Un aborto llamado Noah Baumbach

Fuente: Vlllage Voice

Tras su tibio paso por la Berlinale, esta semana se estrena en Estados Unidos “Greenberg”, la última película de uno de los directores más lúcidos de la escena indie norteamericana, Noah Baumbach. Y el pasado lunes se celebró el consiguiente pase de prensa. Pero esta vez la acogida no fue precisamente templada, sino que se desató la más encarnizada controversia. ¿Algo que ver con la película? Nada. El problema: Focus Films vetó el acceso al pre-estreno al veterano y lacerante crítico Armond White. En pocas horas, un exaltado e-mail anónimo rebotado a todo el gremio comparaba la actitud de los productores con la de los Nazis en relación a Armenia, a la vez que instaba a no redactar ninguna reseña sobre el filme para sumirlo en el olvido. Censura por omisión. Pero ¿por qué a White le prohibieron la entrada?

Leslee Dart, encaragada de la promoción de la película que protagonizan Ben Stiller y Jennifer Jason Leigh, comunicó que la decisión de retirar al crítico neoyorkino de la lista de estaba motivada por el ataque sistemático que éste le había profesado a Baumbach. White llegó a tachar al director de “gilipollas” en el último New York Film Festival. Y cuando le preguntaron si lo conocía personalmente, dijo: “No necesito conocerlo para saber eso (…) Viendo las películas de Noah Baumbach puedo comprobar que es realmente un gilipollas. Y se lo diría a la cara”. Armond White ha sido siempre profundamente hiriente en las reseñas de las anteriores películas del director de “Una historia de Brooklyn”. Su crítica de “Margot y la boda” tenía como titular “Auto-castigo” y en el interior del texto consideraba, en relación a los dos títulos mencionados, que “Ambas películas son repelentes en su mirada y en su personalidad. Pues retratan a la gente más detestable de Nueva York”. El Bollero español es abiertamente contrario al cine de Baumbach, pero ¿es razón suficiente como para censurar su voz?

 

 

Pocas horas después del famoso veto, un correo anónimo y absolutamente sensacionalista inundó la bandeja de entrada de los colegas críticos de la Gran Manzana. El texto arrancaba informando de los hechos y se refería a “Greenberg” como “esa absoluta obra maestra” en un tono abiertamente irónico. Tras varias dagas para Baumbach, como un “quizás deberías dedicarte a hacer mejores películas”, el anónimo instaba a no publicar ninguna mención sobre la película en los medios. Y en el caso de ser inexorable, animaba a “hacer referencia sobre las prácticas a lo Gestapo del distribuidor, del productor y del cineasta”. El mail, además, publicaba las direcciones físicas y electrónicas de James Schamus (presidente de Focus Films) y de Scott Rudin (productor de la cinta) para ser víctimas de un aluvión de quejas. Y, por último, reclamaba la libertad de expresión arrebatada con un panfletario “Arriba la Primera enmienda. Que jodan a los escritorzuelos sin talento”.

Y con la polémica se ha conocido que la tensión entre la víctima y el verdugo venía de lejos. Se trata de una cuestión de familia, sí. La madre del cineasta, la crítica cinematográfica Georgina Brown, había mantenido un pleito contra el afroamericano White al denunciarlo por unas declaraciones desafortunadas: él dijo en una entrevista radiofónica que ella era una mujer “racista y reaccionaria”. Además, con la controversia ha saltado a la luz la reseña que Armond realizó sobre “Mr. Jealousy”, segunda película de Baumbach, en su momento. El texto finaliza sugiriendo que tan mal filme se hubiera podido evitar con un aborto de Georgina a tiempo. Unas declaraciones que seguramente sobrepasan la línea de lo inoportuno para alcanzar lo inadmisible. El director de “Greenberg” ha declarado que este último punto es la verdadera razón de su enfrentamiento con Armond White. Así, Scott Rudin ha expresado que no deseaba que alguien que profesa tanta hostilidad hacia la madre del cineasta estuviera entre “los pocos afortunados” que pudieran disfrutar antes que nadie de la película. De ahí la decisión de Focus. Y lo único cierto es que, le pese a quien le pese, tanta polémica ha servido para contrarrestar el tímido recibimiento que Berlín tuvo con este título. ¿Habrá valido la pena?

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