Crónica Berlinale 2019: "Temblores" el caso Guategay

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Berlinale 2019: "Temblores" el caso Guategay

Uno no acaba de entender la línea de programación de la Sección Oficial en esta nueva edición del Festival de Berlín que supondrá, además, la despedida definitiva de Dieter Kosslick del certamen tras dirigirlo a lo largo de los últimos 18 años. Si ya sorprende ver la notable "Light of my Life" relegada una sección paralela cuando no hay representación norteamericana alguna, más lo hace aun que también hayan relegado al guatemanteco Jayro Bustamante a Panorama tras estrenar cuatro años atrás su poderoso y prometedor debut "Ixcanul" en Sección Oficial. Más aún si resulta que "Temblores" es incluso mejor que su exitosa predecesora. En efecto, no hay quién lo entienda.

¿De qué va?

Pablo se enamora de Francisco y deja a su devota familia evangélica en la ciudad de Guatemala. Sus familiares, sin embargo, ponen su fe y la familia por encima de todo y se aferran a la idea de poder curar a Pablo.

¿Quién está detrás?

"Temblores" supone el segundo largometraje de Jayro Bustamante tras la aclamada "Ixcanul", un viaje del miedo a la libertad a través de un paisaje espectacular, sustentado sobre un abrumador poderío atmosférico, que nos llevaba a los confines del mundo más remotos.

¿Quién sale?

Un represivo triángulo amoroso maravillosamente interpretado por Juan Pablo Olyslager, María Telón (a quien ya pudimos ver en "Ixcanul"), ( y el debutante Pedro Javier Silva Lira).

¿Qué es?

O más bien, que debería ser. "Temblores" bien podría haber sido "Las Herederas" (en versión gay) de este año. Tanto a nivel cualitativo, como originario y discursivo, van de la mano. Mismo amor, misma lluvia... y también, mismo éxito, si no hubiera sido relegada a un segundo plano. Incomprensible como mínimo.

¿Qué ofrece?

"Temblores" confirma lo que "Ixcanul" prometía. Es la prueba definitiva de que estamos ante un gran nombre del nuevo cine latino. Y es que ya se sabe, suele decirse que para un director es más difícil alcanzar el éxito con su segunda película que con la primera. Si te has consolidado con tu ópera prima, tendrás que superar las expectativas impuestas por tu debut o al menos, igualarlo. Y en el caso del guatemanteco Jayro Bustamante tenía el listón bien alto. Pues bien, lejos de caer derrotado, incluso se ha superado. Y encima lo ha hecho reafirmando su sello autorial, tanto a nivel discursivo como formal. 

Si con "Ixcanul" nos trasladaba a un relato de carácter intrínsicamente autóctono marcado por la represión familiar, por la crisis de identidad y la pertenencia tribal, impregnado asimismo por la ritualidad y espiritualidad indígena que atañe a la tribu maya cakchiquela, así como a la esplendorosa, volcánica, prácticamente narcótica naturaleza de la que se rodea; en el caso de "Temblores" nos adentra en la ciudad de Guatemala para relatarnos, nuevamente, otra historia marcada por la represión familiar y la crisis de identidad. Es decir, diferente contexto para un mismo texto. 

De hecho, resulta del todo sorprendente, y a su vez escalofriante, el arco de su personaje principal. Un exitoso hombre de negocios, padre de una muy acaudalada familia, que es repudiado de la misma en el momento que le descubren manteniendo una relación sexual con otro hombre. Vamos, que es gay. Una revelación a la que asistimos desde su primera escena. Es decir, el cómo es descubierto queda completamente fuera de campo. Directamente arranca con la confrontación. Estimulante elipsis que, sin duda alguna, supone su primer acierto desde el mismísimo comienzo. A partir de aquí, lo que debería ser liberador (se emancipa a un apartamento que aspira a remodelar para que sus hijos puedan visitarle y pueda vivir libre de ambages su verdadero amor y sentimientos) le lleva a un absoluto descenso a los infiernos. Despedido de su trabajo, privado de ver a sus hijos, señalado incluso como pedófilo, Pablo acaba siendo presa de la represión social y la manipulación religiosa (tengan en cuenta que tal y como el propio director ha reconocido, el 98% de la población guatemanteca es católica practicante) a través de la cual, intenta recuperar una vida que realmente, tampoco le pertenecía. En efecto, para echarse a temblar. Y es que en esta extraordinaria película, tal y como el propio titulo nos indica, todo tiembla. La propia ciudad, la familia, Pablo, desde luego, y nosotros con él. Haciendo gala de un agudo sentido del humor, con la cámara incrustada en todo momento a sus personajes, rodada mayoritariamente entre cuatro paredes y plasmada en 35 mm a través de un recio trabajo de fotografía, Jayro Bustamente nos ha relegado la que sin duda será, una de las más sólidas y memorables películas de esta 69 edición de la Berlinale. Directa que va al saco de nuestras favoritas.


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