Venecia 2010: "Post Mortem" fascina con una demente 'love story'

Fuente: filmin

Pablo Larrain y "Post Mortem" fueron junto a Kelly Reichardt y "Meek's Cutoff" los grandes protagonistas del día. Ambos films emparentados por silenciosos, desoladores, austeros y deprimentes relatos. Uno, mediante un sobrecogedor western de supervivencia ubicado en las montañas de Oregón en 1845, el otro, con Pinochet y el golpe de estado acaecido en 1973 como telón de fondo de una perturbadora, brutal, áspera y enfermiza 'love story' que ha fascinado tanto a la crítica nacional como internacional, situándose desde ya, en la privilegiada 'pole position' para llevarse algún galardón. San Sebastián y sus innovadores Horizontes Latinos esperan con los brazos abiertos.

Mario, de 55 años, trabaja pasando a máquina informes de autopsias en un depósito de cadáveres. En pleno golpe de estado chileno de 1973, él fantasea con su vecina Nancy, bailarina de cabaret, que desaparece misteriosamente el 11 de septiembre...Así da comienzo una devastadora mirada de horror maontonando sobre la pantalla "cadáveres, reales y figurados, al mismo ritmo que el silencio adquiere el poder destructivo de 435 bombas atómicas. En la mirada del protagonista no se libra batallas heroicas ni se encienden manifiestos, las cosas simplemente pasan como acostumbran a pasar las cosas. En silencio. En un silencio mortal." Así la define Luis Martínez en El Mundo, con la misma pasión y efusividad que lo hacen sus compañeros de otros medios:

Nando Salvá escribe en El Periódico "A menos que Tarantino y los suyos estén a por uvas, tampoco se irá de vacío Post mortem, historia de amor demente, perturbadora y bruta como ella sola, en la que el chileno Pablo Larraín vuelve a fijar su mirada en el golpe de estado de 1973. (...) Larraín nos zambulle impasible en lo más profundo del horror."

Por su parte Sergi Sánchez afirma en La Razón: "Post Mortem» no es una película abiertamente política, aunque todo lo que contribuye a hacerla inolvidable pertenezca a una forma de hacer cine que tiene algo de acto de resistencia. Es, en esencia, una película de terror, hosca, antipática y sórdida, sobre lo cerca que siempre hemos estado del fin de la civilización."

Luis Martínez añade en El Mundo que "la estrategia no es otra que desnudar la mirada de prejuicios, imágenes ya rituales e iconos para así alcanzar el verdadero significado de la voz del horror. (...) La cámara se detiene en la parte de atrás. Evita el rito para devolver la voz desnuda. Las esferas no hacen ruido y, qué cosas, eso permite que todo se escuche por primera vez. Magistral, turbia, necesaria."

Únicamente las voces de Carlos Boyero y Toni García se han apresurado desde El País a criticar y desmerecer la obra del chileno Larrain. Amobs coinciden en calificarla como "una obra nula, tediosa y falta de esencia"

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