Crónica Berlinale 2018: "Grass" coffee and cigarettes

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Berlinale 2018: "Grass" coffee and cigarettes

No podía faltar. La Berlinale 2017 nos presentó en Sección Oficial el retrato más autobiográficamente inmediato de la vida íntima de Hong Sang-soo, aquel que le ha llevado a estar sentimentalmente unido a su actriz protagonista Kim Min-hee en la vida real a día de hoy. "On the Beach at Night Alone" fue también, y de largo, la mejor de las tres películas que el maestro surcoreano estrenó a lo largo del pasado año. Era su sueño, una noche de invierno. Ahora ya despierto, Hong vuelve a contar con su musa y pareja para "Grass", película de apenas una hora de duración cuyo poso sin embargo, es sentidamente arduo. De hecho, uno tiene la sensación que desde su emparejamiento sentimental con la actriz surcoreana que ha conllevado a su vez, la asociación artística de ambos, estamos ante la versión más melancólica y trascendental de Hong.

¿De qué va?

Ua mujer se sienta en el córner de una cafetería a escribir en su ordenador. Lo hace para encontrar la inspiración en los diálogos que se suceden entre los personajes que regentan el establecimiento a su alrededor y transformarlos a su gusto para introducirse ella misma en la historia.

¿Quién está detrás?

"Grass" supone la primera película que el prolífico Hong Sang-soo presenta este año. Veremos si a final de curso son dos más (como el año pasado) o incluso cuatro.

¿Quién sale?

Protagonizada por Kim Min-hee, cuyo rostro será reconocible para muchos por su papel de ama en "La Doncella", aunque el dato clave yace en que la actriz surcoreana es además su pareja actual en la vida real. En el reparto también encontramos a sus habituales Jung Jinyoung, ("La caméra de Claire") o Ki Joobong ("The Day he Arrives").

¿Qué es?

El Hong más trascendental.

¿Qué ofrece?

Los personajes de "Grass" confluyen todos en un mismo café cuyo dueño, al que muchas veces se refieren pero nunca vemos, les permite traerse el alcohol de fuera (hablamos de soju, por supuesto) y beber en su establecimiento al son de un hilo musical en el que constantemente resuena la música clásica más reconocible y popular. Es la comparsa, irónica y jocosamente cómica, a su vez que melancólica, que orquestra el sinsabor de las relaciones sentimentales que une a sus personajes (todos ellos guionistas, actores o aspirantes a directores). Su incapacidad para saber amar, para mantener una fidelidad, y las funestas consecuencias de sus actos (entre los cuales el suicidio de terceros tiene un protagonismo clave) son su aflictivo nexo en común. Un sentimiento de frustrada soledad que tratan de neutralizar desde la unión a base de cigarros, de alcohol y ante todo, de la desesperada búsqueda de consolación. Ya sea desde la amistad, los anhelos de sexo o por supuesto, del amor. Es lo que nos lleva a interpretar, a tener prácticamente claro, que es el propio Hong quien regenta la cafetería  a modo de autoconsciente demiurgo (además de director) mientras que su musa trata de capturar, entender, imaginar y trasladar al papel, los sinsabores amorosos que ella misma de forma indirecta, y quienes le rodean de forma directa, padecen. Y es en este aspecto donde "Grass", película que en este caso no dinamita los tiempos y la narración como suele ser habitual en Hong, revienta la cuarta pared, donde identificamos su inconfundible sello metacinematográfico. Por lo demás, la vida sigue igual. Hong nos acaba de regalar otra pequeña gran genialidad.


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