Crónica Cannes 2015: "Louder than Bombs" que lío de familia

Autor: Joan Sala (Filmin) Fuente: Filmin

Crónica Cannes 2015: "Louder than Bombs" que lío de familia

El noruego Joachim Trier se dio a conocer cuatro años atrás con "Oslo, 31 de agosto", una de las óperas primas más reveladoras y estimulantes que uno recuerda haber disfrutado en los últimos tiempos. Tanto es así que la resonancia mundial que obtuvo, tanto a nivel de público, como ante todo de crítica y festivalero, le ha llevado a cruzar el charco con su segundo film. Rodeado de la expectación que bien merece, “Louder than Bombs” al fin llega a nuestros ojos en el inmejorable marco que supone su concurso oficial en el Festival de Cannes.

¿De qué va?

La próxima exposición de las obras de la famosa fotógrafa Isabelle Reed, fallecida inesperadamente hace tres años, obliga a Jonah, su hijo mayor, a volver a la casa familiar y a pasar tiempo con su padre, Gene, y su introvertido hermano pequeño, Conrad, después de algunos años. Aprovechando que están juntos, Gene intenta desesperadamente reconectar con sus hijos, mientras los tres se esfuerzan en reconciliarse con lo que sienten por la mujer a la que cada uno recuerda de forma diferente.

¿Quién está detrás?

El sobrino de Lars Von Trier cruza el charco. Tras su arrolladora adaptación de "El fuego fatuo" con la deslumbrante "Oslo, 31 de Agosto", Joachim Trier rueda en inglés manteniendo sin embargo, mismo sello artístico.

¿Quién sale?

Con un triplete de estrellas conformado por Isabelle Huppert, Gabriel Byrne y Jesse Eisenberg (y con el permiso de David Strathairm), quien realmente brilla sin embargo, es el joven y enigmático Devin Druid. Frío como el hielo...o quizás no tanto. El futuro es suyo.

¿Qué es?

La película que tendría en su cabeza el muchacho protagonista, el de la bolsa en la cabeza, de “American Beauty” (personaje interpretado por Wes Bently).

¿Qué ofrece?

Un drama familiar desgarrador y profundo, muy complejamente estructurado, arriesgadamente narrado, virtuosamente plasmado. Partiendo del terrible trauma que supone el enfrentarse de forma abrupta a la pérdida de un ser querido, Joachim Trier enfoca el montaje de tan devastadora trama desde tres puntos de vista bien diferentes, como si de una lírica evocación del estilo narrativo de “Rashomon” se tratara: tres miradas marcadas por un trauma que en este caso son la del padre y cabeza de familia, así como la de sus dos hijos, cada una por su lado, cada una marcada por sus recuerdos, su historia y particular trasfondo. Y aquello que logra no es otra cosa que una película visualmente portentosa y espiritualmente desgarradora, cuyo tono, hiriente y trascendente, conlleva en todo momento una sensación de imprevisibilidad, de doliente emoción e incluso de incisiva amenaza en el espectador. Tal y como su propio título nos sugiere, estamos ante lo que podríamos denominar un bombazo audiovisual (que no solo sentimental) de largo alcance, que además de regalarnos momentazos que se sienten tan explosivos como hermosos a nivel formal, tan inesperados como sorprendentes a nivel de estructura de guión, tiene también la particular virtud, la sorprendente valentía, de construir y caracterizar a sus personajes de forma aversiva y nada condescendiente. Es decir, ateniéndonos a sus actos y toma de decisiones (sobretodo si nos referimos al hermano mayor y el padre) Trier crea una distancia en el que no da pie a cimentar una tramposa empatía hacia el espectador, una tentación en la que seguro, hubiera caído cualquiera que no confiara de pleno en la abrumadora inteligencia emocional y sensibilidad visual que el realizador noruego demuestra atesorar. Lo que nos lleva a vivir una experiencia de visionado tan imponente como definitivamente inolvidable. De aquellas que bien merece un fin de semana de cine.


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