Venecia 2010: Las dos caras de Vincent Gallo

Fuente: filmin

Es uno de nuestros actores preferidos, una fuente inagotable de noticias, es Vincent Gallo. Hace cuatro años le deseó un cáncer a uno de los críticos más famosos de Estados Unidos (Roger Ebert) tras insultar a media industria del cine. Hoy, el actor-director es noticia por ser (con el permiso de Joaquin Phoenix) el gran protagonista de la jornada en Venecia. Dos films que llevan su nombre se presentaban ayer en la Sección Ofical de la Mostra. Por un lado, como protagonista talibán de la ya destacada "Essential Killing" de Jerzy Skolimowski, por otro, "Promises written in water", film presentado en el más absoluto de los secretismos en el que además de dirigir, produce, protagoniza, monta y orquesta. ¿Resultado? Excelente como talibán, lamentable como 'arty'.

Rodada sin apenas diálogos, "Essential killing" cuenta la historia de un afgano capturado por las fuerzas americanas en Kabul y deportado a una desconocida aldea europea de la cual se las ingeniará para escapar. Sin embargo, acostumbrado a su desierto natal, se verá perdido y desorientado en un vasto bosque congelado en el cual se verá forzado a la supervivencia extrema viéndose obligado a asesinar a todo aquel que se le cruce en su camino.

La firma uno de los pocos directores que ha conseguido premios en los festivales de Berlín, Cannes y Venecia, uno de los grandes nombres del cine europeo al que muy pocos siguen recordando. Es (y sigue siendo) Jerzy Skolimowski, director polaco, habitual guionista del primer y mejor Polanski y responsable de aquella polémica, icónica, eterna "Deep End", rodada en 1970 y convertida en obra de indiscutible culto al narrar de forma fascinante una fábula de carácter muy cruel. Pues bien, el septuagenario realizador ha vuelto a al carga tras estar casi 20 años sin dirigir, y según parece lo ha hecho a lo grnade. Los principales medios nacionales no han tardado en encumbrar "Essential Killing" como una de las mejores películas vistas hasta el momento en la Mostra.

Según palabras de Nando Salvá en El Periódico: A lo largo de esta película casi estupenda -dichosos flashbacks-, Gallo no pronuncia una sola palabra. Su expresión de terror y desesperación cuando es atacado por perros, disparado por un helicóptero o aplastado por un árbol, o cuando empieza a matar, lo dicen todo. El tipo no es solo un lunático, también un gran actor.

Por su parte, Sergi Sánchez afirma en La Razón que "La sombra de Polanski ilumina la Mostra. (...) El que fuera guionista de "El cuchillo en el agua" parece que no ha perdido 48 años después la aspereza de su narración, El intérprete de "Tetro", una suerte de Klaus Kinski 2.0, se mueve como pez en el agua -o como lobo en la nieve, mejor dicho- en esta cinta que, por otro lado, conecta con el espíritu radical y turbador de los mejores títulos que el actor alemán hizo con Werner Herzog."

Luis Martínez en El Mundo coincide con sus compañeros al escribir: "De un virtuosismo exacerbado, el veterano cineasta acierta con la perfecta radiografía del nervio. Y sin más palabras que los jadeos de un ser humano convertido en bestia. La supervivencia es así. Y Gallo lo borda con sus retinas como navajas. Loco. Tan loco como el mismísimo príncipe Hamlet. Tan loco como la verdad enfrentada a su necesidad de ser proclamada."

Salvador Llopart en La Vanguardia también se muestra efusivo al comentar que "Essential Killing" es "una obra que vale la pena, y mucho. La gran película de la jornada. (...) no es un film político ni tan siquiera histórico. Es la mirada descarnada sobre un hombre en el límite, donde la naturaleza es un testigo cruel -e indiferente- de la peripecia humana."

La nota negativa la ponen Toni García y Carlos Boyero en El País. Ambos se muestran contrariados sin caer rendidos ante sus encantos: "Es una película espesa e inocua, con inútil vocación de originalidad en cada plano".

Tras mostrar la cara, toca la cruz. Hablamos de "Promises written in water", película que ha tenido el honor de desbancar al "Miral" de Schnabel como peor película del festival.  Rodada en 16 mm y en blanco y negro, el film de Gallo remonta los pasos tomados por un joven fotógrafo para realizar los deseos de una joven hermosa moribunda, incluyendo la adquisición de un trabajo en una funeraria para así él poder supervisar su incineración.Presentada con el más absoluto de los secretismos, el 'egotrip' de Vincent Gallo se presentó entre atronadores abucheos y espantadas masivas de la proyección. En este caso, consenso absoluto, un auténtico desastre.

Sergi Sánchez la califica en La Razón como "un Cassavetes de segunda regional, Gallo está convencido de su genio, pero aquí ha metido la pata: la melancolía de su cine anterior ha dejado paso a una pose errática con esta historia de amor rota en pedazos y filmada en blanco y negro y 16 mm".

Salvador Llopart declara en La Vanguardia que es "Una tomadura de pelo.(...) es un egotrip de Gallo, todo el tiempo en pantalla, en primerísimos primeros planos. (...)  Es Gallo el que más importa a Gallo. A los demás no mucho dada la huida de la sala y el gran abucheo final.

Por su parte Carlos Boyero se ensaña en El País con un film en el que "No hay argumento ni nada lógico, aunque se supone que el protagonista realiza algo tan concreto como maquillar cadáveres en una funeraria. (...) Hay que exigir responsabilidades a los organizadores por obligarnos a ser testigos del delirio sin gracia que se le ha ocurrido a un zumbado pretencioso, aunque esta película tampoco desentona con el aberrante nivel medio de la sección oficial"

Finalmente Nando Salvá de El Periódico, coincide con sus compañeros en destacar que "Buena parte de la película son solo una sucesión de planos de su rostro, mientras fuma, se levanta, se sienta o come una hamburguesa. Alguno dura casi 10 minutos. Más que para comprobar cuánto ha crecido su ego, verla no sirve para nada. Es una pérdida de tiempo.

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