"Las muñecas rusas", notas y conversación con el director Cédric Klapish

Tras el estreno de Una casa de locos, dije que no quería hacer una segunda parte. Me llevó tiempo darme cuenta de que podía ser una buena idea. Creo que la buena química entre los actores me hizo recapacitar. Quería volver a trabajar con Romain Duris, Audry Tautou, Cécile de France, Kelly Reilly y Kevin Bishop. Asimismo, quería volver a sentir el placer de rodar como en Una casa de locos, un sentimiento que no había experimentado nunca. Puede que me diera miedo sentir tanto placer ya que creía que sin sufrimiento no se podía lograr un producto de calidad.

¿Cómo fue concebido el proyecto de Muñecas rusas?

En el rodaje de Una casa de locos descubrí que no tenía por qué ser así, y que cuanto más se disfruta, más calidad se obtiene. Por eso, mi objetivo fue que tanto los actores como los técnicos del equipo lo pasaran lo mejor posible. Al mismo tiempo, quería redescubrir un estilo que me diera libertad para narrar una historia. Es decir, seguir el estilo libre de Xavier, por el que se puede contar una historia sobre la marcha: “Recuerdo que... no, en realidad...” Y seis meses después del estreno de Una casa de locos, decidí rodar la secuela porque la película no había terminado del todo. Se podían seguir contando cosas, pero me daba miedo no estar a la altura de la primera parte. Pero comprendí que podía profundizar en la historia y que merecía la pena hacerlo.

¿Cuándo ideó el argumento?

La idea surgió durante la promoción de Una casa de locos en San Petersburgo. Era la tercera vez que visitaba a la ciudad y me enamoré de ella. Bruno Levy y yo pensamos que si hacíamos una segunda parte, podría desarrollarse en San Petersburgo. Fue entonces cuando presenciamos un suceso que influyó bastante en la película. Estuvimos presentes en una boda, el novio, totalmente borracho, se desplomó en el cuarto de baño del restaurante, mientras que la novia le esperaba a que saliera. Bruno y yo pensamos que sería divertido que William se casara en Rusia. Todo encajaba: la ciudad, la boda... A eso le añadimos que Xavier ha cumplido treinta años, y es un hombre soltero que busca a la mujer de su vida y que tiene problemas laborales. Nuestra experiencia personal en San Petersburgo me inspiró para rodar esta segunda parte.

Una casa de locos es una película que trata el periodo de la post-adolescencia encarnada en unos jóvenes que descubren la vida durante la beca Erasmus en la ciudad de Barcelona. En Las Muñecas rusas, se hacen un poco más responsables... ¿Qué es lo que quiere contar?

Los personajes son jóvenes adultos de 26 a 30 años. Todavía tienen mucho que aprender, pero se encuentran en esa etapa de la vida en la que a uno le preocupa ganar dinero, encontrar un puesto de trabajo y por supuesto, encontrar a la persona ideal con quien compartir tu vida... El tema principal de la película es el amor.

Se podría decir que el tema principal es las relaciones de pareja...

Sí, las relaciones amorosas y de pareja. La película trata de hasta qué punto en una pareja no tiene por qué haber amor, y que el amor no se tiene por qué dar en pareja. Intento hablar de todo lo que eso supone.

Como en Una casa de locos, la historia se centra en el personaje de Xavier. A pesar de empezar a vivir de lo que escribe, no está atravesando un buen momento...

Los personajes de Una casa de locos, están marcados por lo que han vivido y lógicamente la experiencia del Erasmus es uno de los aspectos importantes. Pero un momento decisivo para ellos es el final de los estudios, cuando se dan cuenta de que no tienen por qué trabajar aplicando lo que han estudiado. Cuando se cumplen los sueños se puede decir que uno salva su vida. En Una casa de locos, mi visión sobre los sueños era positiva. Traté de decirle al público: “No te dejes influir por todo lo negativo que escuchas a tu alrededor, vive tus sueños y consigue hacerlos realidad”. Pero a continuación pensé que debía decir lo contrario en Las Muñecas rusas. De hecho, en la vida se pueden tomar dos actitudes: soñar y dejar de soñar. En cierto sentido, crecer es dejar de soñar. Por otra parte, también es importante no abandonar totalmente los sueños porque si no uno envejece antes de tiempo. Sin embargo, hay que ser consciente de las posibilidades que se tienen en la vida. El sueño de Xavier era escribir pero no tiene por qué resultar siempre fácil e ideal. Mi propósito era expresar todo eso de la forma más sincera posible.

La vida sentimental de Xavier tampoco está muy clara. Necesita tiempo para estabilizarse...

Sí, pero está evolucionando. Dado que el objetivo de la película era hablar sobre el amor, era importante hablar del amor en la vida moderna. Hay una especie de mentira aceptada sobre este asunto. Pocas personas, hombres o mujeres, admitirían que han salido con varias personas a lo largo de su vida. Pero es algo muy común. En la actualidad hay que reconocer que no esperamos “al hombre o a la mujer de nuestra vida”. La idea de un solo amor no es la misma que la de la literatura romántica, y por tanto, si aceptamos que vivimos varias historias a lo largo de la vida, es difícil ser romántico. Me pareció importante preguntarme “¿cómo puede uno enamorarse varias veces en la vida?” Al principio de la película, Xavier está hecho un lío, pero al mismo tiempo representa a todas esas personas que buscan a su media naranja. Pocos son los que la encuentran a la primera... Al final, la película de Truffaut que más me inspiró para crear Las Muñecas rusas, fue “L’Homme qui aimait les femmes” (El amante del amor). Truffaut presenta de forma extraordinaria a un hombre que puede ir de mujer en mujer sin ser el típico macho, ni un Don Juan, en el sentido de conquistador. Xavier tiene un poco que ver con “L’Homme qui aimait les femmes” (El amante del amor).

¿Aparte de esta película tiene algún otro proyecto en mente?

No. Desde que hice Cada uno busca su gato, comprendí que no era como Hitchcock, que tenía algo en mente e intentaba ponerlo en práctica durante el rodaje. Para mí el rodaje es un tiempo de investigación, y yo investigo hasta el último segundo del proceso de creación. Sólo al final descubro cómo es la película que he creado. Es entonces cuando descubro lo que tenía en mente y comprendo los vagos conceptos y los objetos imaginarios que se han hecho realidad. Soy un director que dirige después de crear.

La mayoría de los actores de Una casa de locos se han convertido en estrellas... ¿Ha evolucionado su forma de actuar?

Romain, Audrey, Cecile y Kelly no eran estrellas cuando rodamos Una casa de locos. Su estatus ha cambiado, pero también han cambiado como personas, su forma de interpretar también ha madurado. Todos han trabajado con otros directores, han hecho grandes películas... y ahora tienen una vida diferente. Por ejemplo, Audrey Tautou ha cambiado como persona y como actriz... Al principio, en Una casa de locos, Cécile tenía problemas con el personaje de Isabelle, sin embargo, ahora lo borda... He visto a pocos actores actuar de esa manera. Con intérpretes como ellos, el director se encuentra al volante de un coche de carreras, no se puede predecir qué va a ocurrir.

Conoce bien a Romain Duris, desde que trabajó con usted en Le péril jeune y otras películas. ¿Todavía consigue sorprenderle?

Sí, y cada vez me sorprende más. Y creo que me ha sorprendido más en esta película que en Le péril jeune. En aquella cinta todavía no era un actor de verdad, sólo era un chico con un talento natural. Yo simplemente me dedicaba a grabarle. Romain llevaba la interpretación en los genes. Bruno Levy y yo descubrimos a una persona con dotes naturales para la interpretación. En Cada uno busca su gato pensaba: “También es buen actor”; en Peut-être pensé: “Es muy bueno”, y en Una casa de locos su personaje era muy diferente a lo que había interpretado hasta entonces y me di cuenta de que se había convertido en un actor muy profesional, más de lo que yo podría haber imaginado jamás. En Las Muñecas rusas, la calidad de su interpretación es aún mayor. Después de trabajar junto a Jacques Audiard en el papel de Arsène Lupin, ha adquirido un saber hacer increíble, una profesionalidad asombrosa. Lo mejor de Romain es que la profesionalidad no ahoga a la espontaneidad, su gran virtud. El saber hacer no ha hecho desaparecer la naturalidad. Además, hay algo entre nosotros, una forma de comunicarnos, que no tengo con ninguna otra persona. Existe tanta complicidad entre nosotros que sabe qué quiero decir antes de que termine la frase.

El rodaje tuvo lugar en París, Londres y San Petersburgo. Todo esto multiplica los problemas porque en cada ciudad el equipo hablaba en un idioma diferente...

Siempre supe que para dirigir bien, el actor tiene que dejarse llevar, no tener puntos de referencia, porque el objetivo es llevarle a donde el director quiere, no dejar que se aferre a sus ideas ni a sus hábitos. Hay que ayudarles a descubrir lo que no conocen, y para eso tienen que dejarse llevar.

Me habían enseñado que eso es lo que hay que hacer para dirigir actores, pero no lo había comprobado por mí mismo. De hecho, creo que en todas mis películas soy yo el que se deja llevar. Siempre intento sorprenderme escogiendo un tema muy diferente al anterior. En este caso, para sorprenderme no fuimos a rodar lejos, y con tanto cambio de idiomas había veces que incluso no sabía dónde estaba. Creo que el mundo en el que vivimos es muy complejo, y yo intento reflejar esta complejidad. Y la consecuencia es que el personaje de Xavier está hecho un lío.

El hecho de rodar en tres ciudades diferentes (París, Londres y San Petersburgo) no fue fácil, sobre todo en Rusia porque tuvimos que utilizar intérpretes. En la escena que se desarrolla en la cocina donde había actores rusos e ingleses junto a Romain, se produjeron problemas de comunicación entre ellos y hubo que recurrir a intérpretes. El guión tenía que estar muy bien definido, y les prohibí improvisar porque de lo contrario ninguno podría seguirlo. Casi me vuelvo loco. Imagínese, una vez Romain me preguntó: “¿Qué le dijiste a Kelly en inglés cuando el traductor ruso le dijo lo que quería hacer en ruso?”



¿Por qué se llama Las Muñecas rusas?

Era el título perfecto. Quería que tuviera relación con Una casa de locos, además es una expresión que incluye el nombre de un país. Al principio de la película, Xavier dice: “Escribir es organizar la vida”. Cuando se escriben historias, se utilizan cuadros para organizar las ideas. Como escritor, Xavier busca las mejores ideas y la mujer de su vida. El organizar los cuadros, unos dentro de otros ayuda a ordenar los sentimientos. Al final de la película, dice que las mujeres que ha conocido son como muñecas rusas. Debe de haber una muñequita escondida en uno de esos cuadros de ideas, y esa es a la que está buscando.

Todos los actores están de acuerdo en que se podría hacer una tercera parte...
¡Es bueno saberlo con tiempo!

¿Y usted?
Yo estoy también de acuerdo por las siguientes razones: Una casa de locos tiene un principio y un fin y no estaba seguro de que hubiera que llegar hasta el final. Pero ahora he superado esa duda y por qué no, puede que haga una secuela dentro de cinco o diez años para comprobar el efecto del tiempo. Pero es algo en lo que no voy a pensar ahora mismo.

 

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