Crónica Berlinale 2019: "Öndög" dinosaurios antes que humanos

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Berlinale 2019: "Öndög" dinosaurios antes que humanos

Merecedor de un Oso de Oro por "La boda de Tuya", el realizador chino Wang Quan’an vuelve con la hermosa y entrañable "Öndög" a su tierra prometida. Lo decimos por Berlín, sí, pero ante todo, por esa remota Mongolia la cual también la cual le pertenece. Su nueve película es un carismático testimonio fílmico sobre una forma de vida que se extingue o, mejor dicho, sobre aquellas personas (y animales) que estoicamente se resisten a que desaparezca. Empezando por los dinosaurios y acabando en los humanos. 

¿De qué va?

Una mujer es hallada asesinada en la estepa de Mongolia. Durante la noche, un policía joven e inexperto tiene que asegurar la escena del crimen. Dado que no está familiarizado con los peligros del lugar, le envían a una pastora lugareña para protegerle a él y al cadáver. Esta resuelta mujer sabe cómo manejar un rifle y cómo ahuyentar a los lobos. Deben pasar la noche juntos. A la mañana siguiente irán por caminos separados.

¿Quién está detrás?

Wang Quan’an es otro de los hijos pródigos de la Berlinale desde que lograra llevarse contra todo pronóstico el Oso de Oro por "La Boda de Tuya" allá por el 2006. Algo que volvió a intentar con la alocada comedia "Apart Together" (2010) o con la épica y ambiciosa "White Deer Plain" (2012)un relato supuestamente épico de más de tres horas de duración seleccionado en último momento y al que me enfrento, no sin pereza, aunque si con sorpresa.

¿Quién sale?

Los lugareños mongoles no profesionales Dulamjav Enkhtaivan, Aorigeletu Norovsambuu

¿Qué es?

"Érase una vez en Anatolia" + "Sueños del Desierto"

¿Qué ofrece?

Pese a ser de nacionalidad china, Wang Quan'an lleva en sus venas sangre mongola, ya que su madre nació y se crió en las profundas estepas del interior de Mongolia. Un dato que se antoja clave para entender la razón que le ha llevado a rodar en dicha tierra remota su galardonada y mundialmente aclamada "La Boda de Tuya" como ahora "Öndög". Tanto en una obra como en la otra, aunque sea desde registros formales y narrativos diametralmente opuestos, se empapan de su forma de vida, también de la desertización a la que se ven abocados sus contados lugareños después de que los administradores locales les obligan a abandonar sus pastos. De hecho, si hay un principal paralelismo que las une y directamente relaciona, es que ambas sirven como hermoso testimonio fílmico antes de que este tipo de vida desaparezca del todo. Como prueba irrefutable de que todavía hay quien se resiste a que este arraigado universo se volatilice. Es lo que se nos sugiere en "Öndög", cautivador a su vez que hipnótico cuento rural que se nos traslada desde una extraña mezcla de géneros en el que tienen cabida la comedia, el thriller, la road movie o incluso, el western. Todos ellos al servicio de un entrañable retrato etnográfico en el que su excelso e indómito paisaje es el verdadero protagonista del relato y, por lo tanto, el principal responsable de dotarle de una genuina autenticidad y de un latente carácter poético. El resto es cosa de un poderoso a su vez que riguroso trabajo de cámara, en el que cada encuadre, cada desplazamiento, cada fotograma, está milimétricamente ejecutado y maravillosamente iluminado. Difícilmente veremos una película tan especialmente bella y simpática en el presente festival. Imposible no caer rendido ante ella. Quizás, el hecho de que en su segundo tramo se disperse un tanto y en cierta forma, se deje llevar por el piloto automático, provoca que esta crepuscular carta de amor a una tierra olvidada no opte a un reconocimiento mayor como bien podría ser el Oso de Oro.


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