Millennium 1

El nombre de Stieg Larsson trae a la mente casi de forma inevitable su obra póstuma, los tres títulos que conforman la trilogía Millennium. Esta asociación se produce desde hace aproximadamente un año, ya que fue en el mes de junio de 2008 cuando aterrizaba por primera vez en nuestro país, publicado por Destino, el libro titulado “Los hombres que no amaban a las mujeres”, traducción suavizada del original en el que “no amaban” era sustituido por “odian”. Nunca antes habíamos oído hablar de Larsson, pero las cifras de ventas que sus libros habían conseguido en Suecia -un país de 9 millones de habitantes, donde 4 millones podían presumir de tener un ejemplar en casa- precedían su fama. La dinámica se fue extendiendo por todo el viejo continente, acompañada, meses más tarde, de la edición del segundo título, “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina”. Según los datos facilitados por el Gremio de Libreros de Barcelona, las dos primeras obras de la trilogía de Larsson (las únicas publicadas en España hasta el momento) ocuparon el primer y segundo puesto en el ranking de los libros más vendidos durante la Diada de Sant Jordi. El fenómeno editorial a escala planetaria fue estudiado por la industria cinematográfica sueca, y la posibilidad de una adaptación al cine de la primera entrega no tardó en hacerse realidad. El objetivo era multiplicar los dividendos conseguidos por el libro: los fans del universo ideado por Larsson no podrían resistirse al reclamo, mientras que los que todavía no habían sido iniciados en su obra podían tener una magnífica oportunidad de hacerlo.

El próximo viernes 29 de mayo se estrena en España la versión cinematográfica de “Los hombres que no amaban a las mujeres", un acontecimiento que viene respaldado por los 10 millones de ejemplares que el libro lleva vendidos a fecha de hoy en el mundo, y también por el éxito que ha tenido la propuesta en los cines de Suecia y Dinamarca (su estreno simultáneo tuvo lugar el 27 de febrero). Para los que no estén familiarizados con el tema, se trata de un thriller protagonizado por un sagaz periodista y su joven ayudante, una hacker astuta con un look medio punk. El personaje masculino podría tener grandes paralelismos con el propio Larsson, mientras que el de ella parte de una reflexión que se hizo el escritor: ¿cómo sería Pipi Langstrum en la actualidad?

El argumento puede resumirse de la siguiente manera: él, periodista y alma de la revista Millennium, intenta salvar su carrera de una querella que le han interpuesto por difamación. Ella, investigadora privada e inadaptada social, tiene grandes habilidades con las herramientas informáticas. Los dos se unen para intentar resolver un caso relacionado con la desaparición de una adolescente que tuvo lugar veinticinco años atrás. La atmósfera criminal, un componente de denuncia de la doble moral que se esconde tras la modélica sociedad escandinava y, cómo no, un plantel de actores formados por algunos de los rostros más conocidos de las televisiones sueca y danesa son algunas de las claves de su éxito. Si se verá repetido o no aquí, lo sabremos en cuestión de semanas; Vértigo será la compañía encargada de distribuir este título en las salas.

Pero ahora volvamos a Larsson: el escritor falleció repentinamente en noviembre de 2004. Un infarto acabó con su vida cuando entraba en la redacción de la revista Expo, una publicación que él mismo había fundado y desde la que ejercía un periodismo de investigación, analizando los movimientos de los grupos de ultra derecha. Cuenta su viuda que ese día el ascensor de la finca no funcionaba, por lo que Stieg tuvo que subir a pie los siete pisos que le separaban de su mesa de trabajo. Poco tiempo después se producía el fallo cardíaco; no hubo nada que hacer…

Nueve meses había tardado en escribir cada una de las partes que integran Millennium; trabajar en sus novelas se había convertido en una afición que practicaba por las noches. En la soledad de la escritura reavivaba su pasión por el género negro –un amor heredado de sus lecturas favoritas- a la vez que volcaba en el texto su experiencia como periodista y su compromiso en contra del racismo o la violencia de género. Vivía modestamente en el piso de 50m2 que compartía con la mujer que nunca llegaría a convertirse en su esposa, a pesar de haber convivido con ella durante más de treinta años. Razones de peso había, y tenían que ver con la seguridad de ambos. Él investigaba a individuos peligrosos y su nombre no podía figurar asociado a una dirección, o al de otra persona… Stieg Larsson confiaba en el éxito de sus novelas, pero el destino quiso que no llegara a saborearlo. Ahora, los réditos por los derechos de sus obras han pasado a engrosar las cuentas bancarias de su padre y de su hermano, con quienes en vida compartió muy poco; nada fue a parar a su mujer (cosas de la ley, no estaban casados), ni a la lucha contra la violencia sexista… Ni siquiera a su revista, Expo.

TRÁILER "LOS HOMBRES QUE NO AMABAN A LAS MUJERES"


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