"La viuda de Saint-Pierre", Juliette Binoche sobre Patrice Lecont
Me acuerdo de haberlo leído en un avión y que me interesé inmediatamente por una historia, simple en apariencia, pero en realidad muy compleja. La película suscita preguntas que nos planteamos continuamente. Preguntas sobre la responsabilidad de algunas leyes. ¿Quién decide sobre la vida o la muerte de un hombre? ¿De dónde vienen estos poderes? Mi compasión innata hacia el hombre me hace insoportable la idea de la existencia de la pena de muerte. Medidas de prisión y psicoterapias para remediar lo que es, en cierto sentido, la consecuencia de las enfermedades de nuestra sociedad, me parecen métodos más humanos y abiertos que una condena a muerte.
Usted encarna a mujeres apasionadas. ¿Cómo elige sus películas?
Lo primero es que el tema me apasione. Que tenga llamas, fuego, dudas. Que despierte mi imaginación y mis sentidos. Como cuando se calientan moléculas, empiezan a vibrar en todos los sentidos. Este hormigueo de vibraciones, de emociones es lo que tengo que sentir con la lectura de un guión. Si no, se convierte en algo pesado, y siempre hay que partir con pie ligero, sobre todo si el tema es fuerte, pasional.
¿Es necesario olvidar a la actriz y ser simplemente lectora?
Es inseparable. El proyecto tiene que conquistar totalmente a la lectora y a la actriz. Mi experiencia pasada, mi presente, mi futuro cercano están en la misma persona formada por la actriz, la mujer, la madre, la niña o la potencial abuela. El punto de vista de la actriz está relacionado con la percepción de la puesta en escena. Es importante poder imaginar la forma en la que se contará la historia. Tener esta percepción de la proyección de un proyecto es necesaria para “el artista” cuando debe entrar en una obra, va hacia algo que le supera.
¿Cuáles fueron sus primeras impresiones con la lectura del guión de La Veuve de Saint-Pierre?
Muy positivas.
Es interesante, la película se desarrolla en otra época, y usted habla de ella de una forma muy contemporánea.
¡Mientras haya hombres, habrá estos temas! A no ser que nos transformemos milagrosamente en ángeles ... El hombre evoluciona tan lento.
¿Quién es la señora La?
Le va muy bien su nombre. Para mí, no es “Señora la Capitana”, es Señora “là”, que en francés quiere decir “ahí”, es, por tanto, señora “ahí”. Ella está ahí. Tiene ese punto de presente, esa voluntad de poder transformarlo todo, ahí, en ese momento. Su educación, sus orígenes “familia importante” no le impiden rebelarse contra las convenciones. Ella es así, no es algo premeditado, la supera. Esto es lo que me gusta de este personaje. Es una mujer positiva, a pesar de todo lo que le pasa ... Ahora me dirá, “siempre interpreta a mujeres trágicas”, claro que no, interpreto a mujeres que se resisten a la tragedia, incluso si están totalmente inmersas en una. Es en la adversidad donde la Señora La mide sus fuerzas. Está en su lugar de mujer del capitán, pero tiene que salirse de él cuando se trata de cambiar la mentalidad de los demás, los juicios rápidos o los prejuicios hacia un hombre. Si hay redención, hay esperanza.
La señora La es una especie de heroína anónima, una de esas mujeres cuyo nombre nunca aparecerá en los libros de historia, y sin embargo...
Es el destino de muchas mujeres... Sobre todo en esta época. En el colegio, nos hablan de muy pocas mujeres famosas, George Sand, Marie Curie... Y sin embargo, estas “heroínas de lo cotidiano” son numerosas. Zola habla de ellas en L’Oeuvre, describe a la mujer que posa para el artista, que gana dinero para alimentar al hombre, que se ocupa de los niños... Estas mujeres dan vida al artista, son los cimientos. Si no existiese esa piedra, no habría ni 3º ni 20º piso.
La película, es la historia de una pasión amorosa. Una pareja va hasta el final de su destino.
La fuerza de su amor los une hasta el final. Como Romeo y Julieta, hay un aspecto “cueste lo que cueste, iremos hasta el final, incluso si...” Un aspecto “¡todo saldrá bien!”
El capitán actúa con un cierto fatalismo. La señora La actúa con fuerza y determinación.
Sí. Camina contra corriente. El capitán está como separado de su cuerpo, ve todo lo que le pasa. Sabe que va a chocar contra un muro y sigue hasta el final, llevado por el amor por su mujer. Ella también irá hasta el final, llevada por su sentido de la justicia y de la redención, y por un sentimiento amoroso hacia su marido.
Es en pareja como afrontan la opinión pública y desafían a las autoridades. ¡Ellos, son todos para dos y dos para todos! Es una bella historia de amor.
La Señora La se compadece de un hombre que no es de su rango, Neel, un marginado de la sociedad. Yo veo ante todo al hombre, poco importa que sea de una u otra condición. Cuando alguien sufre, es este sufrimiento lo que importa. Es lo que ve la Señora La. No hay barreras a este nivel. El hecho de que no haya podido tener hijos refuerza su deseo de ocuparse de este hombre.
De golpe, se convierte en responsable de alguien. Se dedica a salvarlo, como uno se dedica a un hijo. Aparece esa idea de “¡yo lo salvaré!”
¿Su atracción por Neel va más allá de la pura apetencia sensual?
Sí, para mí, hay un sentimiento mucho más profundo. Tiene que ver con la vida de un hombre y su futuro. En el pueblo, la gente piensa, sin ninguna duda, que hay algo entre Neel y la Señora La; claro que hay una atracción entre ellos pero esta mujer está locamente enamorada de su marido. Para salvar a Neel, actúa en función de sus posibilidades, trata de convencer a la gente... A menudo, las grandes hazañas se realizan con pequeñas cosas. Aquí, sus actos ponen en tela de juicio a las leyes francesas, al Estado Francés. Acuérdese de la joven mujer negra que, durante la segregación se negó a levantarse para dejar su sitio a los Blancos, luego las cosas cambiaron, se produjo el efecto bola de nieve. Es un poco esa idea, resistir contra una idea establecida, preguntarse si es justo o no, “¿es una injusticia o no?”
La Señora La pide el perdón para este hombre.
Todas las dudas están ahí. “¿Un hombre tiene derecho a una segunda oportunidad o no?” Es también una cuestión de cultura. En Camboya, que conozco un poco, a pesar de todo lo que haya pasado, se perdona más fácilmente, se puede volver a empezar, tener una segunda oportunidad, renacer. En Occidente, una vez que la vida se ha roto, es difícil recuperarse de una fractura.
Su personaje plantea una de las reflexiones esenciales de la película. “Nunca se es el mismo, se haga lo que se haga. Los hombres cambian, de eso estoy segura”, dice la Señora La.
Es difícil cambiar, lleva mucho tiempo. ¿Qué es lo que uno puede cambiar de uno mismo? No sé si existe una respuesta... Se puede plantear la pregunta de manera distinta, a medida que el tiempo pasa... Es intentar cambiar.
Ya es un comienzo. “Se condena a un hombre y es a otro al que se castiga”, dice también la Señora La.
Es siempre el problema del juicio. Nunca se debería juzgar al individuo puesto que el hombre evoluciona continuamente. No se ha terminado de emitir una sentencia sobre alguien, cuando, ya, es otro. Es el problema de nuestro espíritu judeo-cristiano, están el bien y el mal colocados en casillas, todo se juzga, se clasifica. Pero poner todo eso en tela de juicio...
Es más cómodo ejecutar a un culpable.
Claro que sí, es muy bueno para la mente, quita culpabilidad. Aunque no para la Señora La. Al contrario, el hecho de que haya un culpable y de que esté en la cárcel la hace culpable. Ella no soporta ver a este hombre encerrado en un calabozo. Trabajando en la redención de este hombre, se libera también a sí misma. Neel se convierte en su espejo interior. Una parte de ella está encerrada, como él. Es una gran compasión. Es algo que puedo sentir con fuerza.
La película aborda también la noción de culpabilidad.
Una de las cosas que me ha interesado del argumento de esta película, es la relación que se puede entablar con organizaciones benéficas. Este entusiasmo por ayudar a los demás, que yo entiendo totalmente – he ayudado en una asociación - responde también a la necesidad de quitarnos las culpas de nuestros excesos, de nuestra obsesión por sacar beneficio. Estas acciones individuales, necesarias, puesto que la política no las lleva a cabo, no son más que gotas, pero ¡el mar está hecho de gotas de agua! Durante el rodaje, uno de los dirigentes de la asociación fue acusado de tener negocios sucios. Este asunto me desorientó totalmente. Me dije que este tipo de organizaciones era un lugar formidable para las personas que aprovecharse de los buenos pensamientos, de los más necesitados, de los niños, de los huérfanos en países con dificultades. De repente, era casi una ironía interpretar ese papel. Esta historia me hizo reflexionar sobre el argumento de la película. No hay que engañarse, las buenas acciones o los buenos pensamientos no son siempre lo que creemos.
¿Cómo ha enfocado su personaje?
Acababa de terminar una película que se desarrollaba en 1830, así pues me fue bastante fácil proyectarme a 1850, ¡empiezo a acostumbrarme al suplicio del corsé! La Señora La es un personaje distinto, como George Sand, o la joven de Hussard sur le toit. Encontraba también muy interesante que esta mujer que avanza, sin reparar en obstáculos, para intentar cambiar la condición humana, procediera de una cierta clase social. Los burgueses sólo se ocupan de los burgueses y los proletarios sólo trabajan para los proletarios.
La película empieza con un lento travelling sobre la Señora La, parece que usted va cargada con una historia inexpresable...
Está frente a su destino, le han arrancado a sus dos hombres, al igual que ella misma, también se les ha arrancado. Aparece el dolor y al mismo tiempo una pregunta: “¿Por qué tengo que asumir este papel?” Pero ella sabe que no habría podido hacerlo de otra forma, es su papel. La Señora La está entre la certeza y la duda perpetua. Esta certeza, esta fe no tiene nada que ver con la religión. Es algo que está por encima de nosotros, que nos empuja y nos hace actuar y reaccionar. Es una convicción más allá del entendimiento. Me gusta mucho la réplica de la Señora La, “¡Déjeme en paz con su bondad!” porque no es una mujer buena, es una mujer que necesita justicia, justicia humana. No la que nos hace no sentirnos culpables.
¿Esta definición del personaje era una base de trabajo para prepararse a entrar en este personaje?
Sí, ¡primero era estar “ahí”! El hecho de que ella no pueda tener hijos es también una base importante para construir a este personaje. Esta mujer, sin ataduras, se proyecta en su marido. También he empollado un poco sobre Saint-Pierre y Miquelon, porque me gusta mucho este tipo de investigación, pero esta película no me pedía una preparación muy documentada. Hemos rodado con mucho frío, a –30ºC, me preguntaba, sobre todo, cómo actuar con la cara helada, cómo decir el texto cuando no se pueden mover los labios... ¡Cómo calentarme para estar presente! ¡Todos los del equipo estaban tan abrigados que los reconocía a uno por el anorak rojo, a otro por la bufanda amarilla!
Ha tenido muchas citas fallidas con Daniel Auteuil, y por fin se han reunido.
Nos conocíamos un poco ya que habíamos tenido otros proyectos e iniciado una película juntos. Había un cierto toque de humor en lo de nuestros destinos que se cruzaban y que no estaban mucho tiempo juntos. Patrice Leconte pone, de entrada, buen humor en el plató con su energía y su forma de ser, rápida y alegre, tiene un punto lúdico que se refleja en todo el mundo.
Como Daniel no es una persona a la que le guste demasiado estar serio, el ambiente era agradable.
¿Cómo trabaja usted con actores tan diferentes como Daniel Auteuil y Emir Kusturica?
Daniel es un hombre al que le gustan mucho las mujeres. Por esto, es muy generoso, muy paciente y cariñoso. Al principio en los planos y contraplanos, Emir me enseñaba a veces los gestos que tenía que hacer. La puesta en escena le encanta. ¡Pensaba dirigirme a Neel y tenía a Emir en frente! Por otra parte, disfruta interpretando, y eso se nota en la película. Él es formidable.
¿Cómo dirige Patrice Leconte a sus actores?
Trabaja con rapidez, directo al grano. A veces, me gusta pararme en los detalles... Él, se ocupa de las grandes líneas. Va rápidamente a lo esencial, lo que hace que el rodaje sea muy eficaz y agradable.