"Me habría encantado dirigir “Muhammad Ali, the Greatest."
Christian ha presentado su último documental, "La vida loca", en la sección Horizontes Latinos, del festival de San Sebastián 2008. Es el director, guionista y director de fotografía del film.1- ¿Cuáles fueron los títulos que marcaron tu infancia?
A nivel de documental, “Muhammad Ali, the Greatest”(1969) de William Klein.
Se trata de una pieza fascinante de “cinema verité”.
Klein comenzó a rodarlo con el primer combate contra Lifton y fue siguiendo a Ali, que en aquella época todavía se llamaba Cassius Clay, hasta el famoso combate contra Foreman. Fue un rodaje no permanente de unos 5 años.
Yo debía tener unos 18 o 19 años cuando lo vi en una pequeña sala francesa.
Me impactó mucho.
Tanto el descubrimiento del personaje, Ali es brutal, como también el contacto, la forma de rodar de Klein, que originalmente era fotógrafo como yo.
La estética de la cámara fue algo que me impresionó mucho. Me provocó muchas ganas de ponerme a trabajar en esto.
2- ¿Un director de documental al que admires?
William Klein como ya he explicado antes.
Frederick Wiseman que hace un trabajo increíble con su reflejo de la imagen de la sociedad americana.
Richard Leacock.
Todos estos hombres fueron parte muy importante en la creación del “cinema verité”.
Me impresionó mucho el documental codirigido por Leacock llamado “The Chair”.
En él se describen las últimas horas de un preso que va a ser electrocutado en la silla eléctrica.
Hay una cámara con el fiscal, otra con el abogado defensor y otra dentro de la cárcel.
Vemos como el defensor hace todo lo que puede para que le conmuten la pena en el último momento, mientras el fiscal hace todo lo contrario.
Se trata de un documento realmente increíble, además de ser una denuncia contra la pena de muerte.
Es en este tipo de situaciones donde creo que el documental tiene una gran fuerza.
3- ¿Una película que querrías haber firmado?
Me habría encantado dirigir “Muhammad Ali, the Greatest”.
Pasar varios meses con Muhammad Ali hubiese sido increíble. Mejor que con un actor.
También, y muy vinculada a mis inicios como fotoperiodista, “Apocalypse Now”.
Yo empecé mi carrera viendo fotografías de la guerra de Vietnam y me di cuenta de su fuerza, de cómo éstas pueden hacer cambiar lo que piensa la gente sobre algo.
Es un hecho que me impresionó y una de las causas más importantes para introducirme en la profesión de fotoperiodista.
“Apocalypse Now” es parte de esas imágenes.
Últimamente me interesa mucho el trabajo de Iñárritu.
De la misma forma me interesa Soderbergh y su película “Traffic”.
Son este tipo de historias cruzadas las que me gustan y me inspiraron para rodar “La vida loca”.
4- ¿Un plano que siempre recuerdes?
En “Apocalypse Now”, cuando Martin Sheen va subiendo por el río, buscando a Marlon Brando, mientras suena “Jumping Jack Flash” de los Rolling.
5- ¿Hay alguna novela que querrías adaptar?
No precisamente.
Últimamente estoy leyendo libros de una autor salvadoreño que se llama Horacio Castellanos Moya.
Se trata de novelas cortas pero muy fuertes.
Últimamente he leído la más famosa, “El asco”.
Se trata de una fotografía de la sociedad salvadoreña. Porque yo vivo allí, en El Salvador y lógicamente, esa sociedad es mi primera preocupación.
Me gusta mucho como narra, pero creo que sería muy difícil adaptarlo en imágenes.
He decidido rodar mi primera ficción, pero escrita por mí, desde un relato de pandillas que me contó un sujeto que conocí, que realmente tiene una trayectoria acojonante.
Es una historia que tiene todas las características para poderse convertir en una película.
Se trata de un hombre que durante el día es payaso para niños, y que por la noche forma parte de una pandilla, donde tiene que matar y hacer todo ese tipo de cosas. Es una especie de “Dr. Jekyll y Mr. Hyde”.
Actualmente está en la cárcel cumpliendo una condena de 70 años.
Así que mi nuevo proyecto consistirá en ir a verle, escucharle, y de ahí intentar sacar un relato interesante.
6- ¿35mm o rodaje digital?
Lo que me interesa es el contenido de lo que se rueda.
No me importa el soporte en el que se haga.
7- ¿Cuál es la escena de tu filmografía que más te ha costado filmar?
En “La vida loca”, la muerte de la Wizar.
Se trata de un personaje de la película a quien le tenía mucho cariño y con quien mantenía una relación casi paternal.Era una relación muy fuerte.
Una chica totalmente perdida pero al mismo tiempo de una violencia tremenda.
Filmar su muerte fue algo muy, muy difícil.
8- ¿Un consejo para alguien que quiere dirigir documentales o que está a punto de hacerlo?
Lo más importante es que el documental no es objetivo, no es periodismo, es defender un punto de vista bien preciso.
Antes de empezar, esa persona debe saber exactamente lo que quiere decir, lo que quiere mostrar.
Cuando lo tienes, la filmación se convierte en algo fácil y la edición todavía más.
Porque si sólo tienes una buena historia, llegas allí y empiezas a llenar cintas y más cintas, cuando llegas a la edición es una locura total.
Y está comprobado que salvo algunas excepciones, nunca suele dar buenos resultados.
9- ¿Crees que hay alguna solución para que el cine independiente sea visto por más gente?
Espero que haya alguna solución.
Realmente es algo tremendo.
Me he dado cuenta de ello con esta película.
Se trata de un film bastante fuerte, es violento pero sin mostrar violencia.
Pero claro, es una historia que muestra la muerte casi en directo de personajes reales, no de actores interpretando su muerte.
Así que en estos momentos tengo un gran problema para distribuir la película. No encontramos distribuidores que se atrevan a sacarla.
El pretexto es que no quieren molestar a la gente y eso me parece algo tremendo.
¿Qué vamos a hacer? ¿Sólo mostrar películas de Walt Disney en todas las salas europeas?
El camino es muy complicado.
Primero tienes que encontrar un productor que quiera producir un largometraje documental, algo no demasiado fácil, luego conseguir un distribuidor y finalmente, convencer a las salas de exhibición para que la proyecten y la mantengan el tiempo necesario para que la gente se entere y pueda acudir a verla.
En Francia hay un caso bien conocido: “La pesadilla de Darwin”, un documental que comenzó siendo proyectado en unas pocas salas de París, gracias a los esfuerzos del productor y distribuidor, que se mantuvo en cartel gracias también al apoyo de los exhibidores y que al cabo de seis meses consiguió que la prensa se interesara por ella.
Pues gracias a todo ello y al boca oreja, consiguió vender 800.000 entradas en toda Francia.
Todo ello demuestra que efectivamente, el documental puede tener su sitio, eso sí, si se le deja respirar.
Hay otro gran problema y es que muchos distribuidores y dueños de salas, no son capaces de analizar lo que están viendo.
Quiero decir, que cuando después de la proyección de mi película para la prensa, he charlado con ellos, te das cuenta de que tienen la capacidad de análisis sobre el material que han visto y que a ellos les funciona.
Mientras que los otros, siguen sin darse cuenta de que sí existe un público para el film. Es muy peligroso cuando los distribuidores y exhibidores se convierten en censores de un cierto cine.
Encuentro lógico que todos ellos se ganen la vida con las películas de Tom Cruise o Angelina Jolie, pero creo que deberían dar un poco de espacio y soporte a otro tipo de cine.
El cine no debería ser sólo cosa de dinero.
10- ¿La revolución digital nos permitirá ver más y mejores películas o simplemente nos dejará aturdidos?
Creo que estamos en una mezcla de las dos situaciones.
Yo he podido hacer mi película gracias a poder acceder a una cámara HD. Y hoy tenemos una copia en 35 milímetros y Dolby 5.1.
Esto es algo extraordinario para el mundo del documental.
Pero al mismo tiempo, es la puerta abierta a cualquier cosa, todo el mundo puede comprar una cámara y empezar a rodar.
Está bien! Muy bien! Porque abre el acceso a todo el mundo.
Pero creo que ahí es muy importante el trabajo del productor.
La diferencia entre producir algo “bueno” y algo “malo”.
11- Y por último, ¿son útiles las escuelas de cine?
Cuando llegué a mi bachillerato, elegí el científico porque era la única forma de presentarme a un concurso que me abría las puertas de la escuela Louis Lumière de Francia, para hacer fotografía y cine.
Cuando estaba a punto de acabar el bachillerato, me di cuenta de que de los tres años de estudios en la Lumière, iba a pasar dos años de teoría y sólo uno de práctica.
También me explicaron que había física y química, materias que no me interesaban para nada.
Así que abandoné la opción de entrar en la escuela de cine.
Creo que las cosas han cambiado desde entonces.
Ahora si existen escuelas de cine interesantes: La Femise en Francia o la ESCAC en España.
Aunque yo aprendí como asistente, pienso que las escuelas son necesarias.