e incluso mejora, las mismas virtudes visuales y formales de su predecesora “Ida”. Inspirada en parte por el romance que vivieron los propios padres del director, la que “Cold War” nos cuenta es una apasionada historia de un amor platónico que se gesta a camino entre dos universos tan extremadamente opuestos como pueden ser el París bohemio y la Polonia estalinista. Un sentimiento incondicional sin posibilidad de profeso en tiempos de represión y posguerra que bien escenifica, de forma alegórica y explícita, esa suerte de 'guerra fría' a la que el título hace referencia. La batalla ha desaparecido, no así su rastro. 

La nueva película de Pawel Pawlikoski recupera las virtudes formales y visuales que contribuyeron a la magia de "Ida", es el caso del majestuoso tratamiento del blanco y negro que en este caso directamente nos lleva a la fotografía de Henri Cartier-Bresson y de Brasäi. También el empleo del formato de los 4/3, así como de la depuración precisa con la que trabaja el ensamblaje de los planos fijos. Tanto es así que en "Cold War" es la imagen quien vence a una narrativa que se construye a base de abruptas y constantes elipsis cuya profundidad y poso, todo hay que decirlo, no está del todo trabajado y definido. Y lo digo como virtud, no como defecto. Porque lo que el realizador polaco parece tener claro es cuales son sus defectos (de los cuales se protege) y cuales son sus virtudes (las cuales las explota). Cada una de las set-pieces sobre los que su relato se plasma son cuadros maestros, de una belleza fotográfica tan delicada como definitivamente excelsa, que son en muchos de los casos impregnados por el ecléctico y omnipresente empleo de la música diegética, donde resuena el folklore, el jazz y hasta el rock’n’roll. Y es que vaya Pawlikoski como filma la música en directo. Puede que "Cold War" no alcance la intrínseca excelencia de su memorable predecesora, que no estemos ante una absoluta obra maestra, aún así, lo que si que se nos presenta es una obra de orfebrería visualmente soberbia. Una maravilla para todos los sentidos a la que para nada le vendría grande la anhelada Palma de Oro.

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