Crónica Berlinale 2018: "Isla de Perros" el arte de los canes

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Berlinale 2018: "Isla de Perros" el arte de los canes

Tras inaugurar Cannes 2012 con "Moonrise Kingdom" (2012) y hacer lo propio en la Berlinale 2014 con "El Gran Hotel Budapest", Wes Anderson vuelve a ejercer de maestro de ceremonias para el festival teutón con "Isla de Perros". A camino entre el más entrañable divertimento y la artesanía artística más deleitable, esta claro que su cine lo tiene todo para inaugurar a lo grande. Valor seguro.

¿De qué va?

Megasaki ha entrado en pánico, una epidemia canina ha invadido la ciudad. El Alcalde toma la decisión de evacuar a todos los perros y trasladarles a una isla vertedero situada a las afueras. Chief, líder de la manada perruna, ha perdido toda esperanza de volver con sus dueños hasta que un día aparezca Atari Kobayashi, un niño de la ciudad que decidirá a toda costa buscar a su querida mascota contra todo pronóstico.

¿Quién está detrás?

"Isla de Perros" supone el primer film animado de stop-motion de Wes Anderson desde "Fantastic Mr. Fox" (2009), . 

¿Quién sale?

Además de unos perros maravillosamente elaborados, con todo lujo de detalles en sus gestos y movimientos (para quienes tenemos perros y sentimos pasión por ellos, supone todo un goce) las voces de los protagonistas serán interpretadas por Bryan Cranston, Tilda Swinton, Jeff Goldblum, Bob Balaban, Ken Watanabe, Frances McDormad, Edward Norton, Liev Schriber, Scarlett Johansson, Yoko Ono y como no, Bill Murray, entre otros, Tras su banda sonora, conformada sobre el retrueno de los tambores que ya resonaban en el cine de Akira Kurosawa, también encontramos a Alexandre Desplat, responsable de componer la música sus películas desde 2009, precisamente desde "Fantastic Mr. Fox".

¿Qué es?

Fue el propio Anderson quien declaró a comienzos de este año que la principal influencia de la película no son las películas de stop-motion, sino el cine de Akira Kurosawa y en algunos de los especiales de navidad como "Rudolph, el reno" o el "Dogs of Plague" de Martin Rosen. Su fila hacia la cultura japonesa es toda una evidencia.

¿Qué ofrece?

Hitchcock no solo desaconsejaba trabajar con niños (y con Charles Laughton), también metía al mejor amigo del hombre en el mismo saco. Por suerte, no siempre se debe hacer caso al genio y en ese sentido, para nuestro propio placer y regocijio, Wes Anderson ha decidido llevarle la contraria. Desde que Charlot sufriera una 'vida de perro' junto a su fiel Scraps, desde que Tim Burton resucitara a "Frankenweenie" y hasta que Kornel Mundruczó nos mostrara en "White God" esa suerte de cuento visionario y decididamente orwelliano sobre una especie (supuestamente) superior y sus congéneres caídos en desgracia (efectivamente, los perros) son muchas, y muy memorables, las películas caninas impresas en nuestra memoria cinéfila. Sin embargo, lejos quedan todas ellas de la sensibilidad artística y el talante orfebre con el que Wes Anderson ha elaborado su maravillosa "Isla de Perros". Si a ello atribuimos que probablemente estemos ante su película más socialmente comprometida, el combo perfecto es un hecho.

Una vez más, el director, ante todo artista en este caso, ha creado un universo meticulosamente detallado que funciona de acuerdo con sus propias leyes. Una fábula perruna entrañable donde las haya que revierte en virtud el carácter defectuoso que normalmente atribuimos a lo naif cuando hablamos de cine de autor. Porque a pesar de ser interpretable como metáfora política (los perros bien podrían ser refugiados, inmigrantes repudiados víctimas de un populismo desalmado, mientras que los jóvenes, revolucionarios innertes y maniatados), de incidir en la crueldad aliena de la monstruosa raza humana, de denunciar hasta que punto podemos llegar a ser capaces de convertir en implacables 'bestias' al ser vivo más fiel y noble del universo entero (no por casualidad, más bien por audaz ingenio, los perros no ladran pero si hablan, mientras que casi todo lo que los humanos dicen nos llega traducido porque resulta intelegible), "Isla de Perros" es ante todo un sublime divertimento, un prodigio artístico que  reivindica el trabajo manual sobre el tecnológico hasta el punto que incluso por momentos, supera ese embriagador troquelado artesanal que hizo de "Fantástico Sr. Fox" una incontestable obra maestra. Y es que uno siente que "Isla de Perros" es un elogio del stop-motion que trasciende la pantalla para abrazar el teatro de guiñol a través del minucioso ensamblaje simétrico de sus ya característicos tableaux vivants. Una obra única en su especie que reivindica el cine de animación como arte en su estado más puro, primigenio y absolutamente fascinante. Todo un deleite.



Avatar por defecto de un usuario no logueado
Los comentarios despectivos y los spoilers serán moderados. Si tienes cualquier problema escríbenos a contacto@filmin.es