Crónica Berlinale 2020: "Days" un Weekend con Tsai

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Berlinale 2020: "Days" un Weekend con Tsai

Ha supuesto otra de las grandes sorpresas que nos ha deparado el anuncio de esta renovada 70 edición de la Berlinale. 6 años despúes de "Stray Dogs", el realizador malayo Tsai Ming-Liang vuelve a incurrir en la ficción con la extraordinaria "Days", una historia sobre un breve encuentro entre dos hombres y su posterior separación. Dicho de otra forma, un "Weekend" con Tsai.

¿De qué va?

Kang vive solo en una casa grande. Non en un pequeño departamento en la ciudad. Un día se encuentran, y luego se separan, y sus días fluyen como antes. 

¿Quién está detrás?

Son ya prácticamente seis años los que el autor de “El sabor de la sandía” (2005) llevaba sin enfrentarse a la ficción en largo, concretamente desde aquella monumental, prácticamente maestra,“Stray Dogs” (2014), de la cual se llegó a rumorear que bien podría ser su última ficción. No ha sido así, puesto que más allá de algún que otro documental como “Your Face” (2017) o experimentar con el VR con la genial “The Deserted” (2018), Tsai Ming-Liang vuelve ahora a primera plana, y lo hace sumándose a la lucha por el Oso de Oro con "Days”.

¿Quién sale?

Como no podía ser de otra forma, su fiel amigo y actor fetiche, el indispensable Lee Kang-sheng, acompañado en este caso del debutante Anong Houngheuangsy. Pero quien ante todo sale son sus cuerpos, sus rostros.

¿Qué es?

Un "Weekend" con Tsai.

¿Qué ofrece?

"Esta película se presenta intencionadamente sin subtitular". Es el sugestivo intertítulo con el que abre fuego la extraordinaria “Days", toda una declaración de intenciones si nos atenemos que no es otro que Tsai Ming-Liang quien nos lo advierte. Su nueva y esperadísima ficción tras "Stray Dogs" (2014) sigue, sin embargo, mismo rumbo hacia ese vaciado formal al que habían derivado sus documentales previos estrenados durante estos últimos años. Lo cual viene a confirmarnos que es, en definitiva, donde se dirige ahora su cine. Ya sea uno u otro el formato. Es decir, el poderío del artefacto formal que articula sus anteriores y más emblemáticas ficciones es ahora destilado hacia un tratamiento naturalista en su estado más austero y crudo. Lo cual no quiere decir que estemos ante un Tsai menor, más bien formalmente diferente y además, del todo coherente, si nos atenemos a la radicalidad por la que se ha distinguido siempre su insobornable mirada, enmarcada en su totalidad en los parámetros del cine resistente, aquel que se mantiene insondable y firme ante las transformaciones del mundo moderno. Cuanto más nos afecta el ruido, más desnudo y silente se muestra él. Y es que, denlo por seguro, no será por casualidad que su nueva película comience donde su anterior "Stray Dogs" finalizaba: con un plano fijo y extremadamente dilatado de Lee Kang-shen observando la lluvia. Es el significativo prólogo de una obra que también nos habla sobre lo imprevisto de la pureza del amor, sobre su corta duración al que esta destinado en el sobrecargado mundo de hoy. 

Un acercamiento íntimo y romántico que, a través del tacto y contacto, y por más que el encuentro entre ambos parta de un pago, es capaz de abstraerse de la inevitable posibilidad de caer en la alienación en las relaciones sentimentales y humanas que ha traído consigo esta nueva era millennial. Más que nunca, su cine como refugio de las nuevas tecnologías y la modernidad. Algo así como ya sucediera con alquien tan lejano, pero a la vez tan paralelo, como el francés Jacques Tatí, aunque al contrario de su Hulot, quien recorría la ciudad para enfrentarse a un mundo que no entiende, Lee Kang-shen por su parte opta por resguardarse en su casa de ese otro mundo que le supera, de los grandes edificios y el bullicio urbano que le rodean. El suyo es un hogar enmarcado en un agreste entorno rural que, inevitablemente, se siente en vías de extinción. Y es que tan solo sale de él para mantener un encuentro sexual que acaba por resultar profundamente romántico y sentimental. Es precisamente entonces cuando por vez primera Tsai deja de lado la cámara estática para brindarnos el primer movimiento de cámara. De la reclusión a la confrontación, de la calma al ruido. Y es que todo cuadra. De hecho, es a través de un masaje corporal, del empleo de las manos, las caricias y en definitiva, el contacto físico, que surge la atracción en su estado mas profundo y sentido. Lo cual bien podríamos interpretar como analogía reivindicativa del universo artesanal, también del contacto físico mucho más allá del virtual. De hecho, ninguna de las dilatadas escenas sobre las que se articula la radicalmente fascinante y delicadamente sobrecogedora “Days” carece de significado reivindicativo. Es también el caso de los más de 10 minutos que la cámara observacional de Tsai dedica a acompañar un cocinado, deteniéndose incluso en el encendido del fuego, algo difícil de ver en la procesada y manipulada industria alimenticia por la que se rige la nutrición del mundo moderno a día de hoy. Obra perfecta, obra redonda.



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