Crónica Cannes 2017: "Happy End" familia Haneke

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Cannes 2017: "Happy End" familia Haneke

Podríamos confeccionar un largo historial de películas donde se narra el ocaso de una familia y, con ello, el fin de una época. Un historial en el que por supuesto, "Happy End" ocuparía un puesto con todos los privilegios. La nueva y extraordinaria película del director de "La Pianista" no sólo nos habla de una familia erosionada que vive aislada de una realidad social, si no que la hace servir como demoledor reflejo de los cambios devastadores en el mundo y la mirada de aquellos que no han sabido (o querido) adaptarse y deciden quedarse recluidos, apartados, remotos y estáticos en su burbuja. Una burbuja que en este caso se aísla de nuestra hastiada Europa. Rica en pasados, vacía en presentes. Nada nos atrae más que el apocalipsis y si no, que se lo pregunten a Michael Haneke.

¿De qué va?

"Happy End" se centra en la vida de una familia burguesa del norte de Francia asaltada por una serie de sinsabores, que no presta mucha atención a la miseria instalada en los campos de inmigrantes, situados a pocos kilómetros de su casa. 

¿Quién está detrás?

Michael Haneke al fin da luz a una idea que viene gestando desde los tiempos de "Amour". Su filmografía destaca por apuntar con ojo certero ha a los rincones más oscuros y desasosegantes de la condición humana. En un mundo que banaliza la violencia hasta hacerla pasar inadvertida. Enfrentarte a una de sus películas es un desafío a la resistencia psicológica y un pasaporte a los mecanismos de la angustia, a la alienación y al vacío moral del mundo contemporáneo sobre el cual no ha cesado de desempolvar, de forma envidiable, los elementos contradictorios de una sociedad del bienestar en la que la opulencia siempre esconde lo siniestro."Happy End" es una nueva e imperturbable prueba de ello.

¿Quién sale?

La gran familia europea o mejor dicho, lo que queda de ella, la conforman habituales actores fetiches de Haneke como es el caso de Isabelle Huppert Jean-Luis Trintignant, a quien en este caso se les suma Mathieu KassovitzFantine Harduin, Franz Rogowski y ojo, un invitado de excepción como es el caso del británico Toby Jones.

¿Qué es?

La película que bien podría llevar a Michael Haneke a llevarse su tercera Palma de Oro consecutiva.

¿Qué ofrece?

"Happy End" ha sido inmejorablemente definida por su propio padre y autor como "una imagen congelada, un retrato de familia y todo lo que ello implica". Y claro, tratándose del director de "Caché", uno se puede imaginar a que atenerse. En efecto, hablamos del austero y descarnado retrato de una sociedad, la nuestra, deshumanizada y desalmada o mejor dicho, de su parabólico reflejo en forma de una familia elitista de alta burguesía entre cuyos miembros apenas se atisba un mínimo de sensibilidad o empatía. Una familia embelesada de su lustroso patrimonio cuya opulencia no solo les impermeabiliza del catastrófico drama que asola al mundo en la actualidad, sino que básicamente les condena a la más autodestructiva apatía, a la infelicidad más supurante y la indiferencia más quebrada. El sentimiento devorado, el amor difuminado. El fin de una estirpe, pero ante todo el ocaso de una era. La decadencia de una sociedad cuyo esplendor definitivamente se funde, de una funesta riqueza que inevitablemente se pudre. Ellos son la punta de un iceberg, también responsables en gran parte, de la miseria que a sus cimientos sacude.

Un discurso demoledor que como no podía ser de otra forma tratándose de Haneke, transciende el poder de la imagen y armado de la comprensión psicológica de lo que filma, lleva al espectador a un estado de amenaza e incomodidad latente merced de la sinuosa dosificación de la información con la que se construye. También merced de la calculada pulcritud formal por la que se rige, cuya geométrica verticalidad en el encuadre viene sugerentemente condicionada por las cámaras de móvil y las nuevas tecnologías que se apoderan de la imagen hoy día. Con todo ello, probablemente estemos ante aquella obra que mejor condensa y aglutina la provocativa y cáustica filmografía del director austríaco. Y es que no por casualidad, menos aún por gratuidad, en ella encontramos inequívocas referencias a "El vídeo de Benny" (en su atenazante primera secuencia), a "Caché" (la 'amenaza' de la inmigración está presente) o incluso "Amour" (en un guiño explícito que el personaje interpretado por Jean-Luis Trintignant dedica a su desaparecida Emanuelle Riva). Redonda sí, aunque más bien, necesariamente cuadrada. Veremos si repite Palma.

 

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