Crónica Berlinale 2018: "Dovlatov" que difícil es ser un artista

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Berlinale 2018: "Dovlatov" que difícil es ser un artista

Aleksey German Jr., hijo del emblemático director de culto ruso, Aleksey German, quien nos dijo adiós, no sin dejar como legado su gran obra póstuma, además de maestra: "Qué Difícil es ser un Dios", irrumpió con fuerza en la Sección Oficial de la Berlinale 2015 con "Under Electric Clouds", una arrebatadora distopía futurista de gran poderío simbólico y metafórico. Algo así como un cruce entre Theo Angelopulos y Roy Andersson que funciona como el complemento perfecto para "Leviatan". Pues bien, tan solo tres años después ya podemos disfrutar de su nuevo film, "Dovlatov".

¿De qué va?

"Dovlatov" nos lleva al Leningrado de 1971 para relatarnos cuatro días de vida del famoso escritor Sergei Dovlatov.

¿Quién está detrás?

Aleksey German Jr., hijo del emblématico director de culto ruso, Aleksey German, quien nos dijo adiós, no sin dejar como legado su gran obra maestra: "Qué difícil es ser un Dios" (2013)

¿Quién sale?

"Dovlatov" es el actor serbio Milan Maric, a quien anteriormente hemos llegado a ver en "Humidity", estrenada en el Forum de la Berlinale 2016. Sin embargo, merece nombrar el nombre de todos aquellos que en "Dovlatov" salen, ya sea de forma física o referencial. De Brodsky a Brézhnev pasando por Stalin, Tolstoi, Kuznetsov, Dostoyevski, Navokov, Lenin, Gogol, Chekhov y hasta Kandisky, Kafka o incluso Pink Floyd

¿Qué es?

"Fahrenheit 451" bajo el tamiz soviético

¿Qué ofrece?

De tal padre, tal hijo. Aleksey German Jr. demostró tener la lección bien aprendida, y con su anterior "Under the electric clouds" rozó cima a través una distopía futurista de gran poderío simbólico y metafórico. Un monumental destilado del cine postapocaliptico que se suspendía y levitaba en el tiempo y el espacio, rompiendo toda lógica de las mismas, condensando ambas en una desolada Rusia, mostrándonos, más bien imaginado y ensoñando, que es lo que viene después de la destrucción, cuando ya ni tan siquiera queden ruinas, tampoco rastro alguna de la emblemática arquitectura de un país que representa tanto el pasado, como su presente y en este caso, su no futuro. Es decir, iba un paso más allá de la ciencia ficción apocalíptica para articular una reflexión tan arrebatadora como devastadora sobre el rumbo autodestructivo al que inevitablemente parecía estar abocada la sociedad y política rusa.

Pues bien, del futuro al pasado, de sus devastadoras consecuencias, a la semilla de la que éstas brotaron, el realizador ruso decide utilizar a uno de los grandes referentes de la literatura rusa del S. XX para mostrarnos como la alienación social y la inmolación cultural empezaban ya a dar sus primeros pasos con el opresor comunismo soviético. “Dovlatov” hace suyo el dicho “"No mostrar la realidad no va a proteger a ningún joven de nada, porque todos los problemas seguirán ahí" y demuestra tener claro que el arte es el agitador definitivo de conciencias, algo que como todos sabemos, no es plato de buen gusto para el poder de las élites. A la masa es mejor dejarla tranquila, en un estado catatónico en el que puedan seguir produciendo sin cuestionarse su realidad diaria. Es por ello que arte y censura, tristemente, han cruzado muchas veces sus caminos. Y aunque podamos creer que la prohibición es algo del pasado, de gobiernos más totalitarios, la cruda realidad es que siempre ha legislado, supuestamente para "proteger" las mentes de los ciudadanos. Y este contexto fue por supuesto el del Leningrado de los 70, allá donde “Dovlatov” nos lleva para rodearnos de personajes irreversiblemente hastiados por abatimiento existencial provocado por la imposibilidad de mantener su integridad artística, ética y moral. Mentes privilegiadas a las que se les impidió utilizar su principal arma, la publicación de su visión y en definitiva, la emancipación de la cultura, para evitar que despierten a la sociedad de ese inmóvil letargo. Aquello que pretendían comunicar, relatar y trasladar no existía para las autoridades soviéticas, es decir, les condenaban a la negación de la realidad, lo cual conllevó así mismo la anulación de su propia existencia no quedándoles otra salida que escudarse en el sinsentido de lo absurdo para al menos mantener los últimos resquicios de su firmeza.

Es el discurso sobre el que Aleksey German Jr. sustenta su sólido dispositivo narrativo y formal. Una suerte de desarrollo repetitivo y circular destinado a trasladar al espectador la propia pesadumbre y el mismo sinsabor que padecen sus principales protagonistas, atrapados en una espiral de desazón. “Dovlatov” es una película de discurso exigente y denso, que a pesar de dejarse llevar por alguna que otra fuga onírica inspiradamente cómica, no es accesible ni menos aún, de alcance popular. Esa neblina de la que ya se envolvía la fotografía de “Under Electric Clouds” vuelve a condensar una obra que no admite concesiones al espectador y cuya concepción ante todo resulta coherente respecto a su discurso y ambición.



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