Crónica Berlinale 2020: "There is no Evil" cuatro sentencias de muerte

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Berlinale 2020: "There is no Evil" cuatro sentencias de muerte

Mohammad Rasoulof ha sido el responsable de cerrar la lucha por el Oso de Oro con “There is no Evil”, un ambicioso alegato, tan ‘Babeliano’ como ‘Kafkiano’, contra la pena de muerte, que por imperativos de Teherán, el responsable de “La isla de hierro” no ha podido acudir a Berlín a presentar. Prohibición y golpe de opresión que lamentablemente ya empieza a ser habitual para los cineastas iraníes en festivales europeos. Y si no, que se lo pregunten a su compatriota Jafar Panahi. Y es que tantas son las similitudes entre ambos que bien podría seguir los pasos de “Taxi Teherán” (2015) haciéndose asimismo con el Oso de Oro. Desde luego que números los tiene todos.

¿De qué va?

Cuatro historias sobre fortaleza moral y pena de muerte que cuestionan hasta qué punto la libertad individual puede expresarse en un régimen despótico.

¿Quién está detrás?

Es junto a Jafar Panahi uno de los máximos exponentes del cine iraní contemporáneo y al igual que su homólogo, su obra se entronca en una constante lucha contra la censura en su país. Ganador del premio a Mejor película en Un Certain Regard de Cannes gracias a su anterior “A Man of Integrity” (2017), las siete obras que componen la imprescindible filmografía de Mohammad Rasoulof, incluyendo aquella con la que se dio a conocer mundialmente, como es el caso de  “La isla de hierro”, han sido víctimas de la censura. De hecho, también junto a su homólogo Panahi fue arrestado en 2010 en pleno set de rodaje y condenado a un año de prisión por el régimen iraní.

¿Quién sale?

Los protagonistas de estas cuatro historias son Heshmat (Alireza Zareparast), un esposo y padre ejemplar que se levanta muy temprano todos los días aunque no sabemos hacia dónde se dirige. Pouya (Kaveh Ahangar), un verdugo que no puede sobrellevar ejecutar a otro hombre, por mas que le obliguen a ello. Javad (Mohammad Valizadegan), un enamorado que el día que decide proponerle matrimonio a su amada se encuentra con que no será ésta la única sorpresa con la que se encuentre. Y finalmente Bahram (Mohammad Seddighimehr) un médico que no puede practicar medicina y que ha decidido desvelar un secreto que cambiará para siempre la vida de su sobrina. 

¿Qué es?

Un alegato “Babeliano” y "Kafkiano" contra la pena de muerte que impera hoy día en Irán.

¿Qué ofrece?

En 1979, la revolución islámica azotó las fronteras de Irán, sumiendo al país persa en un régimen opresor liderado por el ayatolá Khomeini. Era el primer paso hacia la nueva Irán que se ha conformado hasta hoy, una Irán hermética que ha fantaseado con la bomba atómica mientras era asfixiada por las multas internacionales lideradas por Estados Unidos. Y es que no hay como empaparse del cine que actualmente nos viene de Irán para entender la represora situación que ha atravesado el país árabe, donde los cambios sociales y políticos impuestos por el extremo conservadurismo del intolerante régimen islámico ha conllevado una dictadura que supone un control estricto por parte del estado de toda expresión cultural generada en sus fronteras, principalmente para evitar mensajes contrarios al régimen que puedan despertar las conciencias ciudadanas y auspiciar revoluciones indeseadas como la que “There is no Evil” representa a través de las cuatro historias que se vinculan (y en algún de ellas, entrecruzan) para llegar a una misma meta: el alegato contra la pena de muerte. En este sentido, la principal cuestión que la nueva película de Rasoulof aborda es hasta qué punto un individuo es libre de tomar sus decisiones en un régimen despótico, con las inevitables amenazas y peligros asociados que esto conlleva. Y en el centro de semejante dilema, la fuerza moral y la pena de muerte. ¿Resistir o sobrevivir? Esta es la cuestión. Articuladas cada una de las cuatro historias que componen “There is no Evil” con códigos de género tan dispares como bien pueden ser el thriller o el melodrama, conectadas todas ellas de forma tan trágica como inexorable, la nueva y ambiciosa película del responsable de “A Man of Integrity” presenta todas las credenciales necesarias para hacerse con el consenso de un jurado que bien podría otorgarle un Oso de Oro. Y es que más allá de sus irregularidades e imperfecciones en su compleja construcción narrativa, ante todo hablamos de una película profundamente humanista y humana, intachable asimismo en su ideario moral tanto como político y en cómo la pena de muerte puede azotar el espectro íntimo, ya sea a nivel familiar y sentimental, más allá del individuo que muere. Es decir, lo tiene (casi) todo para hacerse con el premio gordo.

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