15 claves que quizá no conozcas sobre "El Acorazado Potemkin"

Autor: Manel Carrasco Fuente: Filmin

15 claves que quizá no conozcas sobre "El Acorazado Potemkin"

Cerrad los ojos. Pensad en una gran ciudad. Pensad en París. Muchos coincidiremos en una misma imagen mental: la Torre Eiffel. ¿Roma? El Coliseo. ¿Nueva York? La estatua de la libertad. ¿Barcelona? La Sagrada Familia (algunos dirán el Camp Nou). ¿Odesa? Unas escaleras. Nada más y nada menos. Hoy se cumplen 120 años del nacimiento del genio del montaje en el cine (tal y como bien nos recuerda el Doodle de Google). Fecha redonda a la que nosotros rendimos pleitesía con 15 claves que quizá no conozcas sobre su obra cumbre: "El Acorazado Potemkin".

Pocos lugares hay en el mundo que deban tanto a tan poco. Ciento veinte escalones. Siete minutos de escena. Una madre que sostiene a su hijo. Un carrito de bebé que baja traqueteando. Un pueblo que huye en tropel. Gritos, lamentos, gafas rotas, insignias zaristas. Y una hilera de soldados sin rostro, como en Los fusilamientos de Goya, que desciende inmisericorde y sordo. Pero hay más, mucho más: El acorazado Potemkin (1925) justifica por sí solo 117 años de cine. Pocos títulos hay que conserven su nervio narrativo y su potencial para emocionar al espectador 90 años después de su estreno. Pocos hay también, todo hay que decirlo, que representen mejor el uso de la propaganda elevada a las más altas cotas de excelencia artística. Una joya maniquea, concebida en los primeros tiempos del régimen soviético por un chaval de 26 años con un talento único. No en vano está considerada por muchos (y en muchas listas) como la mejor película de la historia. Nadie que ame el séptimo arte debería perdérsela. Hay una revolución rusa que asaltó el Palacio de Invierno, y otra que definió en 90 minutos de intensidad cinematográfica los fundamentos de un arte aún balbuceante. La primera derivó en una dictadura. La segunda nos ha traído hasta aquí, hasta el cine que conocemos y amamos. Y aunque parezca mentira, ambas revoluciones acabaron colisionando. Y al final lo que queda del Potemkin es un canto a la libertad y a la fraternidad frente a un régimen cruel y despótico… como el soviético. La propaganda de Eisenstein se tornó en cine crítico, tan incómodo que le acarreó muchos problemas con Stalin. Pero vayamos por partes, y a los que no la hayan visto, cuidado con los spóilers


1-Eisenstein en Odesa: En 1925, cuando sólo cuenta con 26 años,Sergéi M.Eisenstein (la M es de Mijáilovich) ha tenido tiempo de dirigir teatro, desencantarse de él, estrenar La huelga (1925), ganarse el respeto del mundo de la cultura y atraer la atención de las autoridades soviéticas. Casi nada. Con semejante recorrido, el joven director se embarca en un proyecto llamado 1905, que pretende retratar la oleada de manifestaciones y protestas que inundaron Rusia en dicho año, saludadas a menudo como un preludio de la revolución de 1917. El rodaje empieza en Leningrado, pero el mal tiempo obliga al equipo a modificar el plan previsto y trasladarse a Odesa. Y es allí, frente a la imponente visión de las escaleras, cuando Eisenstein decide tirar el guión por la borda y focalizar su atención en los hechos acaecidos en esa ciudad portuaria y, especialmente, a bordo del acorazado Potemkin. Para ello, emprende un minucioso trabajo de documentación, habla con supervivientes de la represión y se inspira en los dibujos realizados por un testigo francés. El joven genio observa, asimila e interpreta. Luego da rienda suelta a la ficción.

2-La escalinata: La escena de la matanza en la escalinata de Odesa es falsa. No hubo madre suplicante, ni niño pisoteado, ni mujer conciliadora, ni joven estudiante, ni carrito de bebé… Lo que no significa que el ejército ruso no masacrara la población de Odesa. Varios testigos de los hechos lo relataron en sus memorias, pero no hay evidencia histórica de que la escena que describe Eisenstein ocurriera en la realidad.Simplemente no fue en esas escaleras. De hecho, algunos de los acontecimientos de aquel día no están muy claros, pero la influencia de la película es tal que a menudo se da por bueno el relato cinematográfico.

3-Meyerhold: Pocas influencias tienen tanto calado en el primer Eisenstein como la ejercida por Vsevolod Emilílievich Meyerhold. Teórico teatral, director de escena y actor, Meyerhold es un impulsor del movimiento simbolista en Rusia cuyos trabajos marcan a toda una generación de creadores. Su teoría de la Biomecánica aplicada a la dirección de actores causa una profunda impresión en Eisenstein desde sus tiempos como director de teatro. La fuerza expresiva de sus actores en la pantalla es deudora de sus enseñanzas. En 1940, tras cerrarle el teatro, las autoridades soviéticas detienen a Meyerhold, lo torturan, lo obligan a retractarse de sus ideas y, finalmente, lo ejecutan ante un pelotón de fusilamiento.

4-El montaje: Las teorías sobre el uso enfático del montaje de Eisenstein se recogen por igual en sus escritos y en sus películas. Su “montaje intelectual” se basa en la yuxtaposición de dos ideas autónomas que, unidas, generan un tercer concepto en la mente del espectador. La fuerza de su mensaje a menudo nace de esta técnica. Es una constante en su cine, especialmente en su periodo mudo, más aún que el “montaje de atracciones”, donde apuesta por acercar el cine al circo y a las varietés. Puede sonar a exageración, pero cabe la posibilidad que Eisenstein sea el montador más importante de toda la historia del séptimo arte.

5-La influencia oriental: Eisenstein era director, montador, orador políglota… y un enamorado de la cultura japonesa. Su extraordinaria teoría del montaje intelectual se basa en la estructura de los ideogramas japoneses, donde dos caracteres se contraponen para crear un tercero.

6-La música de Meisel: Dmitri Shostakovich y Nikolaï Krioukovmusicaron el film de Eisenstein en sus diferentes versiones, pero puede que la más relevante sea la compuesta por Edmund Meisel. De hecho, fue la que escogió el joven director para estrenar El acorazado Potemkin… y también la más controvertida. Durante una representación en Londres Meisel se pasó tres pueblos a la hora de imponer un ritmo más ágil a su partitura, y el resultado provocó un estallido de carcajadas en la sala. Eisenstein canceló su colaboración con el compositor y tomó buena nota de un principio fundamental para el cine (y no digamos para el mudo): la música puede condicionar todo el conjunto.

7-El borsch: Una sopa de verduras originaria de Europa del este, de color rojo (por la gran cantidad de remolacha) y que puede llevar carne si se sirve caliente, o simplemente vegetales y zumo de limón si se come fría. Se acompaña a menudo de crema agria. Para su elaboración, se echan 400 gramos de carne en una olla llena de agua y se espera que alcance el punto de ebullición. Luego se añade cebolla picada en el caldo y se deja un par de horas a fuego lento. En un cazo se echa la remolacha y el tomate debidamente cortados y se dejan cocer a fuego lento durante una hora. Mientras tanto, en otro cazo salteamos durante quince minutos rodajas de cebolla y de zanahoria. Ponemos el caldo a hervir, echamos patatas y col (también troceadas) y esperamos cinco minutos. Añadimos el salteado, lo dejamos 10 minutos, vertemos la remolacha y dejamos que hierva 5 minutos más. Puede especiarse con sal, pimienta y ajo. Por este plato muere el marino Vakulinchuk, por la carne podrida del borsch estalla el motín del Potemkin.

8-El color de la bandera: Cuando la tripulación se amotina podemos ver una bandera blanca ondeando en el barco. Eisenstein opta por ese color para poder pintarla de rojo en posproducción, consciente de que en un film en blanco y negro cualquier otro tono (rojo incluido) se vería demasiado oscuro. Irónicamente, el rigor histórico exige que la bandera sea precisamente blanca, tal y como la vemos hoy en día, ya que ése era el color de las insignias zaristas.

9-El estudiante: En su búsqueda de testigos de los hechos de Odesa, Eisenstein da con Konstantin Feldman, que había participado en la huelga general y se encontraba en el acorazado en las horas finales de la revuelta. Feldman interpreta en la película al estudiante que agita las masas. Ni él podía saber hasta qué punto la película inmortalizaría su rostro. El problema es que Feldman era manchevique, y por lo tanto enemigo jurado del gobierno soviético. Murió en la década de los 30, en una de las purgas de Stalin.

10-El verdadero motín: La marina rusa lleva un buen mosqueo. La guerra contra el Japón por Corea y Manchuria está siendo un desastre. La tripulación duerme mal, trabaja mal, vive mal… y come mal. La carne agusanada es el colmo. Ante las protestas los oficiales amenazan con fusilamientos. Y ya la tenemos liada. Hay un tiroteo, varios muertos, una sublevación de marineros y soldados. El marinero Vakulenchuk es una de las víctimas. Hasta aquí, la secuencia de los hechos es muy parecida a la que describe Eisenstein, tanto que cuesta saber si la historiografía más o menos académica se ha visto contaminada por el recuerdo de la película. Los hechos difieren a continuación: la confusión reina a bordo. El acorazado llega a Odesa, que se encuentra en medio de una huelga general, pero sus marinos no desembarcan para ayudar a la población de la ciudad. Pese a ello, es cierto que los barcos del ejército ruso no abren fuego contra el acorazado. Tras zafarse de las iras del zar el Potemkin huye a Rumanía. Aquí Eisenstein no cuenta el destino de la tripulación, cuyo final carece de épica. El gobierno rumano sólo accede a acogerlos si devuelven el acorazado al zar. Muchos marineros no volverán a su casa hasta que estalle la revolución de 1917. Los que lo hacen son detenidos, juzgados y, a menudo, ejecutados. Un pequeño grupo huye a Argentina. El marinero Iván Beshov se instala en Irlanda. Murió en 1987 a los 102 años de edad. Era el último superviviente del acorazado Potemkin.

11-El acorazado (y Potemkin):Tras el motín, el acorazado es devuelto al zar por las autoridades rumanas. Consciente de su peso simbólico, el gobierno ruso cambia su nombre de inmediato por el de Panteleimón. En abril de 1917, en medio del caos prerrevolucionario, se rebautiza primero como Potemkin-Tavrícheski, y un mes más tarde como Borétszasvobodu (Luchador por la libertad). En 1918 los alemanes lo capturan y en 1919 cae en manos de los rusos zaristas. Ese mismo año, los ejércitos occidentales que dan apoyo a la monarquía hunden el barco ante el puerto de Sebastopol. Los bolcheviques lo reflotan, pero el daño es irreparable y acaba siendo desmantelado. El acorazado que vemos en la película es el DvenadstatApostolov(Los doce apóstoles). Por cierto, GrigoriPotiomkin (o Potemkin) era un militar y estadista ruso del siglo XVIII, amante de Catalina la Grande. Corre una leyenda sobre él que cuenta que en una inspección de la zarina para comprobar los progresos de la gestión de Potemkin en el campo, el avispado político engañó a su amada con pueblos de cartón piedra, campesinos actores, decorados imitando cultivos… Potemkin dirigió magistralmente el recorrido de Catalina para que no viera la falsedad de la puesta en escena. Como en una película.

12-Los gruppies de Eisenstein: Charles Chaplin y Billy Wilder consideraban que El acorazado Potemkin era su película favorita. Buñuel enloqueció el día que fue a verla. Steven Spielberg, Brian De Palma o Francis Ford Coppola han homenajeado la escena de la escalinata en sus películas. ¡Hasta Homer Simpson! ¡Y Leslie Nielsen!

13-Robin Hood en Rusia: El film de Eisenstein es la niña de los ojos del gobierno soviético. Su estreno coincide con el Robin Hood (1922) que protagoniza Douglas Fairbanks. A las autoridades rusas se les mete entre ceja y ceja establecer una competición en la taquilla con la película norteamericana, por aquello del orgullo nacional, ideológico, cultural y otras zarandajas. Ganan los yankees, pero por muy poco. Eisensteinrecibirá el reconocimiento de Fairbanks cuando lo visite, años más tarde, en Hollywood.

14-¡Censurado!: El film de Eisenstein las pasó canutas. Tras su estreno triunfal en la Unión Soviética desembarca en unos Estados Unidos poco receptivos. En Alemania sufre la censura de los momentos más violentos (no quiero ni pensar cómo quedó la secuencia de la escalinata), y posteriormente se prohíbe su difusión durante el nazismo. En Gran Bretaña y en Francia también acaba retirada de los cines; y en España, donde no se ve hasta la Segunda República (y no hace faltar decir lo que opinaba el franquismo de ella). ¡E incluso en la Unión Soviética! Tras la caída en desgracia de Liév Trotsky se suprime el parlamento introductorio que hizo en la versión original de la película. El delirio llega cuando las autoridades soviéticas dejan de hacer campaña por las deserciones en barcos de los países del bloque capitalista y el film llega a ser censurado totalmente por un breve lapso de tiempo.

15-Eisenstein, enemigo del pueblo: El estreno de El acorazado Potemkin es un éxito tan clamoroso para el joven Eisenstein que no es capaz de ver el chaparrón que se le viene encima. Octubre (1928), su siguiente trabajo, es un fracaso. Y lo mismo ocurre con Lo viejo y lo nuevo (1929). En Hollywood es muy apreciado, pero su militancia ideológica lo convierte en sospechoso y por extensión en un apestado. En México tiene abandonar el rodaje de ¡Que viva México! (1932) cuando lo tenía muy avanzado, y el montaje final ni siquiera es suyo (¡él, que era el genio del montaje!). Encima, su paso por los Estados Unidos hace que Stalin lo considere sospechoso (mira tú por dónde, lo mismo que hicieron los americanos) y censura sistemáticamente sus siguientes trabajos. Ni siquiera el proyecto de exaltación nacional que representa Alexander Nevsky (1938) aleja las sospechas de una administración paranoide, que le asigna un supervisor para que no le quite ojo. Hastiado, Eisenstein carga contra Stalin en Ivan el Terrible (1944) que logra el esperpento de recibir el premio Stalin y la censura total de sus dos secuelas. Eisenstein muere de un infarto en 1948.


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