"The king", notas del director James Marsh
En 2001 leí el guión de Monster’s Ball, coescrito por Milo Addica. Me pareció tan sorprendente y terrible que me dio la impresión de que un guión como ése no llegaría a rodarse nunca. Era demasiado oscuro, demasiado peligroso, tenía demasiados personajes negros. Quise escribir algo tan bueno como ese guión, así que intenté localizar a Milo, y después de varias llamadas telefónicas logré que se reuniera conmigo en un lugar de Texas. Siempre pensé que la historia de nuestra película debería estar ambientada ahí. Terminamos en Corpus Christi porque me gustaba el nombre y porque había visto imágenes casi góticas de las refinerías de petróleo recostadas contra una playa.
Durante esas conversaciones telefónicas, habíamos hablado de historias de la Biblia, cuentos de hadas y mitos, y descubrimos que a los dos nos fascinaban las películas con la estructura, los cambios y la crueldad que se encuentran en los cuentos clásicos. También hablamos de un antihéroe, un hijo pródigo, y Milo sugirió que fuera un joven que acabara de licenciarse de la Marina y que necesitara encontrar un hogar.
Antes de que Milo llegara a Corpus Christi, descubrí una localización poco conocida con el genuino aroma del mal, así que en cuanto lo recogí en el aeropuerto lo llevé hasta allí. Era un pantano rodeado de las torres de las refinerías de petróleo, infestado de mosquitos y plagado de casquillos de bala, ropa interior femenina y juguetes de niños. Aquella noche encontramos un animal peludo ensangrentado aproximadamente del tamaño de un perro pequeño sin cabeza ni patas. Obviamente, algún personaje de nuestra historia iba a terminar en este lugar dejado de la mano de Dios y no iba a ser nada agradable. En la versión final del guión, cumplía esa función, pero además se convertía para nuestro protagonista en una especie de Jardín del Edén y en un lugar de extraña belleza.
Tomamos como punto de partida esta localización y la vaga noción de un joven que se licencia de la Marina. Escribimos la primera versión del guión en Corpus, pero era tan espantosa que Milo la tiró a la basura cuando volvió a casa. Entonces empecé a darle vueltas a la idea de que ese joven volvía a casa y mataba al que había sido su mejor amigo desde la infancia. Milo sugirió algo mejor: fratricidio, la peor clase de asesinato, lo que suponía una vuelta a la Biblia: Caín y Abel.
Entonces empezó el trabajo. Nuestros personajes tenían que ser cristianos; el padre tenía que ser pastor religioso; el joven tenía que ser un bastardo que venía a reclamar sus derechos legítimos: un rey que llegaba para coronarse. ¿Y su reina? Podría ser que se enamorara de su hermana sin saber quién era ella: esas cosas siempre suceden en las leyendas. Y al final, nuestro antihéroe cometería un crimen horroroso pero pediría el perdón y la salvación de los cristianos, como dice la Biblia.
Influencias
En el cine de Estados Unidos hay una interesante tradición gótica con la que THE KING tiene una deuda. Los puntos clave de referencia, en mi opinión, se pueden encontrar en las películas que son el mejor ejemplo de esa tradición: La noche del cazador, Psicosis, Malas tierras y Terciopelo azul. El mundo en esas películas se presenta con un acentuado realismo... de lo cercano y familiar que se ha vuelto extraño y amenazador y caracterizado por un inquietante clima de ansiedad y violencia. Todas estas películas tienen un fuerte sentido de los elementos, del paisaje, del tiempo, del día y de la noche, preocupaciones estéticas que también son importantes en el aspecto visual de THE KING.
Otra cuestión que ha influido en gran medida sobre algunos de los temas tratados en THE KING, y que por lo tanto es relevante en su estilo y ejecución, es el trabajo de los directores que tienen un fuerte sentido de la religión y más concretamente de la fe religiosa. Entre ellos hay protestantes como Dreyer, Bergman y últimamente Lars Von Trier, que hace hincapié en la fe y el sufrimiento, y católicos como Buñuel, Bresson, Scorsese y Hitchcock, que se centran más en el ritual y en la culpa. Todos estos directores han presentado la religión como una fuerza vital en el mundo y han tomado la fe religiosa como un interesante punto de partida para historias dramáticas. Esto es lo que he intentado hacer en THE KING, consciente de que muchos estadounidenses confiesan su fe en Dios y que un considerable número de ellos comparten el punto de vista y las ideas de nuestros personajes.
Desde que el guión quedó acabado a principios del 2002, la película y los temas que trata parecen haberse convertido en más concretos y relevantes. Ahora, la religión desempeña un papel más significativo que nunca en la cultura política de la nación, y las decisiones fundamentadas en la fe, la oración y las nociones de la divina providencia y del perdón se han convertido en parte del discurso político.