Los enemigos de Amenábar
Jordi Costa, uno de los críticos titulares de El País y colaborador de Fotogramas, es el autor del controvertido comic "Mis problemas con Amenábar" (Ed. Glenat), una historia de odio sin amor en la que Costa se enfrenta al director de "Mar adentro" y lo hace con toda la crudeza del mundo, enfangándose, trapos sucios, limpios o por lavar quedan expuestos en un comic que está levantando ampollas en la industria pues no sólo aparece Amenábar; Álex de la Iglesia, Gerardo Herrero o Pedro Almodóvar también son objeto de comentarios nada elogiosos y sí muy sarcásticos de un crítico que ha decidido tirarse a la piscina sabiendo que en ella encontrará de todo menos agua.
El dibujante Darío Adanti y el crítico de cine Jordi Costa lanzan un ataque frontal, despiadado y muy divertido, contra la figura de Alejandro Amenábar y su obra, a través del repaso de los encuentros del crítico y el director en diferentes festivales y un detallado análisis de su filmografía. Como reconoce el propio Jordi Costa en el prólogo del cómic: “Amenábar es una punta de iceberg, el pretexto para explicar algo más grande. El director de Tesis responde a la definición de monstruo que formula, por ejemplo, una película como La bestia del reino de Terry Gilliam: una creación colectiva orientada a impulsar y mantener un determinado status quo. Y ese estado de la cuestión es el auténtico tema de Mis problemas con Amenábar, la forja, consagración y propagación vírica de un modelo cinematográfico basado en el simulacro de talento, la competencia técnica y la asfixia de lo dionisiaco. O sea que este acto impropio de un crítico de cine –atacar de frente a un emblema de lo irreprochable y reconocer, para más inri, que lo suyo es personal– no deja de ser, en el fondo, una prolongación de su oficio como crítico de cine.”
“Las opiniones más consensuadas sobre Amenábar son, esencialmente, dos: a) es muy buen chico y b) su genio es irrefutable. Por tanto, dedicar cuarenta y cuatro páginas de historieta al escarnio de su figura está condenado a ser un acto tan impopular como propinarle una bofetada, porque sí, a un niño escogido al azar en un parque infantil”. Jordi Costa
