Balance Gijón 2011: Una portentosa edición para un festival ejemplar

Fuente: Joan Sala (filmin)

La 49 edición del FicXixón nos ha deparado, entre otras muchas alegrías, una de las secciones oficiales más competentes que recuerdo haber disfrutado en el circuito festivalero nacional de los últimos años. A uno le viene a la cabeza ese maravilloso 2007, año en el que Gijón nos brindó perlas del calado de "La Cuestión Humana," "Cargo 200," "Tout est pardonne," "El silencio antes de Bach," "Luz Silenciosa" o incluso, "Juno." Cuatro años han pasado desde que uno no recordara disfrutar de una terna de títulos tan heterogénea y estimulante en la sección oficial de un festival nacional. ¿Razones? Allá van 5.

1. LAS DOS GRANDES VENCEDORAS

Un palmarés tan reñido como coherente ha hecho justicia a una portentosa sección oficial en la que "Declaración de Guerra" y "El Estudiante" se han llevado el gato al agua con todo merecimiento. La ópera prima de Valerie Donzelli ha puesto de acuerdo a público y crítica con una propuesta voraz, con una sinergia ideal entre la fuerza emocional y la ligereza estilística: una mezcla que evoca el espíritu de François Truffaut en una nueva versión actualizada que tiene el mérito de evitar, de manera brillante, caer en el exceso dramático al que su argumento apunta propulsada por un estilo muy singular y lleno de espontaneidad que se proyecta a un ritmo trepidante. Razones más que suficientes para llevarse el Premio a la Mejor Película así como el Premio a la Mejor Interpretación para sus dos actores.

En cuanto a "El Estudiante," más de lo mismo. Unas interpretaciones llenas de naturalidad, unos ingeniosos diálogos dignos del mismísimo Aaron Sorkin, una trama deudora de la excelente tercera temporada de The Wire que funciona con la precisión de un reloj pero que te golpea en el momento más inesperado, una vertiginosa narración que no da respiro alguno y, sobre todo, una optimista visión hacia el papel que la juventud puede jugar respecto a nuestro desolador futuro político hacían de "El Estudiante" la gran revelación del festival y otra de las principales favoritas a no volverse de manos vacías a casa. Y así fue. Mejor Película, Mejor Guión y Premio del Jurado Joven para otra de las grandes revelaciones de la temporada.

2. DERIVA TEEN

Ha sido uno de los grandes temas del festival. El premio gordo, además del Premio al Mejor Director, sin duda, se lo llevan "Play" y su responsable Ruben Östlund. Una bomba incendiaria que atenta contra lo políticamente correcto mediante un inaudito y contundente poderío formal, urgando el dedo en la llaga de nuestra supuesta sociedad del bienestar y proyectando una ambiguedad moral que nos puede llevar a varias interpretaciones, abriendo un necesario debate a través de un enfrentamiento entre adolescentes que muchos, desde una perspectiva superficial, pueden verlo como un cara a cara entre blancos (los buenos) y negros (los malos). En nuestra opinión es, simple y llanamente, con el permiso de "Fausto" y "L'Apollonide" la gran película del festival.

"Les Geants," por su parte, se vuelve de manos vacías (por desgracia, no hay para todos) pero nos deja para el recuerdo un retrato sensible, lírico, bello y delicado, con entrañables explosiones de humor incluídas, sobre la deriva existencial que sufren tres adolescentes condenados por el abandono familiar. Todo ello da pie a un sugerente cruce entre el espíritu aventurero de Mark Twain y el desolador retrato social de Ken Loach, revelándose como una historia llena de picardía, notable por su bullicioso buen espíritu, un guión económico y excelentes interpretaciones. Un film de trasfondo devastador trasladado con gran tacto mediante una sonrisa. Una agradable sorpresa, vamos.

Más de lo mismo aunque con diferente registro en el caso de "Iceberg" de Gabriel Velázquez. Una Mención del Jurado para un drama minimalista y extremadamente austero sobre las primeras decisiones que marcan la adolescencia narrada apenas sin diálogos y en las que no interviene ningún adulto. Feísmo rural, vagas y nimias conversaciones y las escasas acciones que desencadenan cuatro adolescentes a la deriva son los únicos vehículos (palpables) con los que "Iceberg" traslada un devastador paisaje existencial juvenil a través de tres silenciosas historias.

Y el gran Premio FIPRESCI ha sido para un gran "Terri," un típico discurso indie trasladado de una forma sorprendentemente atípica en el que nos encontramos a un joven con claros problemas de obesidad, que, sin figuras parentales, vive con su trastornado tío y que padece en sus carnes una extrema alienación social. Lo suyo es deambular en pijama, sin motivación alguna, allá por donde pasa. Él es quien rechaza la sociedad y no la sociedad a él. No es el gañan de turno ni tampoco un friki de cuidado, es, simplemente, un personaje excelentemente caracterizado, cuyo ambiguo tratamiento sortea con gran atino el caer en todo posible cliché para dare forma a una comedia sobre el patetismo muchísmo más sutil que incendiaria. Algo así como la otra cara de la moneda del también estimable aunque extremo "Dark Horse" de Todd Solondz.

Sin premio se ha quedado aunque también pudiera haberlo merecido "The Forgiveness of Blood" de Joshua Marston. Una educación, un amor, una adolescencia e incluso una vida en familia condicionada por una obsoleta tradición que denuncia esta estupenda película, no desde el foco de la violencia, sino desde el aspecto social, mostrándonos las devastadoras consecuencias que una tradición ancestral  tiene para la vida cotidiana de una familia rural. Un perfecto ejemplo de que a veces, la ficción, puede retratar la realidad y hacernos reflexionar sobre ella mejor, incluso, que el propio documental.

En este sentido, no ha supuesto tanta sorpresa el tercer film de Mia Hansen-Love, un primer amor que la joven cineasta gala nos hace revivir mediante "Un amour de jeunesse," un relato fragil, tierno, delicado, envuelto en una frescura y una naturalidad que ya se han convertido, por derecho propio, en el inconfundible sello de la obra de la joven cineasta. La deriva en este caso, es simplemente amorosa. ¿Quién lo ha vivido? De la mano de Mia, no queda más que revivirlo.

Y fuera de la Sección Oficial también nos hemos encontrado con incontestables retratos sobre la deriva adolescente. Entre ellas, "Avé" del bulgaro Konstantin Bojanov, una tierna, muy humana e incluso (a ratos) divertida road movie que a pesar de su muchas virtudes (gran caracterización de dos adolescentes desarraigados, un terreno constantemente movedizo que impide el asentamiento de nuestros protagonistas, una soberbia fotografía y una virtuosa puesta en escena) adolece estar cortada por el mismo patrón al que muchas muestras de cine (humano) de autor nos tienen acostumbrados. Al igual que el "Submarine " de Richard Ayoade, una película atrapada en las sombras del cine que quiere imitar. Sus personajes centrales podrían proceder de una obra de Spike Jonze, los secundarios de una película de Wes Anderson. Menos divertida de lo esperado, menos emotiva de lo que su director querría, "Submarine" es una ópera prima estimable a la que las expectativas que rodearon su llegada han perjudicado.

No es el caso de la Mejor Película en Rellumes. Nos referimos a "Tomboy," una sutil carta de amor a la libertad infantil propulsada con la crisis de identidad que su joven y confundida protagonsita vive. ¿Niño o niña? una cuestión planteada de forma delicada y discreta, que confía mucho más en la observación de conductas, de gestos, de silencios, que en las palabras, y que, por fin comprende que los niños no están en el mundo para dar pie a reflexiones adultas. En resumidas cuéntas, un film que tranquilamente podría haber concursado en Sección Oficial. No es el caso de "Toomelah," una suerte de "Ballast" australiano cuyo dispositivo formal viene muy perjudicado por una pobre y sufrida austeridad digital, o, "17 Filles," un nuevo "Blog" a la francesa que carece de la innovación y el atrevimiento de la ópera prima de Elena Trapé. 

3. CINE EN TIEMPO DE CRISIS

Gran Premio del Jurado, "Take Shelter" es un thriller que huele a Hitchcock o incluso a Polanski, que repentinamente gira hacia un drama doméstico de tintes malickianos y que aún y así, nunca logra liberarse de una amenaza sobrenatural deudora del mejor Shyamalan (es decir, "El Protegido" y "El Incidente"). ¿Destino? Una atronadora metáfora sobre el sentir general de una sociedad fustigada por una crisis socio-económica devastadora que también llega a la América rural profunda. ¿que hacer ante semejante panorama? No queda otra, todos a cubierto.

No se ha llevado premio pero nos ha dejado grandes sensaciones una nueva y estremecedora reflexión social de Nicolas Klotz y Elisabeth Perceval que nos conecta directamente a "La cuestión humana" por más que su dispositivo formal (condicionado por su bajo presupuesto y el uso del digital) quede lejos de ella. Así es, "Low Life" vuelve a proporcionar cobijo (aunque sea cinematográfico) a los rechazados por nuestra sociedad, llevándonos al sin sentido de las leyes que rigen la inmigración en Francia y exponiéndolas como meras herramientas para aumentar el control social, llegando hasta tal punto que es capaz de condicionar nuestros sentimientos. Es el caso del romance que vive nuestra pareja protagonista. Se entregan el uno al otro pero una fuerza invisible plana sobre este amor, generando miedo, confusión e incluso muerte. Esta fuerza viene dada por un estado policial y un sinsentido político que provoca que la felicidad de nuestras vidas llegemos a limitarla a ese espacio cada vez más reducido que es el low life, dicho de otra forma, los pequeños momentos de alegría que nos pueden proporcionar breves situaciones como es el caso de un efímero pero intenso beso entre dos amantes.

De lo mismo habla pero de forma muy diferente "El Futuro" de Miranda July, un paso más allá de lo que su estimable ópera prima ya nos advertía. Entonces fue la lucha de la gente para relacionarse en miedo al aislamiento al que el mundo contemporáneo nos tiene condenados, ahora son nuestras preocupantes perspectivas de futuro que nos llevan a descubrir las diferentes formas en las que uno mismo puede perderse e incluso perder a los demás. Ambas marcadas por un toque fantástico que se atisbaba en "Tu, yo y todos los demás" y que emerge de lleno en "El Futuro," brillando con luz propia ese particular estilo tan cómico como absurdo y surrealista con el que solo ella es capaz de trasladarnos conflictos existenciales tan claves en nuestra vida.

Y como no, "Life without principle," o lo que es lo mismo, el particular "Margin Call" de Johnnie To, una sátira económica narrada con suma inteligencia que nos traslada el pánico financiero que se está viviendo en Hong Kong a lo largo de este siglo XIX y que se torna en una implacable mirada sobre los efectos que la obsesión monetaria hongkongesa puede acarrear a través de tres personajes cuyos destinos se unen en un día fatídico.

Finalmente, no podemos obviar el "Vol Special" de Fernand Melgar, quien parte desde un conflicto mil veces expuesto y mil veces denunciado en el cine de autor europeo pero consigue aportar una nueva mirada al conflicto y al sinsentido que hoy día rodea la inmigración en Europa, y en este preciso caso, a Suiza. Una película que para nada es otro documental más sobre la inmigración, si no, todo lo contrario. Novedoso y honesto en su tratamiento, "Vol Special" resulta un  toque de atención necesario y valioso para nuestra sociedad.

4. UN ABRUMADOR LEÓN DE ORO Y UNA GRAN SORPRESA

El "Fausto" de Aleksandr Sokurov ha birllado con luz propia.  El hambre, la lujuria o la avaricia son los pecados capitales con los que ya estábamos familiarizados a través de las muchas interpretaciones trasladadas sobre el histórico mito. No lo estábamos, sin embargo, con el estimulante juego de contrastes que Sokurov nos brinda al regalarnos una obra que resulta tan hermosa y contundente como degradante y bizarra. Cuerpos deformados, empapados por una atmósfera densa y húmeda que segrega un contínuo aroma putrefacto pero que te hipnotiza mediante un monumental rigor estético en el que un formato 4:3 luce sus mejores galas. El festival nos la presentaba como un menage a trois entre Murnau, Gilliam y Cronenberg y no podemos hacer más que confirmar esta comparación. Un repulsivo personaje mefistofélico deudor de Nosferatu, un humor grotesco que coquetea con el Gilliam más extremo y una decadente fisicidad propia del director canadiense confirman las ilustres referencias que, junto al pilar Sokurov y a su inconfundible carácter filosófico-existencial, dan pie a uno de los grandes títulos del FicXixón y por descontado, de todo el año. Bendito infierno.

Y como todo buen festival, no podía faltar la gran sorpresa. Y está no ha sido otra que "L'Apollonide" de Bertrand Bonello. Maltratada por gran parte de la crítica internacional desplazada en Cannes, el FICXixón le daba una merecida segunda oportunidad homenajeando a su director (otro de los grandes momentos fue el pase de "Le Pornograph") y programando su último film fuera de competición. Lo que nos encontramos es una de las mejores películas del festival. No hay discurso, no hay homenaje ni tampoco denuncia. Lo que si que hay es un retrato lleno de contrastes (tan degradante como glamourosa) envuelto en una transgresora esencia poética y un omnipresente lirismo cuyas cautivadoras pinceladas anacronicas (con momentos musicales que permaneceran eternamente en mi retina) y poderío sensorial hacen del film de Bertrand Bonello una incomparable experiencia cinematográfica . Y si no, que se lo pregunten un público entregado que llenó la sala y apludió a rabiar tras sus tres exitosos pases.

5. LARGA VIDA A UN GRAN FESTIVAL

Con una propuesta cinematográfica tan reveladora, coherente, concienciada y rica en contenido como cualquier festival de clase A, con una abrumadora afluencia de público gracias a un acercamiento al mismo completamente inaudito en el circuito fesitvalero (3,5 euros cuesta la entrada individual, 3 euros con bono), con un trato exquisito a la prensa desplazada (pocos festivales te reciben de forma tan acogedora y entrañable como lo hace Gijón), con una oferta de dinámicas actividades paralelas que mueve toda una ciudad (fiestas, coloquios, conciertos...etc), Gijón es, sin duda, el festival de cine independiente número 1 de España y uno de los más punteros de toda Europa. Razones, todas elllas, más que suficientes para que los dichosos recortes ni el estremecedor cambio de poder político afecte a una de las propuestas culturales más enriquecedoras que hoy día España nos puede ofrecer. Esperemos poder celebrar su 50 aniversario por todo lo alto el próximo año. De sobra, lo merece.

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