Crónica Berlinale 2020: "Dau. Natasha" el gran aparato

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Berlinale 2020: "Dau. Natasha" el gran aparato

Bien podríamos estar ante el proyecto más loco y delirante de la historia del cine. Al fin ha visto la luz un concepción quimérica que parecía ya olvidada, abandonada. 10 años de rodaje, más de 700 horas de material filmado y la recreación real del Moscú de finales de los años 50 y principios de los 60 en el que han estado viviendo, sin abandonar el set durante 2 años, sus 50 principales protagonistas. 50, sí. Hablamos de "Dau", de su responsable Ilya Khrzhanovsky y en definitiva, del que bien podría ser uno de los proyectos más épicos y fascinantes que jamás hayan sacudido el mundo del séptimo arte: una simulación a gran escala del sistema totalitario bajo Stalin. Pues bien, tras inaugurarse la exposición interactiva y definitiva de este proyecto polifacético y multidireccional durante el pasado Otoño en París, "Dau" llega ahora a Berlín en forma de película (a competición) y suerte de serie de 6 horas (Special Gala). Y bien podemos empezar por decir que,  después de una década de espera, de inabarcables expectativas infundadas, la fascinante y radical "Dau. Natasha" ha respondido sobradamente a ellas. Synecdoche Ukraine.

¿De qué va?

Natasha trabaja en la cantina de un instituto de investigación soviético secreto. Bebe mucho, le gusta hablar de amor y se embarca en una aventura. La seguridad del estado interviene. Una historia de violencia que es tan radical como provocativa.

¿Quién está detrás?

Nacido en Moscú, URSS en 1975, Ilya Khrzhanovsky se graduó del Instituto Estatal de Cinematografía de Rusia (VGIK) en 1998. Su película debut, "4", ganó un Premio Tigre en el Festival Internacional de Cine de Rotterdam. Comenzó a trabajar en DAU, un proyecto multidisciplinario en la intersección del cine, el arte y la antropología, en 2006. Es decir, 14 años han tenido que transcurrir para que el director ruso, así como la co-directora Jekaterina Oertel y el director Jürgen Jürges pueda al fin celebrar la puesta de largo de "Dau", y por todo lo alto.

¿Quién sale?

Tal y como advertimos en la introducción son 50 los principales protagonistas del proyecto que han estado habitando durante 2 años las instalaciones de "Dau" metidos en todo momento en la piel de sus personajes. De hecho, son ellos mismos, ni tan siquiera cambian los nombres. Intérpretes no profesionales que desde luego, son ya actores de primera línea. Empezando por su estrella Natalia Berezhnaya, pero también por quienes le secundan, como es el caso de Olga Shkabarnya, Vladimir Azhippo Alexei Blinov o el francés Luc Bigé. En ellos está gran parte del secreto del logro que supone "Dau.Natasha".

¿Qué es?

El corazón de "Chernobyl" al crudo y natural, con alma de Andrei Zvyagintsev y forma de Lars von Trier.

¿Qué ofrece?

Lo que "Dau" prometía era un monumental biopic centrado en Lev Landau, un atractivo científico soviético con dos claras pasiones: la física y las mujeres. Una mente maravillosa, y de las de verdad. De hecho, el objetivo primigenio de la producción era dramatizar la vida de este físico ganador del Premio Nobel que avanzó significativamente en la mecánica cuántica con sus teorías sobre el diamagnetismo, la superfluidez y la superconductividad. Sus opiniones sobre el sexo y el matrimonio anticiparon el verano del amor por décadas y su vida, que pedía a gritos una película biográfica, recibió un acto final de pesadilla después de que estrellara su automóvil cerca de Moscú en 1962. El físico pasó dos meses en coma y la ceremonia del Premio Nobel fue directamente trasladada a su mesilla de noche. En "Dau. Natasha" sin embargo, Landau ni aparece. Sí lo hacen por su lado un buen puñado de significativos personajes satélites a través de los cuales, ponemos en contexto su ciclo de vida dentro del absolutismo marcado por la etapa stalinista. De hecho la película, apenas sale de los interiores del cuartel general de investigación y su respectiva cantina. Tampoco le hace falta para profundizar cómo lo hace, a través de una apabullante capacidad inmersiva, en el descarnado totalitarismo y en cómo éste afecta, o más bien erosiona y directamente dilapida, el profeso del amor al prójimo y en definitiva, las relaciones humanas. El individuo subyugado por los corruptos y desalmados mecanismos de un insondable aparato de estado represivo y autoritario, psicológicamente abatido por las fuerzas de seguridad que lo fustigan a través de vigilancias e interrogatorios o, incluso, medido y anulado a base de alcoholazo e interminables lingotazos. 

Es bajo esta cruda y demoledora premisa que "Dau. Natasha" penetra en los abismos de nuestra psicología, en la aterradora capacidad de perversión que tiene un estado represor para alienar al individuo y dejarlo cual títere sin cabeza. Hablamos de un ambicioso tour de force imponente  y multidireccional ejecutado a través de una cadencia ante la cual imposible resulta no caer absorbido, cuyo poderío cinemático se eleva sobre su superficie aparentemente teatral hasta hacer desembocar este ambicioso, prácticamente quimérico proyecto, en una primera obra concebida con mano de hierro. Y es que más allá de ser extrema, intensa y provocativa (en ella hay una memorable escena de sexo explícito que lejos de resultar gratuita, guarda un gran sentido significativo) lo que "Dau. Natasha" ante todo demuestra ser es la obra de un maestro. Tal y como reza uno de los personajes de la película: "La esperanza es la madre de todos los idiotas pero aún y así existe". Tanto es así que precisamente es la esperanza que nos ha llevado finalmente experimentar, e incluso superar las altas expectativas que teníamos abocadas sobre un proyecto tan ambicioso como el que nos ocupa. Y lo mejor de todo, es que esto no ha hecho más que empezar. Próxima parada: las 6 horas de "Dau. Degeneratsia".

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