Crónica Berlinale 2018: "La Prière" lejos de este mundo

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Berlinale 2018: "La Prière" lejos de este mundo

Cédric Kahn, despojado de prejuicios, desde la escueta concreción, con un equilibrio y una delicadeza que desbordan el realismo, relata la recomposición de una personalidad a través del restablecimiento de vínculos, mediante la disciplina, la rutina y la oración que, dirigiéndose a Dios, resulta un vehículo hacia uno mismo y hacia los demás. Porque la redención, la salvación, viene a decir Kahn, agnóstico, son, como el infierno, los otros. 

¿De qué va?

"La Prière" nos habla de Thomas, un joven de 22 años, que para superar su drogodependencia, se une a una comunidad religiosa aislada en el monte en la que los jóvenes se rehabilitan a través del recogimiento espiritual. Ahí descubrirá la amistad, las normas, el trabajo, el amor y la Fe.

¿Quién está detrás?

Ganador del Premio Jean Vigo y Mejor Director Joven de Cannes 1994 por "Trop de bonheur", merecedor del Premio Especial del Jurado en el Festival de San Sebastián 2014 con su anterior "Wild Life", a Cédric Kahn (quien recientemente también ha trabajado como actor a las órdenes de Pawel Pawlikoski en "Cold War" o de Joachim Lafosse en "Después de nosotros") podéis descubrirlo en Filmin con "Una vida mejor", angustiosa e igualmente conmovedora love-story de aires neorrealistas que relata un romance sacudido por la crisis económica que da pie a embargos en los que se reflejan todos los detalles de los préstamos bancarios. Sueños Rotos. Así es la vida.

¿Quién sale?

Anthony Bajon se hizo con el Premio a Mejor Actor en el pasado Festival de Berlín y bien podría repetir galardón en Gijón. Tan voraz y febril como tierno y sutil en esa doble caracterización que conlleva interpretar a un adicto en desintoxicación (el antes y el después), lo suyo es toda una demostración de recursos y virtudes. A destacar el papel secundario de un francófono Àlex Brendemühl como director del centro. Templado y sobrio como un témpano.

¿Qué es?

La fe en el humano (y la naturaleza)

¿Qué ofrece?

Cédric Kahn parece estar cansado de este mundo, y desde luego que no es el único. "La Priére" desde un espectro fraternal y religioso, su anterior "Wild Life" desde un contexto familiar y asalvajado, tanto una como la otra, tienen un claro nexo de unión. Bien el adicto en fase de desintoxicación que llega a un remoto centro de rehabilitación en plena montaña en "La Priére", así como el padre de familia que escapa junto a sus hijos a las entrañas de la naturaleza tras perder su custodia en "Wild Life", ambos protagonizan el tránsito de la opresión a la liberación, de la amargura y la autodestrucción a la armonía y la regeneración. Un estado de bienestar existencial que logran a la que se liberan de los ambages que les maniatan a la rígida convivencia en una sociedad alienada y capitalista como la nuestra. La verdadera liberación la logran en el momento que abrazan un arraigo absoluto con la naturaleza, así como cuándo consiguen desarraigarse definitivamente del mundo urbano. Por más que en este caso el elemento de unión no sea otro que la oración. La oración, sí, que no la religión. "No sé si creo en Dios pero orar me relaja", espeta en una secuencia clave Thomas. Una afirmación que bien resume en esencia "La Priére". 

Lo que a Cédric Kahn le interesa no es reivindicar la fe como salvación. Más bien la comunión, tanto entre humanos como hacia la naturaleza. Porque si hay una principal virtud a destacar de su nueva y sólida obra es que nos encontramos con una mirada profundamente humanista, donde las relaciones entre personas se rigen en todo momento por la solidaridad, la empatía, la fraternidad y eso sí, siempre lejos de la sociedad. De hecho, aquí es el violento y problemático quien irrumpe en un lugar de paz, no viceversa como suele ser el caso de las múltiples propuestas que se enmarcan en este mismo contexto de jóvenes que llegan a nuevos centros o colegios. Aquí no hay lugar al bullying, sí al compañerismo y la hermandad. Y es precisamente este alma discursiva, los íntegros valores y la extrema sensibilidad que la campan, los que llevan al realizador francés a construir una película notablemente narrada y sobriamente realizada. En efecto, una película con alma a la que estamos todos invitados. Tanto quien cree, como quien no. 



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