Crónica Cannes 2017: "Loveless" desde Rusia sin amor

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Cannes 2017: "Loveless" desde Rusia sin amor

Es un valor seguro. Andrei Zvyagintsev vuelve hacer gala de la maestría que atesora, y lo hace siguiendo misma línea de una filmografía tan distinguida como coherente y definitivamente única, que está formada por dramas morales, todos ellos indiscutiblemente ambiguos. Porque su cine no da lecciones de conductivismo, más bien se presta a la confusión y a la decrépita autenticidad de la vida real: donde no hay héroes ni villanos. Fue el caso de sus cuatro obras maestras anteriores, también lo es de su portentosa "Loveless". Lo dicho, maestro.

¿De qué va?

Boris y Zhenya están en proceso de divorcio. Discuten sin cesar y encadenan las visitas a su apartamento para venderlo cuanto antes. Ya están preparando sus respectivos futuros: Boris está emparejado con una joven embarazada y Zhenya frecuenta a un hombre adinerado que parece dispuesto a casarse con ella. Ninguno de los dos parece estar interesado en Aliocha, su hijo de doce años. Hasta que desaparece.

¿Quién está detrás?

La de Andrei Zviagintsev es una mirada tan esplendorosa como imponente, aquella que engloba todos y cada uno de los referentes que han dotado de identidad propia su imprescindible obra. Su cine tiene reminiscencias de Tarkovski, Eisenstein y Vertov, cuya impoluta formalidad se mezcla con la contenida agresividad realizadora de contemporáneos como Sergei Loznitsa o el malogrado Aleksey Balabanov

¿Quién sale?

Maryana SpivakAlexei Rozin nos brindan un avasallador tour de force que no da lugar alguna a la sobreactuación. Y eso que ambos debutan. Estoicos

¿Qué es?

"Loveless" es Rusia sobre el terreno hanekiano de "71 fragmentos de una cronología al azar" y "El séptimo continente". Pero también un punto y seguido a "El Regreso" así como el reverso de "Elena".

¿Qué ofrece?

Una valor seguro, un premio seguro. Como ya manda la tradición, Andrei Zvygintsev vuelve hacer gala del poderío que atesora a la hora de narrar y traducir en imágenes de gran significado simbólico (y artístico) la descarnada visión, prácticamente apocalíptica, que tiene sobre una Rusia deshumanizada y sin alma. Y como era de esperar, lo hace partiendo de la esfera íntima para abrazar un discurso social y colectivo que apunta con ojo certero a un mismo objetivo: Rusia. Fue en "Leviatán", su anterior y elegíaco film, donde encontramos esa disección de la traumática relación padre-hijo sobre la que basculaba la sobrecogedora "El Regreso", también el retorcido triángulo amoroso que desataba el conflicto en "The Banishment" o, el inevitable control social del poder sobre el que incidía "Elena", con la pequeña gran diferencia que si ésta estaba protagonizada por una ama de casa sumisa que elabora un plan para que su hijo y sus nietos tengan una oportunidad en la vida, en el caso de "Loveless" da completamente la vuelta a la tortilla, por más que la meta sea la misma. Y es que tal y como su título bien indica, aquí no hay amor que valga. Básicamente porque nadie lo siente, ni tan siquiera los padres hacia su hijo. O quizás sea que el sentimiento lo contienen soterrado pero no saben expresarlo porque la sociedad sobre la que sus vidas se rigen se lo ha infundado. Más que nada porque son víctimas de un país cuyas máximas son el deseo exclusivamente carnal o la belleza superficial. También la riqueza y por descontado, el embelesamiento más insustancial. "Loveless" te atrapa desde el primer minuto para dejarte finalmente sin respiro. Lo que vendría a ser sufrir de lo lindo, pero en el mejor de los sentidos. Premio seguro.

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