Crónica Berlinale 2018: "Trinta Lumes" los muertos giran

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Berlinale 2018: "Trinta Lumes" los muertos giran

Responsable de inaugurar el último Festival de Ourense, que se celebró el octubre pasado, "Trinta Lumes" es una obra tremendamente personal, un particularísima mezcla de ficción y documental rebosante de esoterismo y misticismo arraigada a las raíces de una tierra tan remota como hermosa. Gestada a lo largo de 6 años, el primer largometraje de la montadora y realizadora gallega Diana Toucedo tiene su estreno mundial en la Sección Panorama de la presente Berlinale y se nos presenta como "un viaje a un mundo en vías de extinción visto desde la perspectiva de tres chicas que habitan la región. Una obra arraigada a su tierra natal que reimagina la Galicia rural como un lugar mítico en el que conviven los vivos y muertos".

¿De qué va?

Alba tiene doce años y desea descubrir lo desconocido, lo misterioso y lo fascinante de la muerte. Con su mejor amigo Samuel entran en casas abandonadas, recorren pueblos destruidos y se adentran en el interior de unas montañas que esconden otro mundo paralelo. Un viaje que parte de la inocencia para descubrir el misterio de la lucha entre la vida y la muerte.

¿Quién está detrás?

Cineasta y montadora gallega residente en Barcelona, entre los trabajos de Diana Toucedo como editora encontramos "La noche que no acaba" de Isaki Lacuesta, la animación "Chico y Rita" de Fernando Trueba, "O Quinto Evanxeo de Gaspar Hauser" de Alberto Gracia o más recientemente, el corto premiado en Cannes y recientemente ganador del Goya, "Los desheredados" de Laura Ferrés. Aparte de su trabajo en el campo cinematográfico Diana Toucedo es también docente de montaje audiovisual en el IDEC/Universidad Pompeu Fabra, en la Universidad Autónoma de Barcelona y en la ESCAC. 

¿Quién sale?

Vecinos e la sierra del Courel, un conglomerado de pequeñas aldeas recluidas en en sí mismas, por el aislamiento geográfico, por la dureza de la vida ahí y porque siempre son los mismos. La pequeña Alba, entre vivos y muertos.

¿Qué es?

"El Cielo Gira" + "Le Quattro Volte" + "Verónica"

¿Qué ofrece?

Mercedes Álvarez nos regaló en su día uno de los documentales más emblemáticos de la historia del cine español. "El cielo gira" (2005) se revelaba en una pionera mezcla de documental y drama que relataba la vida cotidiana de los últimos y ancianos habitantes de una pequeña aldea de un remoto pueblecito de España. La realizadora soriana volvía a sus orígenes para asistir a ese final de un estilo de vida al tiempo que intentaba recuperar una imagen primera del mundo, de la infancia. Pues bien, para hablar de "Trinta Lumes" y ser verdaderamente conscientes de la relación directa que guarda con "El cielo gira", se nos antoja clave entender el significado de su título. Son 30 fuegos en gallego y tal y como ha explicado en más de una ocasión Diana Toucedo, hace alusión a que en la zona donde está rodada no se cuenta por habitantes, sino por los fuegos de los hogares. Y son 30, en este caso, porque, entre las 50 aldeas que hay en El Courel sólo quedan 30 niños que, además, cuando llegue el momento de ir al instituto, tendrán que dejar sus hogares e irse a a las principales ciudades de Galicia.

Y es que "Trinta Lumes" en efecto, nos documenta un estilo de vida que desaparece. Una ruralidad directamente ligada a la naturaleza en un enclave tan remoto y agreste como definitivamente fascinante. Sin embargo, y aunque su carta de presentación pueda atisbar lo contrario, el debut de Diana Toucedo se aleja de lo etnográfico para abrazar lo fantástico, como si la magia del cine se diera de bruces con la vida real. Lo que ahora le llaman mezcla de ficción y documental pero elevado a su máxima expresión, vamos. El carácter lúdico que nos proporciona la mirada de su protagonista Alba (con permiso del paisaje, por supuesto) frente al sentimiento crepuscular de posible fin de un ciclo de vida. Y es precisamente Alba quien verdaderamente atesora el conmovedor carácter poético que eleva "Trinta Lumes" a otra dimensión. Ella es la única que ve y convive con los fantasmas de los muertos, con aquellos que en su día se fueron pero una vez fallecidos, han vuelto. Lo que uno bien puede interpretar que lo que verdaderamente hace su carácter sobrenatural es abrir una nueva puerta a la esperanza a la posibilidad de que precisamente sean elllos, los más pequeños, quienes acaben por recuperar una forma de vida que parece que se va. Es el misterio de convivir con los muertos, con un tipo de vida que desaparece, pero a su vez regresa con ellos. Hablamos de una propuesta hechizante tanto a nivel formal como conceptual. Un debut extraordinario, nada efectista y que en todo momento evita el regodeo, que escucha la ruralidad, la siente y se eleva sobre ella. Nunca didáctica, y menos aún manierista o gratuitamente sentimental, la directora adquiere riesgos creativos que los solventa con marcada sobriedad. A fuego vivo.


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