Crónica Berlinale 2016: "A Lullaby to the Sorrowful Mystery" más allá del cine

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Berlinale 2016: "A Lullaby to the Sorrowful Mystery" más allá del cine

Una fascinante meditación antropológica de incalculable valor cinemático y humano que nos embarca en una apabullante odisea espiritual y filosófica a lo más profundo del alma y corazón de Filipinas. Es como de buenas a primeras podríamos resumir en tan solo una frase las ocho horas que duran la épica y colosal "A Lullaby to the Sorrowful Mystery" de Lav Díaz.

¿De qué va?

"A Lullaby to the Sorrowful Mystery" se sitúa en el periodo de la revolución de Filipinas para independizarse de España (1896-1897) interconectando diferentes hilos narrativos en los que aparece la historia de Filipinas, la mitología y la literatura.

¿Quién está detrás?

Con cuatro horas de duración, "Norte, the end of History" (Un Certain Regard en Cannes y Perla en San Sebastián) fue para todos aquellos que pudimos experimentarla, una de las mejores películas (si no la mejor) del 2013. Y lo mismo podríamos decir de "From what is Before" (Pardo de Oro en Locarno 2014), cinco horas de duración que, basándose en los trágicos acontecimientos y personajes de la vida real, y de la experiencia misma del propio director filipino Lav Díaz, le devolvía al blanco y negro y a la remota ruralidad. Y esto solo por mencionar sus dos últimas obras, porque la grandeza de su cine viene de lejos, en su totalidad, de 15 películones anteriores. Aunque probablemente ninguno de ellos le haya costado lo que "A Lullaby to the Sorrowful Mystery", un monumento en el que ha estado trabajando los últimos 17 años, es decir, desde el milenio pasado.

¿Qué es?

Una fascinante meditación antropológica de incalculable valor humano.

¿Qué ofrece?

Con sus 8 horas de duración, la monumental "A Lullaby to the Sorrowful Mystery" se adentra en la guerra de Independencia que enfrentó a los colonizados filipinos frente a los colonizadores españoles a finales del Siglo XIX, centrándose principalmente en la búsqueda de la verdad que atañe a la traumática muerte ¿asesinato? del comandante Andrés Bonifacio, cuya revolución Katipuniana acabó con más de 300 años de opresiva colonización española. Un funesto momento histórico, de importancia capital para el país filipino que, en manos de Lav Díaz, eleva el cine a una nueva dimensión, convirtiendo el medio en una inaudita crónica de la más profunda lucha humana partiendo desde la confrontación del pasado con el presente y proyectando una urgente inmediatez de los eventos históricos.

Por descontado que "A Lullaby to the Sorrowful Mystery" señala claramente quienes son los conquistadores y los conquistados, los abusadores y los abusados, así como libera a Filipinas de aquellos a quienes no les pertenece, es decir, de los españoles, por más que ese reflejo de nuestra existencia que siempre ha significado la historia así lo recuerde. Pero que nadie se equivoque, plasmando un exquisito empleo del blanco y negro, apoyada en un embriagador trabajo de sonido sensorialmente hablando, superlativo, y una cadencia en el desarrollo del relato de carácter abrumadoramente hipnótico, la nueva película de Lav Díaz se sitúa en las antípodas del didactismo exacerbado así como de la denuncia social o el simple revisionismo histórico para embarcarse (y embarcarnos con él) en una colosal odisea cinética, insondablemente filosófica y psicológica, que ante todo profundiza en el espíritu y alma de un país destruido, así como en la semilla de la que debe brotar su necesaria regeneración, su esperanzador nuevo germen. Y esa semilla no es otra que la reconstrucción de la memoria perdida (no por casualidad, todos los personajes principales de la película deambulan perdidos y a la deriva). Un celestial destino final al que llega exorcizando los estigmas que principalmente han sacudido su propio pueblo, aquellos que han provocado su ruina y destrucción partiendo desde dentro, mucho más que señalando simples culpables entre los colonizadores. El idealismo corrompido, la ausencia de valores (personales tanto como sociales) o la reivindicación de una base cultural demolida, son algunos de los principales agentes sobre los que, de forma tan poéticamente arrebatadora como discursivamente reveladora, la mercurial "A Lullaby to the Sorrowful Mystery" constela. Un viaje espiritual a lo más profundo del alma y corazón de Filipinas que, pese a no articular sorprendentes giros ni grandes acciones destacables, pese a dudar de ella durante prácticamente seis horas y media de metraje en los que de forma radical se suspende, en su definitivo tercer acto acaba por resultar inabarcablemente elegíaca. Y este es precisamente el momento en que nos damos cuenta que hemos recorrido el camino obligado y más coherente posible que una meditación tan humanamente sublime exige, aquel que está al alcance de unos pocos elegidos. Sin aparentes picos de grandeza finalmente uno se da cuenta que en si misma, "A Lullaby to the Sorrowful Mystery" es en su totalidad épicamente grandiosa. Una obra portentosa que va más allá del cine.

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