Paseando a Mr. Kubrick
Nadie puede dudar a estas alturas de la vida que Stanley Kubrick es uno de los genios indiscutibles del séptimo arte. Artista polifacético, no había un género que se le resistiera: bélico, sátira política, ciencia ficción y hasta cine de tacitas. Su perfeccionismo compulsivo y uso obsesivo de los one point perspective llevaron a muchos de sus colegas de profesión a decir de él que era más máquina que hombre, ganándole una fama de persona esquiva y reservada. "Mi amigo Kubrick", uno de los cinco mejores documentales que ha dado el cine europeo este año, nos demuestra que Kubrick tenía mucho más de Wall-E que de HAL 9000. Y el encargado de desvelar esta cara oculta del director no es otro que Emilio D'Alessandro, eterno colaborador, chófer personal y el amigo más íntimo que tuvo nunca Kubrick. A través de 10 claves que podéis encontrar y expandir en el documental, descubrimos que la cara oculta y más humana de Stanley Kubrick.
1. El inicio de una gran amistad. En una de las noches más nevadas que Londres recuerda, nuestro héroe Emilio, ya una joven promesa de la Formula 3, recibe el encargo de transportar un paquete a las afueras de la ciudad. Poco sabía en ese momento que lo que iba a cargar en su maletero era el famosa estatua del falo que aparece en "La Naranja Mecánica". Gracias a esta gesta, Kubrick recuerda el nombre de Emilio y se encarga de recibirlo en su casa para ofrecerle un trabajo y la que acabaría siendo la amistad de su vida.
2. Emilio, solucionador de problemas. Al poco tiempo, Emilio asciende de chófer a asistente personal de Stanley Kubrick, encargándose de todas las superfluas tareas que el director no puede atender. Desde recoger la colada a preparar las comidas y medicamentos para los numerosos animales que poblaban la finca de Kubrick. Pero no solo eso, también debía encargarse del transporte de actores como Jack Nicholson o Ryan O'Neal, con el que acabó desarrollando una profunda amistad en los largos y tortuosos años de rodaje de "Barry Lyndon".
3. Jack Nicholson, eterno Don Juan. En los muchos paseos que Emilio tuvo que dar con Jack Nicholson, observó que el actor gozaba de una excelente promiscuidad sexual. Cada vez que veían por la ventanilla a una jovencita con falda, Emilio paraba el coche y Jack bajaba la ventanilla. En ese momento, entre el humo de los muchos porros que fumaba, emergía su cara como si jamás hubiese dejado al personaje de "Easy Ryder" para invitar a la chicas a salir. Emilio no tardó en cansarse de la situación y habló personalmente con Kubrick, que arregló las cosas enseguida para que Jack Nicholson tuviera otro chófer.
4. Las velas de Barry Lyndon. Una de las obras cumbres de Kubrick es famosa por su obsesivo tratamiento de la luz. Sin apenas utilizar luz eléctrica, Kubrick y su director de fotografía se las ingeniaron para iluminar la película principalmente con velas de cera. Esto provocó que tuvieran que superar, una vez más, la barrera de la técnica y se aliaran con la NASA para desarrollar unas lentes especiales que consiguieran capturar imagen bajo estas condiciones. El resultado quedó fuera de toda duda, la película era un lienzo en movimiento, una auténtica y absoluta obra de arte en la que Emilio tuvo su particular contribución. Fue el encargado de encontrar una fábrica que fuera capaz de producir velas de forma continua durante tres años. No en vano, "Barry Lyndon" es una de las películas con el rodaje más dilatado de la carrera de Kubrick: 350 días.
5. Stanley Kubrick, amigo de los animales. Puede que Kubrick no profesara una gran confianza en los seres humanos, tampoco es que nos lo hayamos merecido nunca, pero tenía un gran corazón con los animales, especialmente con los gatos. Todo ser vivo que caminara a cuatro patas y se cruzara en su camino, tenía un puesto asegurado en su finca familiar a las afueras de Londres. Gatos, perros y hasta un burro. El encargado de cuidarlos y llevarlos al veterinario siempre era Emilio, el único al que confiaba la tarea. 
6. Los padres de Stanley. En el rodaje de "El Resplandor", Kubrick invitó a sus padres al set, la recreación completa y funcional de un hotel del Medio Oeste Americano, la obra de un cineasta loco. El día que llegaron no sabía muy bien qué hacer con ellos, así que mandó al bueno de Emilio a que les diera conversación y les acomodara mientras preparaban la escena, que no era otra que la muerte por hacha a Hallorann en manos de un ya demente Jack Torrace. Tras rodar la escena, Stanley, reconvertido en niño, se acercó a Emilio con tono orgulloso para preguntarle si habían pasado miedo: "Para nada, Stanley, se lo han pasado muy bien".
7. Eyes Wide Shut. Tras cuatro películas y toda una vida a su disposición, Emilio decide marcharse a su tierra natal, Italia. Pero no tarda mucho en volver a los brazos de Kubrick. Y es que antes de irse, asistente y director ya habían empezado a trabajar en la que sería su última película, "Eyes Wide Shut", pero el proyecto quedó parado tras la marcha de Emilio. En una de sus visitas a Londres, Emilio le pregunta a Kubrick qué ha pasado con la película y éste le contesta: "No la he terminado aún. Si me dices que volverás, lo haré". Y el resto, es historia.
8. Un cameo muy especial. Para esta ocasión y celebrar su regreso, Kubrick decide meter, literalmente, a Emilio dentro de la película, proporcionándole una aparición estelar junto a Tom Cruise. Además, toda la familia D’Alessandro acaba en el metraje de una forma u otra, ya sea como extras o pequeños papeles. 
9. En lo bueno, y también en lo malo. Kubrick no solo pensaba en Emilio como un trabajador más de su plantilla, era su mano derecha y un amigo incansable. Cuando el mayor de los D’Alessandro tuvo un accidente automovilístico que le costó una pierna, Kubrick se involucró personal y económicamente en que tuviera la mejor asistencia posible que su fama y dinero pudieran conseguir, contratando a los mejores doctores y especialistas para salvar la vida del hijo de su amigo.
10. Emilio, el fan de Kubrick. A pesar de haber trabajado con él toda una vida, Emilio no había visto muchas de las películas de Kubrick porque le parecían demasiado largas. Además, el director siempre se empeñaba en preguntarle cómo veía a los actores que había elegido. "Emilio, ¿qué te parece Jack Nicholson". "Bueno, bien, Stanley, seguro que es muy bueno, ¿pero por qué no has escogido a Charles Bronson?". Y entonces, Stanley reía. Cuando en un momento de su vida le preguntó cuál de sus películas era su favorita, Emilio le contestó: "Espartaco". Kubrick, ligeramente decepcionado, bajó la cabeza y replicó: "¿Espartaco? No pienso mucho en ella".