Crónica Cannes 2017: "The Killing of a Sacred Deer" Yorgos Lanthimos habla coreano

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Cannes 2017: "The Killing of a Sacred Deer" Yorgos Lanthimos habla coreano

"Sentí nauseas después de leer su guión". Son las primeras palabras que Colin Farrell dedicó al nuevo film de Yorgos Lanthimos que él mismo protagoniza. Visto lo visto, entendido. "The Killing Of A Sacred Deer" es un thriller psicológico con elementos sobrenaturales que se construye sobre un joven con sed de venganza, un doctor que debe tomar una importante decisión y su familia, que tiene que luchar por sobrevivir. Y no, no nos la podían vender mejor tratándose del responsable de "Canino".

¿De qué va?

Steven, un brillante cirujano, asume bajo su manto a un adolescente. Este último se inmiscuye paulatinamente en su familia y resulta cada vez más amenazante, hasta conducir a Steven a un impensable sacrificio.

¿Quién está detrás?

Él fue el responsable de trasladarnos el terror cotidiano más afilado y perturbador visto desde "Funny Games" con "Canino", también de la psicoterapia más enrevesada y perturbadora que uno pueda llegarse a plantear ("Alps") o de la (anti)love-story más marciana que uno pueda llegarse a imaginar. Con todo lo dicho, solo nos queda añadir que somo fans acérrimos de Yorgos Lanthimos.

¿Quién sale?

"The Killing of a Sacred Deer" nos confirma lo que "Langosta" en su momento ya nos atisbó. Yorgos Lanthimos es, por derecho propio, el director que mejor partido sabe sacar a Colin Farrell y encima, desde la más absoluta inexpresividad y contención. Bien podríamos estar ante el Mejor Actor de esta nueva edición del Festival de Cannes. Le acompaña una Nicole Kidman que viene a confirmarnos su anhelada resurrección (que la tengamos presente en tres películas de Sección Oficial da buena fe de ello) así como un emergente Barry Keoghan, descubierto en "71", consolidado en "The Killing of a Sacred Deer" y a quien pronto veremos en "Dunkirk".

¿Qué es?

Una película de venganza que bien podría resultar coreana y que está rodada como si de Kubrick se tratara.

¿Qué ofrece?

"The Killing Of A Sacred Deer" es un thriller psicológico con elementos sobrenaturales que se construye sobre un joven con sed de venganza, un doctor que debe tomar una importante decisión y su familia, que tiene que luchar por sobrevivir. Y es, ante todo, el tipo de propuesta que uno espera disfrutar en toda una Sección Oficial del Festival de Cannes. Si hay un leit-motiv que caracteriza la línea de programación de esta lustrosa 70 edición esa es la falta de amor en las esferas más altas y acomodadas o mejor dicho, la falta de su profeso, así como sus asoladoras causas y devastadores efectos. Desde diferentes enfoques y discursos el "Happy End" de Michael Haneke, el "Loveless" de Andrei Zvyagintsev, el "Before we vanish" de Kiyoshi Kurosawa o incluso "The Square" de Ruben Östlund entran en esta terna de lleno. Un póquer de lujo al que hoy se suma "The Killing of a Sacred Deer" de Yorgos Lanthimos, una obra técnicamente hablando, prodigiosa, que presenta un diseño de producción tan exquisito como esplendoroso y que desde la más perniciosa contención, se sumerge en una retorcida historia de venganza que bien podría resultar coreana. Siguiendo los pasos del Park Chan-wook de "La Doncella" o incluso "Old Boy", otro director que al igual que el responsable de "Langosta", no va precisamente justo de excentricidades, "The Killing Of A Sacred Deer" se revela en un thriller tan provocativo como mezquino, una obra que directamente coquetea con el género del terror y que al igual que mandan los cánones del cine que distingue a Lanthimos, extrapola su carácter doméstico al servicio de la una incisiva crítica social que en este caso, tiene la lucha de clases como soterrado telón de fondo. En ella encontramos muchos paralelismos con "Happy End", sobre todo en como confronta el amor por el prójimo con el individualismo (manifestado en este caso en el acto del sacrificio). Pero también en la dependencia que la clase baja tiene sobre una clase alta que rige su destino. Una inevitable sumisión a la que el director de "Alps" responde con una descarnada rebelión que lleva su provocativo e incendiario sello impreso. Más allá del griego, el canino.



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