"Un profeta" dice no a Hollywood
Este viernes 26 de Febrero por fin "Un profeta" estará entre nosotros. Sí, hablamos de ese thriller carcelario dirigido por Jacques Audiard que por unanimidad ha sido encumbrada como obra maestra por parte de la crítica internacional gracias a un apabullante vigor en la puesta en escena, a un verismo absorbente en la ambientación e interpretación y a una compleja elaboración argumental que la elevan muy por encima de buena parte de las muestras del género de los últimos veinte años. Pues bien, tras obtener el Gran Premio del Jurado en Cannes, Premio del Público en Sevilla, ser nominada a los Globos de Oro, ser nominada a los Oscar y ser, sobre todo, de esas pocas películas que ha logrado la difícil misión de aunar un éxito absoluto tanto de público como de crítica, como no, Hollywood ha echado ya sus redes sobre el director galo para realizar su propio remake americano. Propuesta a la que Audiard ha dicho no. Razones....sólo una.
"Si deseas rodar una película en un pais extranjero, primero y ante todo, debes conocer lo suficiente ese país, y no es mi caso con Estados Unidos."
Esta fue la respuesta de Audiard cuando se le preguntó sobre la posibilidad de rodar en el país americano. Réplica totalmente coherente, pero que lo es aún más atendiendo tanto a su última película como el completo de su obra.
"Un profeta" nos cuenta la historia de un árabe condenado a seis años de prisión. Malik El Djebena (Tahar Rahim) no sabe leer ni escribir. Cuando llega a la cárcel completamente sólo, parece más joven y frágil que los demás presos. Tiene 19 años. Arrinconado por el cabecilla de la banda de corsos que domina la prisión, le encomiendan una serie de “misiones” que debe cumplir para hacerse más fuerte y ganarse la confianza del líder. Pero Malik es valiente, aprende rápido, e incluso se atreve a hacer sus propios planes.
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El film es una mezcla de violencia sangrienta y de luchas internas, una contundente película sobre mafia de verdadero género cuyo interés principal no estriba precisamente en la acción o la violencia, sino en un aspecto tanto psicológico como argumental que nos ofrece una profunda reflexón acerca de la identidad, los problemas de educación, de inmigración y de sistemas penitenciarios. Los peronajes no responden a los arquetipos habituales en el cine comercial, y además, la película lo sabe colocar en situaciones anómalas, de las cuales sólo podemos salir reforzados simplemente porque nos hacen reflexionar. La carismática figura de Malik El Djebena, apodado por muchos el "Scarface" o incluso "El padrino" francés, funciona sobre todo como metáfora de la problematica inmigratoria y educacional que asola al país galo. En este sentido, "Un profeta" cambia "La clase" de Cantet por la cárcel de Audiard, pero sigue hablando de la misma problemática social.
Por ello, la reciente negativa del director francés a viajar a Hollywood no hace más que certificar que estamos ante un verdadero auteur. Un cineasta cuya cámara responde a inquietudes, tanto sociales como culturales o personales, y como él bien dice, volverá a ponerse tras ella cuando vea la necesidad. Hablamos de Jacques Audiard, sin duda alguna, uno de los máximos referentes del actual cine contemporáneo francés.
Soberbia y absorbente, junto a “La cinta blanca” de Michael Haneke, “Un profeta” es ya, la gran protagonista de este nuevo 2010.