Crónica Cannes 2015: "Cemetery of Splendour" narcótico Apichatpong

Autor: Joan Sala (Filmin) Fuente: Filmin

Crónica Cannes 2015: "Cemetery of Splendour" narcótico Apichatpong

En resumidas cuentas, "Cemetery of Splendour" es la historia de la enfermedad del sueño que asedia a un soldado, cuidado por una mujer, cuyo malestar parte de alucinaciones y visiones fantasmales. Y todo ello rodado además en un pseudo(hospital) construído sobre lo que anteriormente fue un reino y que encima está situado en el pueblo natal del director, que no es otro que Apichatpong Weerasthakul. Al lío.

¿De qué va?

Soldados con una misteriosa enfermedad del sueño se transfieren a una clínica temporal en una antigua escuela. Un espacio rebosante de memoria se convierte en un mundo de revelación para el ama de casa y voluntario Jenjira, mientras cuida de Itt, un apuesto soldado sin visitas familiares. Jen se hace amigo de la medium Keng, una joven que utiliza sus poderes psíquicos para ayudar que los seres queridos puedan comunicarse con pacientes en estado de coma. Y entre tanto, puede haber una conexión entre el síndrome enigmático de los soldados y el antiguo sitio mítico que se encuentra debajo de la clínica. La magia, la curación, el romance y los sueños son parte de la trayectoria de la oferta de Jen a un conocimiento más profundo de sí misma y del mundo a su alrededor.

¿Quién está detrás?

5 años después de ganar la Palma de Oro con "Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas" y tras haber trabajado a lo largo de este impase en 9 cortos que le han servido de materia prima para su nuevo largo, Apichatpong Weerasthakul vuelve a Cannes, aunque en este caso para participar en Un Certain regard y no en Sección Oficial.

¿Qué es?

La secula no reconocida de "Syndormes & Centuries"

¿Qué ofrece?

Lo nuevo de Apichatpong Weerasthakul está poblado por sueños extraños, fantasmas, romances, alguna inclasificable criatura y sin embargo, probablemente estamos ante su película más accesible y menos radical hasta la fecha, lo cual no quiere decir que no por ello, pueda resultar tan memorable como absolutamente disfrutable. La experiencia de visionado de "Cemetery of Splendour" es algo así como entrar en un magnético limbo, en un estado de permanente letargo somnoliente y prácticamente narcótico (las cabezadas y ronquidos de quienes he tenido sentados a mi alrededor da buena fe de ello) que levita sobre una permanente sensación de armonía y un tierno humor que desprende un relajante, meditativo y definitivamente distendido estado de ánimo. Claves, virtudes, que en mi caso me ha llevado a entrar en una embriagadora simbiosis con las hipnóticas secuencias y esotéricas conversaciones que poblan la pantalla y que suspenden a sus entrañables personajes sobre un tempo que no es esclavo del tiempo tanto como de la mísitica e incorpórea sensibilidad sobre la que su inabarcable ánima subyace.

Poniendo nuevamente en liza elementos clave en la filmografía de del director de "Uncle Boonmee", como lo son la reencarnación, la aparición de lo fantasmagórico o incluso un esquinado humor, aunque en este caso de una forma mucho más latente, más sugerente, que explícita o palpable, "Cementery of Splendour" tiene además el detalle de dejarnos para el recuerdo una transición tan formalmente prodigiosa como sensorialmente esplendorosa, que se dilata hasta llegar a las entrañas de una mirada que ante todo rebosa espiritualidad y alma. Y eso que tampoco podemos obviar un trabajo de sonido que nuevamente vuelve a erigirse en el amo y señor de la función, tal y como pasa con la inmensa mayoría de la abrumadora obra de Apichatpong. Una experiencia de visionado cuyo lugar de proyección no debería ser tanto una sala de cine como un balneario. Y lo digo en el mejor de los sentidos. A flotar.

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